"Imprevisibles historias en torno a la obra y legado de Edmundo O'Gorman"

domingo, 28 de marzo de 2010

MÉXICO D.F., 24 de marzo (apro).- Dentro de la colección Vida y Pensamiento de México, del Fondo de Cultura Económica, en coedición con la UNAM, la historiadora Eugenia Meyer da a conocer, con casi cuatro años de retraso “no imputables a la autora”, una antología de textos de Edmundo O’Gorman en un volumen de 958 páginas, con un estudio preliminar.

         La obra estuvo lista para conmemorar los cien años del natalicio del destacado historiador (1906), a una década de su fallecimiento.

         Vale la pena enlistar los 27 textos que la profesora de posgrado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM escogió para conformar este, sin duda, valiosísimo material del autor de La invención de América:

         “El Caballo Blanco”, “Santo Tomás Moro y la Utopía de Tomás Moro en la Nueva España”, “Sobre la naturaleza bestial del indio americano. Humanismo y humanidad. Indagación en torno a una polémica del siglo XVI”, “El caso México”, “El engaño de la historiografía”, “Justo Sierra y los orígenes de la Universidad de México, 1910”, “Pedro Mártir y el proceso de América”, “Hidalgo en la historia”, “La Apologética historia, su génesis y su elaboración. Su estructura y su sentido”, “Sentido y actualidad de la Historia de la Conquista de México, de Antonio de Solís”, “Estudio crítico a Historia de los indios de la Nueva España”, “Estudio analítico de los estudios históricos de Motolinía”, “El sutil regalo del negro hitlacoche”, “La historia como búsqueda del bienestar. Un estudio acerca del sentido y el alcance de la tecnología”, “La historia: Apocalipsis y evangelio. Meditación sobre la tarea y responsabilidad del historiador”, “El heterodoxo guadalupano”, “Fantasmas de la narrativa historiográfíca”.

Además, los prólogos a: Escritos y memorias, Sucesos y diálogo de la Nueva España, Vida religiosa y civil de los indios, México en 1554 y Túmulo imperial, Los indios de México y Nueva España, Nezahualcóyotl Acolmiztli.

Y las introducciones a Los nueve libros de la historia, de Herodoto, e Historia de la Guerra del Peloponeso.

         Y para explicar el por qué de la selección, qué mejor que recoger del estudio preliminar de Meyer, titulado “El oficio de historiar”, este fragmento inicial:

“En un texto escrito poco antes de ser asesinado por los nazis, Marc Bloch insistía en que el primer deber de un historiador es interesarse por la vida. Sin tener la certeza de que Edmundo O’Gorman conociera a profundidad el pensamiento del historiador francés, fundador de los Annales junto con Lucien Febvre, parece una coincidencia feliz el compromiso de ambos con la vida. En el caso del mexicano, tal empeño determinó su lucha por la causa de la libertad, partiendo de que el historiador, como protagonista de su tiempo, es simplemente historia. Por ello predicó con el ejemplo a lo largo de su longeva y fecunda vida e insistió en que la tarea del historiador era la de rescatar la historia del hombre en el pasado y no, por el contrario, como muchos insistían, la historia del pasado del hombre.

         “Edmundo O’Gorman fue sin duda un historiador comprometido con sus ideales, claramente insobornable en la tarea de recurrir a la historia para encontrar nuestra razón de ser; la inspiración del futuro y, sobre todo, alcanzar la felicidad. Fue un nacionalista convencido; su pasión por México y lo mexicano se reveló desde muy joven, al tiempo que se lanzó a la conquista de espacios, de tiempos históricos, al conocimiento y posterior comprensión de la vida y obra de una serie de hombres que marcaron las sendas del pasado nacional.

         “Su oficio estuvo regido por una interrogante personal y ontológica: ¿a qué aspira el hombre? A partir de ahí logra un pensamiento lógico y congruente que lo lleva a definir la naturaleza de la vida humana y a perseverar en una existencia mejor para sí mismo a lo largo de los años. Ciencia y tecnología, decía, deben servir al hombre para que la felicidad sea asequible, valiéndose de los instrumentos de la técnica y las profundidades del pensamiento.

         “Reconocía que la mayor presa del historiador radica en poder transubstanciar el pasado en presente, prodigiosa alquimia de esa asombrosa potencia del alma que es recordar. Era así, porque el hombre había logrado asumirse como el amo del universo y, en consecuencia, sólo le restaba convertirse en ‘amo de sí mismo’ para recobrar la inocencia y con ello recuperar el paraíso perdido.

“Inocencia de la que, tal vez en busca de ese edén malogrado, se había desprendido él mismo tiempo atrás, cuando a mediados del siglo XX contribuyó a satisfacer las rigurosas exigencias del presente utilizando los instrumentos del historiador; lúcido hasta la desesperación de quienes lo escucharon, admiraron o envidiaron, punzante y también cáustico sin piedad.

“Este hombre singular, de inteligencia privilegiada, que gozaba de provocar y escandalizar con sus ideas, conjugó admirablemente talentos, compromisos y pasiones como jurista, filósofo, historiador y maestro en el más amplio sentido de la palabra. La hazaña de su vida comenzó el 24 de noviembre de 1906, en el seno de una familia de raíces irlandeses y mexicanas. Entre otros antecedentes, tuvo por tía tatarabuela nada menos que a doña Leona Vicario. La madre, Encarnación O’Gorman Moreno, descendiente del primer cónsul británico en nuestro país, Charles O’Gorman, encauzó a sus hijos Juan, Edmundo, Cecilia y Tomás hacia las actividades intelectuales. El padre, Cecil Crawford O’Gorman, ingeniero minero llegado a México en el ocaso decimonónico, encontró aquí su verdadera vocación, la de pintor; y les heredó a sus vástagos la pasión por el arte, además de un recio sentido estético.”

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