El 2010 oficial: Mucha fiesta, poca reflexión

lunes, 15 de febrero de 2010

MÉXICO, D.F., 15 de febrero (Proceso).- Fue presentado el miércoles 10 por Felipe Calderón el programa oficial del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución, en las instalaciones del Centro de Convenciones Banamex en Lomas de Sotelo, con la presencia mayoritaria de la gente del espectáculo televisivo. Cinco personajes destacados en sus respectivos campos evalúan los alcances del programa: el sociólogo Carlos Aguirre Rojas, el historiador Carlos Silva, el politólogo José Antonio Crespo, el flautista Horacio Franco y el arquitecto restaurador Jaime Ortiz Lajous.

A unque hace tiempo a todo se le cuelga la leyenda del “Bicentenario”, sea un concierto sinfónico, un torneo futbolístico, el sorteo de Melate o las fotos de las herederas de Venustiano Carranza y Plutarco Elías Calles semidesnudas, el programa oficial de actividades de las conmemoraciones de 2010 apenas fue dado a conocer.

El 10 de febrero, el jefe del Ejecutivo, Felipe Calderón Hinojosa, presentó el programa. No fueron ni el emblemático Palacio Nacional ni la residencia oficial de Los Pinos la sede del acto –al cual acudieron cientos de personajes del medio intelectual, artístico y sobre todo de la farándula televisiva–, sino el Centro de Convenciones Banamex ubicado en Lomas de Sotelo, junto al Hipódromo de las Américas.

Calderón ya había presentado un programa “base” de 400 actividades en noviembre de 2007, cuando la comisión de los festejos era encabezada por el embajador Rafael Tovar y de Teresa. Al asumir la coordinación, en octubre de 2008, el abogado José Manuel Villalpando, director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), el programa fue modificado y ahora se anunciaron 2 mil 300 acciones con los gobiernos de las 32 entidades federativas.

En un folleto de 61 páginas se destacan 22 acciones, y el propio Ejecutivo en su discurso de presentación remarcó algunas, como la serie de televisión y radio Discutamos México, en la cual participan unos 500 intelectuales y académicos; un par de regatas en playas mexicanas; el programa México es mi museo, mediante el cual con una llamada de celular se podrá tener información de sitios y monumentos emblemáticos.

Además, la apertura de la Galería Nacional en Palacio Nacional con la exposición México, 200 años; la repartición de 25 millones de ejemplares del libro Viaje por la historia de México, de Luis González; el espectáculo de luces 360º en el Zócalo; un magno desfile militar para el 16 de septiembre, y la inauguración del tan traído y llevado monumento Estela de luz, en Paseo de la Reforma.

A decir de Calderón, la celebración del Bicentenario representa una “oportunidad sin igual” para encontrar puntos de coincidencia como mexicanos. Aunque el programa en sí mismo despierta ya opiniones encontradas y fuertes críticas por sus costos y falta de transparencia en el manejo de los recursos, al punto de que se han levantado voces para pedir a diputados y senadores que llamen a cuentas a los organizadores.

Se acusa al programa, además de contradictorio, de falto de reflexión, de no motivar un verdadero debate sobre los problemas de México, de no interesarse en el propósito de construir un proyecto nacional y de dar prioridad al espectáculo de carácter hollywoodense, organizado además, por si fuera poco, por una empresa extranjera (como lo dio a conocer el corresponsal de Proceso en Washington en septiembre pasado), con un costo de 60 millones de dólares en un solo día, en el cual participarán más de 20 mil artistas.

Interrogados por este semanario, externaron sus puntos de vista destacados miembros de la comunidad artística e intelectual, como el sociólogo Carlos Aguirre Rojas, el historiador Carlos Silva, el politólogo José Antonio Crespo, el flautista Horacio Franco y el arquitecto restaurador Jaime Ortiz Lajous.

Paradoja

Investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México y autor del recién aparecido libro Contrahistoria de la Revolución Mexicana, Aguirre Rojas hace ver la paradoja de que el grupo del Partido Acción Nacional en el poder (“de derecha y conservador por esencia”) esté obligado a celebrar dos procesos históricos realizados por personajes y movimientos sociales que lucharon precisamente contra los conservadores de aquellos tiempos.

