La guerra por Acapulco

sábado, 20 de marzo de 2010

MÉXICO, D.F., 20 de marzo (Proceso).- La muerte de Arturo Beltrán Leyva rompió el control de su cártel en el estado de Guerrero y ahora tres grupos criminales intentan apoderarse de ese mercado. En plena temporada vacacional, sicarios de El H y La Barbie se disputan la plaza y siembran el puerto de cadáveres, ante la permisividad de autoridades municipales, estatales y federales, a las que los narcos advierten: “No se metan, estamos limpiando la plaza”.

Mientras el estado de Guerrero es disputado por tres cárteles, la plaza de Acapulco fue escenario de la batalla entre los herederos de Arturo Beltrán Leyva: su hermano Héctor, El H, y Édgar Valdez Villarreal, La Barbie, que dejó una treintena de cadáveres regados en el puerto entre el 13 y el 14 de marzo, ante la permisividad de soldados y marinos de la IX Región Militar y la VIII Zona Naval.

Los enfrentamientos sangrientos entre sicarios de La Barbie y El H ocurrieron sin que las fuerzas armadas intervinieran sino para atestiguar los hechos consumados y decomisar armas de grueso calibre y cargadores encontrados en al menos cinco de nueve vehículos abandonados tras la batalla.

Mientras imágenes de cadáveres ensangrentados y cuerpos mutilados se difundían en los medios de comunicación, autoridades municipales y estatales se apresuraron a negar que existiera una disputa entre bandas rivales de narcotraficantes.

El lunes 15, el encargado de despacho de la Procuraduría General de Justicia de Guerrero, Albertico Guinto Sierra, declaró que no podía confirmar que se tratara de un enfrentamiento de la delincuencia organizada. El alcalde priista Manuel Añorve Baños dijo no tener “ningún dato confirmado” sobre el origen de la violencia y prefirió hablar sobre la promoción turística del puerto.

El mismo lunes en que las autoridades no se daban por enteradas de lo que pasaba en Acapulco, un comando armado de entre 20 y 25 hombres arribó en varios vehículos a las instalaciones de la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Civil municipal, ante el azoro de policías y empleados.

Testigos aseguran que los sicarios buscaban al subdirector operativo Armando González Valeriano. Como no lo encontraron, intentaron llevarse al escolta del funcionario, Pablo Hernández Rabadán, quien logró huir, pese a la persecución de los sicarios que provocó pánico entre las secretarias de la dependencia, que fueron a refugiarse a una fonda cercana.

“De milagro no dispararon, pero estuvieron a punto de agarrarse a balazos con policías preventivos que estaban armados también”, narra un testigo.

Los sicarios entraron y salieron de las oficinas sin que nadie los molestara y sin ser perseguidos. Incluso, a su paso, los hombres armados se dieron el lujo de secuestrar a dos jóvenes que viajaban en una camioneta cherokee. Un día después fueron liberados con vida, amarrados y con el rostro cubierto, en una calle del puerto

Tras los choques de ese fin de semana, en algunas colonias de Acapulco se reportaron varias balaceras y estallidos de granadas en varias casas de seguridad, pero los medios locales ya no publicaron nada más.

Una fuente que pidió el anonimato señaló que el objetivo de las masacres y enfrentamientos del 13 y 14 de marzo es “calentar la plaza” que, hasta el momento, controla Edgar Valdez Villarreal, La Barbie.

“Se enfocaron en levantar y asesinar a operadores que responden directamente a El Güero Huetamo (lugarteniente de La Barbie) y atacar zonas que ni el Ejército toca, donde se distribuye cocaína para surtir a los consumidores, en su mayoría turistas locales y extranjeros, sobre todo en esta temporada de springbreak”, indicó la fuente consultada.

Extracto del reportaje que se publica en la edición 1742 de la revista Proceso, ya en circulación.

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