El nuevo Archivo General de la Nación

lunes, 15 de febrero de 2010

MÉXICO, D.F., 10 de diciembre (apro).- El legendario Palacio Negro de Lecumberri, diseñado por el arquitecto Lorenzo de la Hidalga, es objeto de un magno proyecto de restauración mediante el cual se dará al Archivo General de la Nación (AGN) una nueva sede y el viejo palacio, con sus crujías y celdas de tenebrosos relatos de corrupción e injusticia, será un museo de sitio donde se recuerde la historia de la antigua Cárcel Preventiva del Distrito Federal.

         En breve se dará a conocer el proyecto que tiene un costo total de mil 255 millones 856 mil 778 pesos, repartidos en los presupuestos anuales de 2009, en el cual se invirtieron 298 millones 506 mil 300 pesos. Para 2010 se han autorizado ya 629 millones 946 mil 382 pesos, y --de aprobarlo la Cámara de Diputados-- se canalizarán para 2011 327 millones 404 mil 96 pesos, destinados a la construcción del nuevo edificio.

         El monumental trabajo se ha dividido en dos etapas: la primera, inició en noviembre de 2009 y está por concluir en un par de semanas. Aquí se restauró el edificio del Palacio de Lecumberri. Se readecuaron los espacios del auditorio, la librería-cafetería, comedor, cocina y servicios; así como enfermería, oficinas del sindicato y la galería 8. Esta nueva galería alberga 22.5 kilómetros de documentación y fue equipada con todo los requerimientos  que exige actualmente la conservación de archivos para mantener la adecuada humedad y temperatura.

         En esta fase se elaboró también el proyecto ejecutivo de lo que será el nuevo edificio para albergar al AGN; se restauraron los jardines con un plan de arquitectura del paisaje a cargo del despacho Arca, S.A., del cual son miembros, entre otros, Francisco Pérez de Salazar y Félix Martínez Sánchez. Ahora se tendrán en estos espacios plantas de todo el país, cuidadosamente conservadas, y, por último, se adquirió un sistema informático para administrar el archivo.

         El nuevo edificio se construirá en los mismos terrenos de lo que fue la penitenciaría de la ciudad., pero como parte de la segunda etapa. Estará a un costado del Palacio Negro. Justo donde se ubicaba el edificio del Registro Nacional de Población, tristemente conocido como “El Tehuacanazo”, porque ahí torturaban a los presos.

         Este edificio fue demolido ya, a golpe de mano y en tan sólo diez días. Y si los diputados aprueban el presupuesto --en el marco de los proyectos y acciones del bicentenario de la independencia y centenario de al revolución--, se edificará aquí la sede que albergará 150 kilómetros lineales de documentación, con las mejores condiciones de humedad y temperatura, con un moderno edificio que ahorra energía pues será alimentado con luz solar

         En esta etapa se terminará de restaurar por completo el Palacio de Lecumberri, edificado por el arquitecto Antonio Torres Torrija y los ingenieros Antonio M. Anza y Miguel Quintana, e inaugurado el 29 de septiembre de 1900, por el entonces presidente Porfirio Díaz.

         Ahora se abrió al público una exposición en el centro mismo del Palacio donde se muestra lo que es el AGN así como el proyecto de restauración, de creación del museo de sitio y arquitectura del paisaje, así como de construcción de la nueva sede. Se muestran planos del proyecto, del palacio mismo, imágenes de las diferentes etapas de restauración, además de documentos y fotografías antiguos.

         La exposición, montada en paneles, se encuentra en lo que fuera el patio de la penitenciaria, en donde había un panóptico, había tiendas, lavaderos y en 1977 cuando el palacio se transformó y restauró para dejar de ser cárcel preventiva y convertirse en el Archivo General de la Nación, que entonces dirigía la historiadora Alejandra Moreno Toscano, actualmente Autoridad del Centro Histórico en la Ciudad de México.

         Actualmente, el AGN cuenta con 52.5 kilómetros de documentos, alrededor de 62 millones de fojas, además de 18 millones de fotografías y negativos. Prácticamente todo el acervo está catalogado, salvo un 37% en donde se encontraba el archivo Indiferente Virreinal, que contenía un kilómetro 200 metros de documentación.

         Abarca desde la conquista y creación de la Nueva España hasta la Inquisición, esto es 1832. Se llama “indiferente” por la diversidad de documentos que ahí se encuentran. Quienes lo archivaron en su momento consideraron que no tenía nada de valor y guardaron desde una receta de cocina hasta partituras musicales e incluso planos arquitectónicos realizados por Manuel Tolsá.

         Casi 700 metros de documentación se perdieron porque estaba en malas condiciones, contaminado y prácticamente hecho polvo. Pero el resto contiene acervos sobre todo de cuestiones artísticas, hay mucho de arquitectura como diseños de fachadas, trazos urbanos, documentos de música, y hasta la orden militar de allende como soldado o las cuentas y ordenamientos de haciendas y conventos. Este acervo se comenzó a ordenar con apoyo del gobierno de España y del Programa de Apoyo al Desarrollo de los Archivos Iberoamericanos (ADAI).