“¡Imagínate!, un presidente conservador y de derecha, como lo demuestran sus posiciones respecto del aborto y del matrimonio homosexual, debe celebrar a sus enemigos históricos... Lo subrayo porque es clave para entender por qué los responsables de estas celebraciones son de un perfil intelectual muy bajo. No hay grandes académicos, especialistas en la Revolución Mexicana o en la Independencia participando ni a cargo ni en un comité científico serio.”

A ello atribuye que se pueda pensar en festejar con regatas o espectáculos “de estilo hollywoodesco, como fue el bicentenario de la Revolución Francesa en 1989 en París”, y olvidando que en la gesta de 1810 se buscaba romper la dependencia económica, social y política del dominio español, y en la de 1910 con una revolución y una reforma agraria profunda.

Añade:

“De otro lado, me parece muy preocupante que Calderón subrayara que va a celebrar, como una de las cosas fundamentales, con un desfile militar cuando –efectivamente– lo que él está haciendo es militarizar el país entero, criminalizar la protesta social y literalmente bañar en sangre a todo nuestro país haciendo que hoy Ciudad Juárez sea la ciudad más peligrosa, ¡no de todo México ni de América Latina, sino del mundo entero!”

Una de las primeras acciones del programa, la serie Discutamos México, en la que –dice la información oficial– “participan todas las voces, todas las corrientes de opinión, todas las ideologías”, no convocó a Aguirre Rojas, quien aclara que de cualquier modo no habría participado:

“Porque no quiero convalidar la acción de un gobierno de derecha que está reprimiendo movimientos sociales, acosando a las comunidades zapatistas y que no tiene la menor voluntad de diálogo. Cita a la gente de la APPO (Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca), y la toma presa; dice que va a resolver el caso de Atenco, y utiliza todos los mecanismos jurídicos para no hacerlo; le da un golpe artero al SME (Sindicato Mexicano de Electricistas) cuando se supone estaban negociando y el sindicato había dado una tregua, y por la espalda toman las instalaciones y disuelven la organización.”

Y juzga que no lo invitarían de ningún modo, pues su posición “es muy discordante”. Y piensa, a partir de los capítulos de la serie televisiva que ha visto –“en la que se apuntala la historia oficial, siempre bonita y sin conflictos”–, cuando autores como Michael Foucault, Karl Marx y Fernand Braudel afirman que “la historia está llena de hechos innobles, de violencia y sometimientos”.

La propia historia de México se construyó reprimiendo e ignorando a los indígenas, expoliando tierras a los campesinos, reprimiendo a las clases obreras, y eso no sólo se omite en Discutamos México –denuncia–, a la par de que se ha borrado de la enseñanza la historia, ya que desde el gobierno de Vicente Fox se comenzó a pretender enseñar a partir del siglo XVI.

Ahora –sigue–, al decir en estas celebraciones que se festejan “200 años de ser orgullosamente mexicanos”, se están saltando también tres siglos de historia colonial, como si México hubiera nacido exactamente en 1810.

Y lo que no ve realmente es el ánimo de reflexionar para construir un proyecto de nación hacia el futuro. No lo hará el PAN, dice, porque es un partido “abiertamente antinacional” al cual no le importa privatizar el petróleo, la energía o vender en “pedacitos” al país; por el contrario, se han aliado con el capital español, europeo y estadunidense.

Para el sociólogo, en suma, no hay nada qué festejar si el país sigue dependiendo económica, social, política y culturalmente de otras naciones, y tras la Revolución Mexicana: Venustiano Carranza, Obregón, Calles y demás miembros del grupo Sonora terminaron haciendo una contrarrevolución.

Turbiedades

El historiador Carlos Silva, director de la revista trimestral independiente de historia 20/10 (publicada por la editorial Espejo de Obsidiana, que dirige Carlos González Manterola) expresa preocupación por lo que se está haciendo en la comisión de los festejos, pero sobre todo “por lo que se está dejando de hacer”, pues a decir suyo aún no hay una dirección clara, y el comisionado Villalpando ha respondido a los cuestionamientos de la prensa con ambigüedades.

