Centenarios: Festejar, para disimular la crisis

lunes, 22 de marzo de 2010

MONTPELLIER, Francia, 22 de marzo (Proceso).- La Universidad Paul Valéry, de Montpellier, Francia, reunió durante dos días a 25 especialistas franceses y mexicanos para analizar el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución. Intervenciones de gran interés marcaron el encuentro. Por ejemplo, Marie-José Hanaï, de la Universidad de Rouen, analizó el discurso oficialista del gobierno actual, en el que vio “el ejemplo de un frenesí conmemorativo”.

¿Cómo entender dos rupturas que marcaron la vida de México: la Independencia y la Revolución? Ésta es la pregunta que, con motivo de las celebraciones del Bicentenario y del Centenario de estos acontecimientos, trataron de responder 25 investigadores mexicanos y franceses durante un coloquio organizado por la Universidad Paul Valéry de esta ciudad del sur de Francia.

El encuentro académico titulado ¿México 1810-1910, de una ruptura a la otra? tuvo lugar los días 11 y 12 de marzo y reunió a profesores de literatura, historia y arte dedicados a la historia de México.

“Este 2010 es oportuno para enfocarnos sobre aquellos dos acontecimientos mexicanos, la Independencia y la Revolución, que significaron una voluntad de romper con el orden (sistema colonial en 1810 y autoritarismo en 1910), haciendo nacer nuevas esperanzas, nuevas utopías, nuevas visiones del mundo”, explicaron los maestros de la universidad y organizadores del coloquio.

“A 200 años y cien años de distancia, respectivamente, el coloquio permite reflexionar sobre la amplitud de las transformaciones que estos dos trastornos supuestamente iban a aportar”, justificaron.

Y es que además de analizar los procesos políticos de 1810 y de 1910 a través de los hechos, de la literatura, de la fotografía y de la pintura, los ponentes del coloquio enfocaron sus trabajos sobre los mitos que nacieron de dichos acontecimientos.

Para los historiadores, “no se trata de celebrar en el sentido de festejar, sino de conmemorar: reflexionar sobre hechos que fundan una memoria común (…) y que nutre la construcción política”, según Elisa Cárdenas, directora de la división de estudios de Estado y sociedad en la Universidad de Guadalajara.

Los especialistas consultados por Proceso coincidieron en que 2010 debería ser el año de la conmemoración y no del festejo.

“Si festejas solamente y no reflexionas, recapitulas, y no eres crítico de tu momento, te quedas en la pura fiesta, como Porfirio Díaz en 1910”, dijo Estrella García Fernández, arquitecta y miembro de El Colegio de Jalisco, en alusión a la celebración del Centenario de la Independencia.

Para los historiadores, Bicentenario y Centenario son una oportunidad para ver “las cosas que faltan por hacer –añadió García Fernández–: En 1921 se creó la Secretaría de Educación Pública, pero vemos que hoy no llegamos a los niveles de presupuesto de los países desarrollados. Además, la educación pública ha sido afectada por el recorte presupuestal”.

Inevitablemente se evocaron las controversias sobre la manera como el gobierno de Felipe Calderón marcará el recuerdo de la Independencia y de la Revolución, mientras se anunció el programa de las celebraciones del “año de la patria”.

Marie-José Hanaï, profesora de literatura hispanoamericana contemporánea en la Universidad de Rouen, analizó el discurso oficialista del gobierno actual, “ejemplo de un frenesí conmemorativo”, dijo, refiriéndose a las celebraciones del bicentenario de la Revolución Francesa que dieron lugar a espectáculos con gran pompa en 1989.

Desde 2008, cuando viajó a la Ciudad de México, Hanaï notó que “en esta megalópolis poblada de tantos mexicanos de orígenes geográficos diversos y visitada por tantos turistas extranjeros, la conmemoración anunciada tomaba el giro de una gran fiesta para alimentar el orgullo de ser mexicano”.

En el marco de una ponencia titulada “La reescritura de la Revolución en la novela mexicana contemporánea: entre traición y olvido”, la investigadora recordó que para un gobierno, “la conmemoración tiene como objetivo disimular una patología: la de hacer del pasado la única referencia de identidad y de disfrazar el presente marcado por la crisis”.

Otro académico francés especialista en historia de México fue menos diplomático, “¿Por qué celebrar la Independencia y la Revolución?”, se le preguntó.

–La utilidad de las celebraciones para el gobierno de Calderón son múltiples: primero, es dar pan y circo en un contexto de crisis que atraviesa el país. Además, no puede ser rebasado por el PRD en la Ciudad de México. El gobierno no quiere quedar atrás en este asunto popular –dijo y prefirió permanecer en el anonimato, porque lleva actividades académicas en México.

Y es que desde que en febrero pasado Felipe Calderón abrió las celebraciones históricas del año, abundan las voces que se preocupan de la frivolidad del programa (como consignó la agencia Apro el 14 de febrero en la nota Cuestionan Bicentenario).

