Condena la Permanente masacre en Juárez

lunes, 1 de febrero de 2010

MÉXICO, D.F., 1 de febrero (apro).- La Comisión Permanente del Congreso de la Unión condenó la ejecución de 15 jóvenes en la fronteriza Ciudad Juárez, durante la madrugada del pasado domingo y exigió a las autoridades correspondientes detener a los responsables de la tragedia.
Diputados y senadores de todas las fracciones parlamentarias rindieron un minuto de silencio a la memoria de las víctimas que perecieron a manos de un comando armado que irrumpió en la fiesta que celebraban en una vivienda ubicada la calle de Villas del Portal, colonia Villas de Salvárcar de esa ciudad
 “La Comisión Permanente hace un llamado a las autoridades competentes para que los responsables sean llevados ante la justicia. Los grupos parlamentarios expresan su más sentidas condolencias a los familiares de los jóvenes asesinados, así como su solidaridad en estos momentos difíciles”, dijo el panista Francisco Ramírez Acuña, en representación del órgano legislativo.
Este lunes, la cifra de muertos aumentó a 15 al fallecer otro joven de 17 años en el Hospital Regional 66 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), donde se encuentran internados 13 lesionados más.
Según testimonios de los vecinos, a eso de las 23:30 horas del pasado sábado, vieron llegar a la zona a unas ocho camionetas que cerraron la calle de lado a lado y de los vehículos descendieron varios sujetos encapuchados que se dirigieron hasta la casa marcada con el número 1310, donde se celebraba la fiesta.
Al llegar a su objetivo, se escuchó una voz que ordenó “las mujeres retírense” y de inmediato dispararon contra los jóvenes. Algunos de ellos, trataron de salvar la vida brincando a las viviendas vecinas, pero los sicarios los siguieron y literalmente los cazaron.
Entre las víctimas, se encuentra José Adrián Encina Hernández, de 17 años, estudiante del Colegio de Bachilleres plantel 9.
Encina Hernández es un joven que recientemente fue premiado por las autoridades estatales por su brillante desempeño académico. El joven se encontraba en la reunión, junto con varios amigos.
El abuelo de José dice: “Yo estaba en mi casa. Escuché cuetes y me levanté, también se levantó mi hija y me dijo ‘oiga apá, se oye muy feo’ y me salí descalzo, sin camiseta y sin nada y corrí; cuando llegué estaba mi nieto ahí tirado, su amigo estaba enseguida y estaba muerto, pero mi nieto tenía todavía un poco de vida.
“Lo levanté, esta mano me la llené de sangre de él y le dije ‘mijo aguanta, aguanta, aguanta’, pero miré que su cabeza se le movió, llegó mi hija y le dije ‘no m’ija, ya murió’. ‘Quién fue’, me preguntó, pero no sé, le respondí”.
Entrevistado por varios periodistas locales, sacó una foto de su nieto y añadió:
“Este es mi nieto, cómo lo ven, de los malos o de los buenos”, cuestionó ante el silencio de los entrevistadores que no atinaron más que a bajar la mirada ante el dolor del adulto mayor que se forzaba a no llorar.
“Tiene 17 años, es un niño, y así estaban todos los muchachitos muertos de la misma edad, la vecina de enfrente tiene a su niño malo, muy malo por los impactos que recibió. Me lo mataron. Se murió en mis brazos”, gritó el hombre sin poder contenerse.
Según el abuelo, su nieto ayudaba a su madre en las labores de la casa y en la venta de elotes.
“Nos íbamos en el carrito y me decía que quería estudiar una ingeniería, pero yo le decía que esa carrera no tenía mucho futuro, que había mucho profesionista desempleado, y me dijo que mejor quería ser doctor, ese era su sueño, ser médico”, dijo.