Y es que el abogado, exprofesor de Margarita Zavala, esposa de Calderón, un día niega la participación del australiano Ric Birch al frente de la organización del espectáculo del 15 de septiembre de 2010 en el Zócalo, y luego termina admitiéndola. Cuando Proceso publicó en septiembre de 2009 que Adam Burke y Phil Green, socios de Birch, informaron en entrevista que dicho espectáculo costaría 60 millones de dólares y que ellos ya tenían el contrato, el vocero de Villalpando, Arturo Zepeda, simplemente dijo “ni desmiento ni confirmo”.

No se ha transparentado el uso de los recursos para ese día ni para todo el programa conmemorativo de los centenarios. Por el contrario, se ha clasificado la información y no podrá ser consultada sino hasta 2022 (El Universal). Villalpando no quiso siquiera responder a la prensa del costo que tuvo la presentación del programa en el Centro de Convenciones Banamex, situación que le parece a Silva “muy seria” y sentencia:

“Ya es hora de que el Poder Legislativo, las cámaras de Diputados y de Senadores, llamen a cuentas para ver qué se está haciendo con el dinero, qué se va a hacer de una manera seria y profesional con esto. Es fundamental, porque te voy a decir que a nosotros, como una institución independiente, nos cuesta muchísimo trabajo obtener el dinero para hacer un trabajo de calidad, serio, profesional e independiente. Qué bueno que haya presupuestos y partidas especiales, pero que nos rindan cuentas.

Silva alude también a la declaración hecha por Villalpando cuando el diario La Jornada le cuestionó por qué había tanta gente del mundo del espectáculo televisivo en la presentación, respondió: “Son mexicanos también, ¿no? Es una fiesta para todos los mexicanos, todos los mexicanos caben...”. Asistieron, entre otros, Angélica María, Christian Bach, María Victoria, Jorge Salinas, Enrique El Perro Bermúdez, Leonardo García, muchos de quienes no tuvieron que hacer la fila para entrar, ya que se les dio un pase especial como a ciertos funcionarios, entre ellos a Jorge Volpi, director del Canal 22, y a Fernando Sariñana, de Once TV, aunque llegaron casi a punto de empezar el acto.

Le parece lamentable la respuesta que dio cuando le preguntaron sobre la poca asistencia de indígenas y dijo:

–Hay muchos indígenas... Los de Chalco no vinieron porque no pudieron salir –no se sabe si en alusión a la tragedia por las inundaciones que viven los habitantes de esa población.

“Lo que muestra es el nivel”, deplora Silva, y luego comenta que se debe tener cuidado con acciones como la de repartir libros, pues ese tipo de proyectos editoriales masivos, que pueden tener su origen en “buenas intenciones”, no siempre son efectivas como mecanismo de difusión del conocimiento. A su juicio, el mismo José Vasconcelos no tuvo los efectos deseados con las llamadas “brigadas culturales”, en las cuales también se repartían libros en comunidades alejadas.

Lo que realmente tendría valor, considera, es que las comisiones conmemorativas se enfocaran a la creación de un proyecto nacional, como el que tuvo la lucha por la Independencia, como el que hubo antes y después de la Revolución, pues ello realmente “da esperanzas a la gente y por eso se sumaron”, pero ahora, “lamentablemente esos proyectos nacionales se desvanecieron y ya no contamos con uno”.

Cuando el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas asumió la coordinación de la primera comisión para los festejos, en el gobierno de Vicente Fox, planteó la necesidad de revisar el pacto federal y hacer una nueva Constitución política. Ninguno de sus sucesores volvió a hablar de esos temas.

De veras discutamos

Investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), José Antonio Crespo evalúa también el programa conmemorativo. Le gusta que se obsequie masivamente un libro de Luis González, al margen de analizar después el mensaje que se está dando a la población. No lo considera un contrasentido con el hecho de haber disminuido la enseñanza de la historia en la educación básica, pues no coincide en que haya una “mutilación”. Al contrario, acepta el argumento de la Secretaría de Educación Pública de que los temas se están enseñando de acuerdo con los niveles educativos.