Por otra parte, los historiadores notaron que el énfasis que el gobierno puso en celebrar el Centenario de la Revolución, es menor que para el Bicentenario de la Independencia:

“Es evidente que el PAN está más incómodo con 1910 que con 1810, lo que desemboca en una clara desigualdad de tratamiento entre las dos conmemoraciones”, siguió el historiador.

Por su parte, Sofía Anaya, doctora en humanidades y artes y profesora en la Universidad de Guadalajara, explicó:

“Creo que hay un temor de que la gente tome otra vez conciencia de que puede haber un levantamiento y que trate de cambiar las condiciones del país.”

Después de una ponencia titulada “El carnaval de las ideologías”, referida al mural del mismo nombre de José Clemente Orozco (donde se burla de los caciques de la época), Anaya habló de su vigencia:

“Si hablamos de los caciques, quizá no son los caciques de hoy porque ahora son los narcotraficantes que controlan y que tiene igualmente sumidos en la miseria a los campesinos, pero vuelve a haber un control de esta gente.

“Con respecto a los políticos, es lo mismo, lo que vemos en El carnaval de las ideologías está totalmente vigente con esas perversas alianzas que se están dando respecto de las fusiones de grupos que parecían totalmente irreconciliables.”

En su ponencia “La clericalización posrevolucionaria de Jalisco”, el historiador Agustín Vaca observó las agitadas relaciones entre el Estado y la Iglesia desde la Revolución y cuyo último episodio fue la polémica en torno a la construcción de un Santuario de los Mártires en Guadalajara, cuando el gobernador de Jalisco quiso regalar 90 millones de pesos para contribuir a la construcción de ese edificio que glorifica a los cristeros.

“La construcción del Santuario de los Mártires muestra la confianza que ha recuperado la Iglesia local”, anotó Vaca. Dijo además que, sobre todo en los últimos 15 años, “se puede observar cómo en Jalisco la Iglesia coloca a ciertos políticos que la favorecen”.

Sin embargo, el profesor recordó que “los clericales han perdido el monopolio que tenían en la vida sexual y se agregó la palabra ‘laica’ para calificar el Estado en la Constitución”.

Otra historiadora, Raphaële Plu-Jenvrin, vio en las conmemoraciones una oportunidad para que los mexicanos se interesen en su propia historia. Esta especialista de la Sorbona en historia del PRI observó que, desde hace varios años, “todos los discursos se topan con la cuestión del relevo político”:

“El problema es el siguiente: ¿Cómo una élite puede operar su propio relevo y cambiar las instituciones para dar más lugar a las organizaciones civiles, las asociaciones y los intelectuales?”

Según ella, 2010 será fructuoso si los debates sobre la sociedad en el marco del Bicentenario se conjugan con una reforma del Estado mexicano.

Con el objetivo de descifrar los mitos vinculados que rodean los cambios radicales de la Independencia y de la Revolución, los ponentes del coloquio de Montpellier estudiaron también aquellos grandes personajes y hechos históricos que “estructuran la identidad de una sociedad”, según las palabras de Marie-José Hanaï.

La construcción del mito revolucionario, así como su deconstrucción y a veces su crítica en la literatura, la pintura y la fotografía mexicanas, fueron objetos de estudios presentados en el coloquio. Así, Laurent Aubague, profesor de la Universidad de Montpellier, analizó una serie de famosas fotos de los archivos de los hermanos Casasola que muestran escenas que van del Porfiriato a la Revolución Mexicana. Por ejemplo, la de Pancho Villa asesinado y ensangrentado, que “permitieron captar el estilo del final del ‘reino’ de Díaz, así como fabricar la leyenda visual de una epopeya revolucionaria”.

Otra fotografía más, la de Pancho Villa en la silla presidencial con Emiliano Zapata a su costado, en el palacio presidencial en 1914, le suscitó:

“Esta foto es muy teatral. Nos sorprende la heterogeneidad de las presencias humanas: hombres elegantes (…) se codean con hombres de apariencia mucho más popular, probablemente campesinos. La variedad de las personas presentes en esta foto histórica nos muestra que en su primera fase (1910-1914), el proyecto revolucionario tenía el apoyo de fuerzas sociales diferentes pero que encontraban puntos de convergencia.”

Ampliamente conocido en México, Claude Fell, profesor en la Sorbona y traductor –entre otros– de algunos libros de Carlos Fuentes, estimó en una mesa final que el coloquio fue una prueba del gran interés académico que hay en Francia por la historia mexicana. Compartió la tribuna con varios investigadores, entre ellos el escritor mexicano Evodio Escalante y Karim Benmiloud, uno de los catedráticos que organizó el encuentro, quien señaló:

“Queremos crear una red de investigadores mexicanistas, porque somos muchos en Francia.”

El conjunto de las ponencias del coloquio México 1810-1910 se recogerá en un libro cuya publicación está prevista para septiembre de este año.

Texto publicado en la edición 1742 de la revista Proceso, actualmente en circulación.