El día de la masacre, en el exterior de la vivienda marcada con el número 1306 se encontraba una pareja que recién abrió un puesto de refrescos y golosinas. Los jóvenes les pidieron que abrieran por la noche para que les prepararan ‘chilindrinas’ y ‘dori-nachos’ durante la fiesta.
Ante la oportunidad de ganar unos cuantos pesos, el matrimonio accedió.
“Mi hija está muy grave, tiene un balazo en la cabeza y está muy grave. A ellos los agarraron a todos ahí afuera porque estaban trabajando”, narró el suegro de Eduardo Becerra y padre de una mujer de 29 años lesionada.
En el exterior del puesto había dos clientes más que eran ajenos a la fiesta, los cuales acudieron a comprar un refresco.
Luego de enterarse que su hija estaba herida de gravedad, el padre acudió a la casa y pidió a los soldados que forzaran la puerta de la vivienda que estaba cerrada con llave.
“Les dimos permiso a los soldados que la desbarataran la puerta porque estaban mis nietos y nos dijeron que estaban muertos aquí, así que les pedí que abrieran”, agregó.
Dijo que cuando pudo ingresar a la casa casi se le paraliza el corazón al no encontrar a los niños, pero empezó a gritar por sus nombres y los encontró aterrados, pero ilesos.
“Los niños estaban escondidos atrás, ellos están bien, uno tienen 8 años y el otro tiene 3, se escondieron cuando escucharon los balazos”, agregó.
El hermano mayor por instinto de protección cubrió con su cuerpo a su pequeño hermano bajo la cama. Hasta ayer por la tarde los hermanos ignoraban que su padre murió y su madre se debatía entre la vida y la muerte.
Las dos criaturas ignoraban que su vida había sido prácticamente destruida por un grupo de sicarios.
Aunque los vecinos aseguraron que en el puesto fue colocada una cartulina con el mensaje “van a valer madre”, el abuelo aseguró que desconocía si su yerno era víctima de una extorsión, pues tenían muy poco tiempo con el pequeño negocio.
“Ellos pusieron el puesto esta semana. No sé si fueron víctimas de extorsión”, aseguró.
Para “Miguel”, padre de una joven de 15 años que estaba en el interior de la vivienda marcada con el número 1310, la noche del sábado ocurrió un milagro.
“Mi hija era amiga de los jóvenes que estaban festejando el cumpleaños y aquí estaba adentro cuando llegaron los sicarios. Uno de ellos gritó ‘las mujeres que se salgan’ y les dieron chance de salir corriendo, segundos después fue cuando empezaron a disparar”, narró el padre de familia desde el interior de la casa.
“En lo personal siento una impotencia enorme, no puedes hacer una reunión, ni nada, y ya no sabes ni por dónde te van a llegar”, agregó.
Ante la oportunidad que le dieron los asesinos a su hija, el padre dice estar agradecido con Dios.
“Le doy gracias a Dios por ella, pero no puedo dejar de pensar que la situación es preocupante, las víctimas eran amistades de mi hija de la preparatoria de Bachilleres, no consumían drogas, ni nada, se divertían sanamente”, refirió.
“Mi hija casi no sale, era invitada de una vecina de aquí enfrente, a ella no le gusta salir casi, nada mas que le insistieron y vino un ratito”, mencionó.
Dijo que cuando los sicarios le gritaron que se fuera, la adolescente salió corriendo y tocó la puerta de la casa vecina y tras ella escuchaba los disparos.
“No ha dormido bien, dice que oye los disparos y los gritos de sus amigos, ya sabe que murieron muchos de ellos”, refirió.
Tras ver el escenario de la masacre, el padre reflexionó sobre la situación que prevalece en la ciudad.
“Eran jóvenes que estaban oyendo música y jugando billar, eran estudiantes todos, con calificaciones sobresalientes, no entiendo que pudo pasar. Nosotros ahorita tenemos varias opciones, una es irnos a El Paso y ya no regresar a Juárez, irnos a vivir con la familia porque de verdad tenemos miedo”, puntualizó.

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