Ehorta la Iglesia católica al Ejército a promover la justicia y la paz

jueves, 18 de febrero de 2010

México D.F., 18 de febrero (apro).—La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) exhorta a los miembros de las Fuerzas Armadas  y de Seguridad Pública a “defender a los débiles” y a “favorecer la convivencia pacífica entre los ciudadanos”, pues el Ejército y la policía son, dice, los “primeros testigos” de la violencia que padece el país.
    En su exhortación pastoral Que en Cristo nuestra paz México tenga vida digna, la CEM también reconoce “el valor” de estas dos instancias que están combatiendo al crimen organizado:
    “Reconocemos su valor. Sabemos que han hecho su mejor esfuerzo para que podamos vivir en paz y en armonía. Sentimos las pérdidas de quienes han pagado con sus vidas la fidelidad a su misión”.
    En su documento –el cual fue dado a conocer el pasado lunes 15--, el Episcopado agrega que el Ejército y las policías representan el “uso legítimo de la fuerza”, por lo que deben “ser promotores de la justicia y de la paz”, para que no pierdan la “credibilidad y la confianza”.
    Añade:
    “Los invitamos a ser generosos en el cumplimiento de sus deberes, les llamamos a respetar, promover y tutelar los derechos humanos de todas las personas para que se recuperen en nuestra patria condiciones estables de seguridad y de pacífica convivencia”.
    Sin embargo, el episcopado indica que no es función del Ejército combatir al crimen organizado, por lo que su actual participación en ese combate es una estrategia que tiene “carácter emergente”. Pero esta “emergencia no debe ser permanente”.
    El Ejército debe regresar a sus cuarteles cuando ya existan “policías civiles capacitados, adecuadamente remunerados y bien coordinados a nivel federal, estatal y municipal”, pues es a la policía –dice—a quien le compete hacerse cargo de la “seguridad interior” del país.
    Y a quienes “se han involucrado en las diversas formas del crimen organizado”, el episcopado les pide que abandonen sus “medios violentos” que tantas víctimas “inocentes” han provocado. Les dice:
    “Dios los llama a la conversión y su perdón está siempre dispuesto, pero deben arrepentirse”.