Montemayor, clave en el conocimiento de la guerrilla: Castañeda

lunes, 1 de marzo de 2010

MÉXICO, D.F., 1 de marzo (apro).- La contribución del escritor, poeta, investigador y ensayista chihuahuense Carlos Montemayor (fallecido el 28 de febrero pasado debido a un cáncer en el estómago, a los 61 años de edad) en cuanto a las luchas armadas en el país, “es muy meritoria porque esclareció muchas cosas y puso al alcance de grandes sectores de la población información de ese fenómeno”.
Así lo recuerda Salvador Castañeda, cofundador del grupo guerrillero Movimiento de Acción Revolucionaria (MAR) en los años sesenta en Coahuila, y también escritor. Además, destacó que “es aplaudible que el autor de Los informes secretos y Las armas del alba se ocupara de ese movimiento de carácter armado de México de los setentas, que se elude siempre en los comentarios públicos”.
--Con este tópico, ¿aportó algo nuevo?
--Desde mi perspectiva, sí: contribuyó con las denuncias abiertas en contra de la represión. Es interesante que se haya ocupado meticulosamente de esos movimientos armados de entonces.
--¿Qué opina de su libro Guerra en El Paraíso?
--Es un documento preponderante dentro de todo lo que se ha publicado respecto de ese fenómeno. Carlos Montemayor era un helenista y tenía muchas herramientas para trabajar. Abordó excelentemente la guerrilla desde el punto de vista literario y testimonial.
Guerra en El Paraíso, editado por Diana en 1991 y luego por Seix Barral en 1997, es un relato trágico de los hechos violentos que se vivieron en México a principios de los años setenta, durante la “guerra sucia”,  especialmente sobre la guerrilla de Lucio Cabañas en el estado de Guerrero.
--Y este volumen, ¿qué dio de nuevo sobre Lucio Cabañas?
--Hay muchas cosas que se explican allí, y es un punto de vista muy objetivo de todo ese movimiento, sobre todo de ese grupo en la montaña y la repercusión en todo el país.
Castañeda, autor de ¿Por qué no dijiste todo? y Los diques del tiempo, rememoró que intercambió documentos cuando fue el coordinador del Centro de Investigaciones Históricas de los Movimientos Armados con Montemayor:
“Me pasó algunas grabaciones de Lucio, sobre todo de las emboscadas, porque las registraba Lucio, y yo le pasé documentos de la guerrilla de Chihuahua de 1965, precisamente una bitácora que escribió Ramón Mendoza, que es el personaje de su novela Las armas del alba”, dijo.
Joaquín Mortiz lanzó en 2003 Las armas del alba, la cual narra el levantamiento del 23 de septiembre de 1965 en el pueblo de Madera, en la sierra de Chihuahua, por un grupo de jóvenes campesinos, estudiantes y profesores que atacó el cuartel militar. Desde entonces se sucedieron por diversas zonas urbanas y rurales de México numerosos movimientos guerrilleros.
Castañeda subrayó que en los anteriores volúmenes y Los informes secretos, Montemayor profundizó en una nueva forma de novelar.
--¿Por qué todavía no se habla a fondo de las guerrillas del país?
--Los intelectuales sólo llegan al movimiento del 68 y después, para ellos, ya no pasó nada, y eso que en la guerrilla de los setenta hubo miles de muertos, quizá por eso Montemayor concientizó a un amplio sector interesado por ese tipo de movimientos sociales en el país. También hay que reconocerle que analizó el surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y simpatizó con algunas de las actividades organizadas por el subcomandante Marcos.
“Montemayor es un personaje insustituible en cuanto a toda esa gama de actividades e intereses que tenía, no sólo por la cultura sino por la sociedad en su conjunto, por la transformación social, por todos los luchadores que participamos por tratar de transformar las condiciones del país”, añadió
También escribió Chiapas: La rebelión indígena de México.
--¿Qué opina de su papel que tuvo como vocero en la Comisión de Mediación entre el gobierno federal y el Partido Democrático Popular Revolucionario-Ejército Popular Revolucionario?
--Es algo más que hay que reconocerle. Fue el vocero y eso no es gratuito. Eso responde a su gran compromiso con este asunto. Como vocero estuvo siempre con una posición muy consecuente y firme. Naturalmente, algunos sectores del Estado, por su posición, comentarios y trabajos analíticos de la guerrilla, no lo aceptaban del todo por la consigna de no dar a luz ese tipo de cosas.