Galería Luis Adelantado

miércoles, 3 de febrero de 2010

MÉXICO, D.F., 3 de febrero (Proceso).- La presencia, desde noviembre pasado, de la galería Luis Adelantado en el Distrito Federal, señala el potencial que tiene nuestra capital como sede y punto de encuentro para el mercado global del arte contemporáneo.

Abierta en la pasada década de los ochenta en Valencia, España, el espacio es conocido en el escenario global tanto por su participación en ferias como por su programa de difusión para jóvenes creadores. Dirigido a artistas internacionales de 24 a 36 años, el programa, que consiste en una exposición durante agosto y septiembre, es interesante porque beneficia a todos los involucrados: el galerista facilita su actividad de cazar talentos emergentes y se autolegitima con un proyecto de promoción artística global; los artistas tienen la posibilidad de vender su obra, y si Adelantado lo considera pertinente pueden integrarse a la galería.

Con un establo en el que aun cuando predominan los jóvenes de 26 a 40 años de edad, hay espacio para autores de 71 y 76 años, la galería se inicia en México con una muestra colectiva que integra diversas nacionalidades y géneros visuales. Alineado con las modas del mainstream-lowbrow en lo que respecta a la creación dibujística, a la interpretación de temáticas animales y a las expansiones tridimensionales efectistas y banales, Marcos Castro (México, 1981) presenta una instalación a dos pisos con dibujos realizados sobre paneles de madera en formas de árbol y raíces. También con temáticas animales, pero de referencia ética-ecologista, el mexicano Andrés Carretero (1981) expone una serie de fotografías de animales disecados que oscila entre la ficción, la realidad, el kitsch, la crítica, la banalidad y la obviedad. Más sugerentes por el inquietante planteamiento metafórico y visual de valores sociales contradictorios, el regiomontano Oswaldo Ruiz (1977) muestra fotografías que refieren a lo natural y lo artificial. 

Y por último, lo más interesante de la exhibición: las esculturas de soldados realizadas con espuma de poliestireno por el holandés Folkert de Jong (1972). Provenientes de una instalación que, bajo el título de The Shooting at Watou, hace referencia a la batalla de independencia que libraron los Países Bajos contra España durante la guerra de los 80 Años (1568-1648), las esculturas de tamaño natural, con vestimentas militares y texturas empasteladas en color rosa, representan a los flamencos con una dramática ambivalencia que oscila entre la agresividad bélica y la desagradable –y  divertida– empalagosidad del material. Incompleta en su contenido, la instalación de la galería carece de una figura esencial: la enorme, grotesca y amenazante alegoría de España. 

Estimulante para el mercado, el proyecto debería motivar a los funcionarios museísticos para promover la escultura actual en nuestro país.

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