Igualmente le agrada Discutamos México, pues aunque con seguridad llega a un público reducido, cree que propicia el debate y la reflexión, y con ello no se quedan los aniversarios en un simple festejo, aunque admite que estos programas no se traducirán necesariamente en toma de decisiones. Y anticipa que participará en una de sus emisiones con el tema de partidos políticos contemporáneos.

En donde sí disiente por completo es en los festejos para los días 15 y 16 de septiembre, pues le parece demasiado dinero, según las condiciones actuales del país.

Al término de la presentación del programa general, se abordó al flautista Horacio Franco, quien se ha distinguido no sólo por su virtuosismo con el instrumento, sino por ser un defensor de las causas gay. Él expresa también su beneplácito porque se discutan temas diversos:

“Los políticos mexicanos viven en un mundo diferente al cual vivimos la sociedad civil. Nosotros realmente padecemos los problemas de esta nación. Ellos deben solucionarlos, pero nosotros estamos inermes ante tanta tragedia que pasa en el país. Parecen dos Méxicos, pero creo que con este tipo de proyectos se puede encontrar una convergencia, ver que no vivimos en un país rentado –como dice Denise Dresser– y lo tenemos que cuidar, debemos ser buenos ciudadanos, seamos artistas, industriales o ciudadanos de a pie.”

Dice que “fuera de toda manipulación o resentimiento”, seguro que nadie desea que este año sea peor. Y los gobiernos, sean estatales, municipales o federal, deben ser conscientes de que el país se les puede ir de las manos, que hay un Estado laico que realmente puede ser vulnerado, y que estamos ante una crisis de valores intelectuales y una manipulación histórica “que da miedo”.

Entonces pide a la Secretaría de Gobernación, la Presidencia y los gobiernos estatales que no permitan que los valores de pluralidad y tolerancia que han tenido los mexicanos sean manipulados:

“Es una pena que una mujer no pueda decidir lo que pueda hacer con su cuerpo; es una pena que se esté castigando tanto a mujeres que aún por violación quieran abortar; es una vergüenza que la Iglesia siga emitiendo juicios. A mí no me importa que opine, tiene el mismo derecho que yo a hacerlo, pero de ahí a que estén desinformando y deseducando de una manera tan virulenta al pueblo sobre los matrimonios y la adopción gay –cosa que no pueden porque no tienen conocimiento de nada–, me parece grave.”

Franco no ha sido convocado a participar en ningún espectáculo, pero sí en Discutamos México. De cualquier modo está preparando el concierto Mestizajes novohispanos con música y danzas indígenas de la época, que fueron proscritas, reprobadas y castigadas aquí, pero triunfaron en Europa. Así mostrará que la música mexicana enriqueció a la cultura europea.

El arquitecto Jaime Ortiz Lajous, también abordado al final, opinó sobre el programa México es mi museo, con el cual a través del teléfono celular se obtiene “en un minuto” información sobre algún suceso acontecido en un sitio o monumento histórico.

Ríe antes de considerar que es válido implementar de todo, pero añade que lo importante es que toda esa “gigantesca herencia cultural”, en la cual está nuestra identidad nacional, sea atendida, pues ha estado mal cuidada, mal inventariada, mal catalogada, y México tiene serios problemas de conservación del patrimonio.

Anticipa que está promoviendo la realización en México de un simposio entre restauradores para elaborar la Carta México, que sería similar a la de Venecia, en la cual se dictan lineamientos de restauración y conservación del patrimonio cultural, pero circunscrita al nacional. Además, expresa su deseo de ver restaurada la escultura de Miguel Hidalgo que Italia regaló a México para celebrar el Centenario de la Independencia, ubicada en el estado de Guanajuato, en donde está ahora la Presa de la Olla.

Se abordó también al final al arquitecto Juan Urquiaga, quien obtuvo el premio Reina Sofía por la restauración del antiguo convento de Santo Domingo de Guzmán en Oaxaca, pero dijo no conocer ese programa y confesó no haber escuchado nada de la presentación, porque “me quedé aquí afuera”, no obstante que también tuvo pase de invitado especial.

Con esa presentación, en la cual Calderón convocó nuevamente a la unidad nacional, se dan por comenzados formalmente los festejos de los centenarios.

Reportaje publicado en la edición 1737 de la revista Proceso actualmente en circulación.

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