         Este programa constituye un fondo financiero multilateral de fomento al desarrollo de archivos y lo integran Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, España, México, Portugal, Perú, Puerto Rico, República Dominicana y Uruguay.

 

Negra historia

 

Una vez que el nuevo edificio haya sido construido se trasladará ahí todo el AGN. En la exposición se muestran los planos y diseños del proyecto ejecutivo, y en cuanto el presupuesto sea aprobado se someterá a una licitación. No se hará un concurso de arquitectura, pues no se requiere de una obra “personal” de un arquitecto “famoso” o reconocido, sino prácticamente de espacios para conservar y albergar los documentos.

         El AGN se encontraba originalmente en Palacio Nacional, de donde se trasladó al Palacio de las Comunicaciones (hoy Museo Nacional de Arte) para fumigarlo y restaurarlo, y finalmente se trasladó al Palacio de Lecumberri, que por decreto presidencial el 26 de mayo de 1977 se convirtió en sede del Archivo General de al Nación, luego de haber sido remodelado durante cinco años por el arquitecto Jorge L. Medellín.

         Desde los años noventa se impulsó la idea de cambiar de ese lugar al AGN. Incluso hace unos años, cuando el entonces presidente Vicente Fox impulsó la construcción de la megabiblioteca Vasconcelos, un grupo de investigadores e intelectuales pidió que en lugar de ese costoso edificio se construyera uno para el AGN. Una vez construida la Biblioteca Vasconcelos en los terrenos de la estación de trenes de Buenavista, se pidió que se le diera como destino final albergar al archivo. También se propuso trasladarlo a Pachuca. Hubo oídos sordos.

         Uno de los argumentos, sustentado por el investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México, Helio Flores Ramírez, era la cercanía de los mantos freáticos que –dijo en noviembre de 2005 al diario La Jornada-- estaba a unos cuantos metros del suelo. Y en un examen al acervo, determinó la presencia de 21 variedades de hongos provocados por la humedad del ambiente.

         Se recuerda, por ejemplo, que al día siguiente de que el anterior director del AGN, el escritor Jorge Ruiz Dueñas asumiera su cargo, cayó un tremendo aguacero que inundó el viejo Palacio y una de sus primeras acciones casi tomar junto con su equipo las cubetas para desalojar el agua. Durante su gestión se cambiaron 19 kilómetros de drenaje y ahora se asegura que no hay riesgo de humedad para el acervo.

         El 1 de mayo de 2009, asumió la dirección Aurora Gómez, doctora en Historia por la Universidad de Harvard, y profesora del Centro de Investigación y Docencia Económicas, quien también realizó estudios de economía y políticas públicas.

         Ahora se ha determinado que no es necesario trasladar a ningún sitio el AGN y hasta se dice que en la realidad ningún lugar en el mundo es el sitio más seguro para ningún archivo. Se han hecho estudios para determinar la calidad del suelo, los niveles de humedad y se asegura que los terrenos de Lecumberri son adecuados para la construcción del nuevo edificio.

         De cualquier modo, quien obtenga la licitación tendrá que considerar en su proyecto todas las medidas de seguridad posibles, así como el mantenimiento de los niveles de humedad y temperatura adecuados. Se contempla la creación de laboratorios de microfilm, restauración y conservación de los documentos.

         Parte del acervo se está digitalizando, sobre todo aquel que por sus condiciones e importancia no pueden ser consultados directamente del original. Cabe señalar que una de las primeras acciones de Aurora Gómez fue quitar las fotocopiadoras pues se ha determinado que una sola pasada por estos equipos equivale a un día de sol en detrimento de los documentos.

         Ahora se cuenta con cámaras fotográficas, resultado de una donación, cuando los investigadores y usuarios en general no llevan su propia cámara se les facilita una del AGN para poder obtener una fotografía sin utilizar el flash

         Una vez que los acervos se trasladen al nuevo edificio, se creará el museo de sitio en los espacios de la antigua penitenciaría donde se contará la historia carcelaria de Lecumberri, en cuyas celdas padecieron personajes como el escritor José Revueltas, el poeta Carlos Pellicer, los pintores David Alfaro Siqueiros y Manuel Rodríguez Lozano, el politólogo Adolfo Gilly, pero también muchos jóvenes que participaron en el movimiento estudiantil de 1968 y en las filas de las guerrillas rurales y urbanas de los años setenta.

         Su historia de podredumbre fue consignada en el documental Palacio Negro del cineasta Arturo Ripstein, quien mostró con crudeza lo que ahí se vivía. Se recuerdan las palabras que el criminólogo Alfonso Quiroz Cuarón dijo sobre las cárceles, en un reportaje en el semanario Proceso, en diciembre de 1976, cuando se había clausurado ya Lecumberri:

         “La injusticia es ciega, pero sólo para los pobres.”