Cártel del Golfo compra silencio de reporteros en Tamaulipas

jueves, 11 de marzo de 2010

MÉXICO, DF, 11 de marzo (apro).- El poderoso cártel del Golfo paga a periodistas del norte del país para que actúen como espías y disminuyan la cobertura de las ejecuciones cerca de la frontera con Estados Unidos, denunciaron editores y reporteros.    
Según un despacho de la agencia Reuters, los sicarios en la frontera con Texas pagan unos 500 dólares al mes a los periodistas y les obsequian licor y prostitutas para que intimiden y silencien a sus colegas de radios y periódicos cerca del área de Laredo y Brownsville.
Hace unas tres semanas comenzó una “guerra” por territorios alrededor de la ciudad industrial de Reynosa, pero la violencia casi no ha sido reportada pese a que ha habido más de cien muertes, en un bloqueo noticioso hecho evidente por la intensa cobertura de eventos similares en otras regiones del país.
Desde que el presidente Felipe Calderón subió al poder en 2006 y lanzó su “guerra” contra los cárteles de la droga, en todo el país se han registrado unas 19 mil ejecuciones vinculadas a la violencia del narcotráfico.
Por años, reporteros mexicanos mal pagados han sido obligados a veces por sicarios a aceptar dinero para escribir favorablemente sobre los traficantes o no reportar las ejecuciones, pero el cártel del Golfo parece ser capaz ahora de silenciar casi del todo los reportes sobre la violencia en la zona.
Algunos periodistas de diarios como El Mañana y La Prensa argumentan que tienen poca elección.
"Nuestras redacciones han sido infiltradas por esos reporteros, monitorean lo que escribimos, saben dónde vivimos. Con este sistema, los narcos tienen un control directo sobre nosotros", denunció el editor de un diario local que pidió el anonimato para proteger su seguridad.
Muchos de los periodistas a sueldo no lo ocultan y se les ve llegar a conferencias de prensa en costosos vehículos todo-terreno, acompañados de hombres armados, frecuentemente para evitar que se divulguen noticias sobre asesinatos.
Un reportero en el pueblo fronterizo de Nuevo Progreso dijo que su trabajo incluye tomar dinero de policías corruptos a sueldo del cártel del Golfo y distribuirlo entre sus compañeros.
Otros, detenidos en puntos de revisión, han tenido que explicar la procedencia de cientos de dólares en sus billeteras, cuando la mayoría de los periodistas gana menos de 400 dólares al mes.
Sin embargo, los directivos de El Mañana y La Prensa de Reynosa no estuvieron disponibles para comentar sobre el tema.

Aquí no pasa nada

El Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés), con sede en Estados Unidos, dijo que está al tanto de que algunos periodistas trabajan para el narco.
"Sabemos que está pasando. Es consecuencia de la enorme influencia que ejercen estos criminales", dijo Carlos Lauría, coordinador del CPJ para las Américas.
Ante el bloqueo informativo, los residentes de Reynosa y sus alrededores han recurrido a las redes sociales como Facebook, Twitter y Youtube, donde suben videos y reportan actividades sospechosas en un intento por informar del brote de violencia.
"Uno de los derechos humanos fundamentales ha sido arrebatado en esta parte de México y el gobierno federal no dice nada", acusó el especialista Alberto Islas, en la Ciudad de México.
Algunos reporteros honestos prefieren no reportar la violencia, preocupados por su seguridad. Sin embargo, los ataques de los narcotraficantes han hecho de México uno de los países más peligrosos para los medios, según el CPJ, con al menos 24 periodistas muertos desde el 2006.
Pero algunos de los ‘narcoreporteros’ podrían estar en mayor riesgo, pues cinco periodistas sospechosos de trabajar para los cárteles desaparecieron hace dos semanas en Reynosa.
En tanto los políticos admiten que el cártel del Golfo, que controla un tercio de los envíos de drogas a Estados Unidos, mantiene su “guerra” contra Los Zetas lo más calladamente posible para evitar un despliegue del Ejército que interrumpa sus operaciones.
Calderón ha desplegado miles de soldados y policías federales en varias regiones del país donde opera el narcotráfico, pero en la zona de Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros, en Tamaulipas, su presencia es relativamente escasa.
"El mensaje del cártel del Golfo es: ‘aquí no pasa nada’. Los sicarios incluso recogen sus muertos después de las balaceras para que no haya evidencia de lo que está pasando", reveló un regidor de la comunidad de Río Bravo, cerca de Reynosa.

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