Los informes opacos

viernes, 31 de diciembre de 2010

MÉXICO, D.F., 29 de diciembre (apro).- Es común que a fin de año las instituciones hagan balances e informes de lo que realizaron a lo largo de los meses. En ese tenor las instancias culturales difunden ya boletines informativos en los cuales dan cuenta de las principales acciones del año o exaltan y recuerdan los objetivos que se han propuesto realizar las autoridades.

Pero en los corrillos de los reporteros que cubren esas fuentes culturales es cada vez más fuerte la convicción de que, en el fondo, es más lo que ocultan estos informes que lo que dan a conocer. Para muestra un botón:

El Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) emitió un comunicado en el cual, en la moda periodística de ciertos diarios de omitir de las frases los artículos, indica: “Intensifica INBA acciones para control de patrimonio artístico”, y enseguida enumera la restauración de un total de 2 mil 764 metros cuadrados de obra mural y la puesta en marcha de dos nuevos mecanismos para el registro y control del patrimonio artístico mueble.

Entre los murales intervenidos por el Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (Cencrapam), mencionan El hombre en llamas, en la cúpula del Hospicio Cabañas, en Guadalajara, Jalisco, y Alegoría de México, en Jiquilpan, Michoacán, hechos por José Clemente Orozco, así como Capilla Riveriana, en Chapingo, Estado de México; El origen de la vida, en el Cárcamo de Dolores, ubicado en la Segunda Sección del Bosque de Chapultepec, ambos de Diego Rivera.

Según el comunicado, la titular del INBA, Teresa Vicencio Álvarez, informó en una reunión de cultura realizada en Guadalajara, que varios de los trabajos se hicieron en coordinación con los gobiernos estatales, y el Instituto “contribuyó con los dictaminadores especializados, sueldo de los restauradores de base, la coordinación y supervisión del proyecto”.

Los restauradores de base han denunciado que en algunos proyectos fueron y son desplazados por empresas privadas y quedan sin laborar, siendo que tienen, efectivamente, un sueldo de base. Tal es el caso de la cortina de cristal y el vitral de la cúpula, ambos en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes. Esto es algo de lo que no se aclara ni se especifica en ninguno de los recuentos oficiales de fin de año:

¿Por qué se contrata a empresas privadas cuando Bellas Artes cuenta con un área de restauración, cuánto se paga a esas empresas, cuáles son esas empresas, a quiénes pertenecen? Incluso sería necesario dejar bien claro que no tienen alguna relación de parentesco o amistad con los funcionarios que los contratan; si se somete a una licitación, la obra no es por asignación directa. Si se restauran “2 mil 764 metros cuadrados de mural”, ¿a qué murales corresponden específicamente, cuántos y cuáles no han podido ser intervenidos?

En fin, que la lista de interrogantes en este caso es muy larga y nada se informa de ello.

Mucho presumen las instituciones de contar con una página web de “transparencia”, de informar en sus propios portales sobre muchas de sus acciones, pero navegar por ellas a veces se convierte en algo peor que navegar en un verdadero mar en medio de la tormenta: un mundo de información más inútil que útil. E igualmente solicitar algunos datos a las instancias de transparencia se convierte en un largo y tortuoso peregrinar, que no siempre arroja los resultados que se esperaban.

Que el INBA sea quien destaque sus propias acciones en materia de protección y preservación del patrimonio artístico y cultural, resulta un contrasentido y tal vez hasta un despropósito justo en este momento en que se le cuestiona en muchos medios la “destrucción” --así lo dicen los especialistas-- del estilo arquitectónico que distinguía a la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes, en aras de modernizar su maquinaria teatral.

Hace más de una década, cuando Rafael Tovar y de Teresa presidía el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, se supo de un proyecto de renovación para el Centro Cultural del Bosque. Ante la falta de información oficial comenzó a publicarse en los medios lo que cada reportero podía conseguir pescando de aquí y de allá, hasta que el funcionario tomó la decisión de enfrentar en una rueda de prensa los cuestionamientos.

Esa mínima disposición a que obligan las vigentes leyes de transparencia y rendición de cuentas, no se ven todavía en los funcionarios actuales.