"Baile primero y algún día le pagaremos"

lunes, 1 de febrero de 2010

MÉXICO, DF, 27 de enero (apro).- La compañía de danza-teatro Cirko de Mente entró en crisis. Uno de sus integrantes fue atropellado y hubo la necesidad de cubrir los gastos de hospitalización y de una cirugía de urgencia. El monto fue de tal magnitud que se quedaron sin fondos. El actor-bailarín requiere una larga rehabilitación y estará incapacitado para trabajar, cuando menos, durante tres meses.

El problema de descapitalizarse como compañía no hubiese sido tan grave si no se hubiesen juntado las variables siguientes: los hechos sucedieron al final del año, obtener funciones es una posibilidad bastante limitada en la época decembrina, y la retención injustificada de sus honorarios por parte de la Secretaría de Cultura del Distrito Federal (SCGDF).

“Estoy más que agobiada --señala Andrea Peláez a Apro--. Desde el 2005 hemos venido trabajando con la Secretaría de Cultura capitalina en diversos proyectos; de entonces a la fecha hemos sido testigos del deterioro que esta institución ha sufrido en cuanto a las condiciones de contratación y liberación de recursos para los artistas, llegando a niveles insostenibles.”

En marzo del 2009, el Cirko de Mente fue contratado para realizar un espectáculo circense de apertura para el evento Espacio 2009 (realizado conjuntamente entre la Secretaría de Cultura y Grupo Televisa SA).

Con el pretexto de que la institución no contaba con los recursos económicos suficientes para dar paso a la firma de contrato, Peláez apunta:

“Se nos solicitó que lleváramos a cabo el evento con la observación de que, en cuanto fuera posible, se llevaría a cabo la firma del convenio y el pago por los servicios ofrecidos.

“Una vez transcurridos tres meses y dado que no recibimos notificación alguna acerca del estado del trámite para nuestro contrato y pago, nos dirigimos al área administrativa de la secretaría, en donde no obtuvimos ninguna información, motivo por el cual recurrimos a la intervención de Elena Cepeda de León, a cargo de la dependencia, de quien hasta la fecha no hemos recibido ninguna respuesta”.

La agrupación se movilizó en el mes de noviembre, recurriendo incluso al jefe de gobierno capitalino Marcelo Ebrard; al presidente del consejo de administración de Grupo Televisa, Emilio Azcárraga-Jean, y a la Tesorería General. Como resultado se les solicitó la firma de un contrato bajo condiciones distintas a las establecidas inicialmente.

“Nueve meses después de haber efectuado el espectáculo y de haber soportado la extrema burocracia de esta institución, así como la falta de compromiso por parte de distintos funcionarios --como es el caso de Enrique Miramontes, director ejecutivo de Administración de la Secretaría de Cultura, quien firmó de puño y letra una carta responsiva en la cual se comprometía a efectuar el pago antes del 15 de diciembre, así como de René Cervera García, jefe de la oficina del Jefe de Gobierno y quien aprobó que se llevara a cabo la contratación de Cirko de Mente, a pesar de no contar con los recursos para este evento--, aún no recibimos ninguna respuesta.”

Indignada, agrega:

“Para nosotros es importante puntualizar que el sustento económico de la comunidad artística depende en ciento por ciento del pago puntual por nuestro trabajo, y es lamentable saber que una institución que se dedica a la promoción de la cultura no asuma responsablemente su compromiso con quienes ayudan a construirla: los artistas.

“Tenemos la certeza de que Cirko de Mente no es la única compañía que se encuentra en esta situación de arbitrariedad y abuso, esto es el día a día. Se programan eventos sin tener liquidez y nosotros somos los que pagamos los platos rotos.”

 

Tres o cuatro años después

 

Miguel Mancillas, director del grupo Antares Danza Contemporánea, todavía está esperando que el gobierno de Jalisco le liquide la función que dio el grupo durante el Quinto Festival de Danza Contemporánea, que se llevó a cabo del 26 de julio al 4 de agosto del 2006 en Guadalajara.

El grupo fue invitado para interpretar la pieza “Falso cognado” en el Teatro Degollado de esa ciudad. Según la evaluación de los alumnos del taller de crítica que el propio festival armó, el espectáculo fue por mucho la mejor propuesta del festival.

“Quedaron de pagarnos 8 mil pesos por la única función que dimos --dice Mancillas--. Al día de hoy todavía no nos pagan, los intereses que se han generado nos vendrían muy bien, dado que no tenemos un centavo para trabajar”.

La situación de Antares es crítica, porque al día de hoy tampoco ha recibido siquiera una parte de los fondos que el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) le prometió desde el año pasado y que, según los convenios y cartas compromiso pactados, les deberían de haber sido entregados desde el año pasado.

Préstamos personales y bancarios están a punto de llevar a la ruina a uno de los grupos más prestigiados del país.

 

Pagos a posteriori

 

La práctica de que los artistas no reciban el pago de sus honorarios de manera inmediata es cotidiana en la mayoría de las instituciones dedicadas a la promoción de eventos, creación de festivales artísticos y programación de teatros y explanadas a nivel nacional.

Y particularmente notoria en el caso de los artistas nacionales que sólo una vez que han dado funciones, tienen acceso a firmar un contrato que posteriormente deberá de ser tramitado para obtener el pago correspondiente.

Conaculta, el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, la Universidad Nacional Autónoma de México y la Secretaría de Cultura, así como, las secciones de cultura de las diferentes delegaciones del Distrito Federal, así como las entidades culturales municipales, no cuentan con liquidez para pagar de inmediato los honorarios de los trabajadores que contratan.

Aunque se formulan presupuestos que deben ser aprobados por las áreas administrativas, reciben los fondos con seis o siete meses de atraso. Los funcionarios a cargo de atender a los artistas apechugan problemas que no les competen.

Al mismo tiempo, los artistas deben pagar sus impuestos puntualmente para no ser multados; es decir, en múltiples ocasiones se ven obligados a declarar impuestos de ganancias que aún no han recibido.

Así, la queja generalizada de los bailarines es esta: lo obvio sería que la administración estuviera adaptada a las necesidades y características específicas de los artistas, y no al revés, pues las áreas fiscales establecen cada vez mayor número de candados para poder justificar cierto tipo de gastos.

Y es que en buena parte de los casos consideran un tanto frívolo el trabajo artístico, catalogando al gremio de la danza como extravagante y banal.

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