Tributa FICG a Varda, vieja amiga de Jim Morrison

domingo, 28 de marzo de 2010

MÉXICO, D.F., 24 de marzo (apro).- La cineasta, guionista, cinefotógrafa, editora, compositora, actriz y productora Agnès Varda recibió, el pasado jueves 18, un reconocimiento por su trayectoria durante la emisión número 25 del Festival Internacional de Cine de Guadalajara.

Su entonces director Jorge Sánchez (acaba de renunciar) le entregó el Mayahuel de Plata tras asegurar que la cineasta de origen belga representaba “la pasión por el cine, el amor por el cine, pero, sobre todo, el trabajo por el cine”.

Directora de cintas como Cleo de 5 a 7 y La felicidad, ella destacó:

“Es el privilegio y la marca de la vejez. Entre más edad tienes más medallas te dan, es una pequeña compensación.”

Y confesó de buen humor haber visitado por primera vez Guadalajara hace 30 años, “cuando aún nadie aquí sabía que era cineasta (ahora lo saben unos pocos)”. Recordó que en 1965 tuvo la oportunidad de conocer y pasar una velada en compañía del cineasta español Luis Buñuel en el puerto mexicano de Acapulco, donde recibió el premio Palanca.

Luego de la ceremonia conducida por Eugenio Derbez y su hija Ashlyn, Varda acudió a una función especial para presentar al público su cinta Las playas de Agnès; otras películas de su autoría fueron proyectadas durante los siete días del festival tapatío como parte de las actividades dedicadas a Francia, país invitado a esta edición.

Un episodio misterioso en la vida de Varda y sobre el cual no ha mencionado gran cosa está relacionado con la amistad que sostuvieron ella y el cantante Jim Morrison, del conjunto de rock Las Puertas, en sus días finales de París.

Atendiendo la urgente petición de la novia de Pamela Courson (Pam), compañera de Morrison, éste inconsciente en su departamento parisino la mañana del viernes 3 de julio de 1971, Varda se encargó de llamar a una ambulancia y tratar de que los paramédicos revivieran al rocanrolero, quien fue declarado muerto aquel día por sobredosis de heroína y otras drogas.

Sólo cinco personas asistieron al entierro de Jim Morrison en el cementerio Padre Lachaise: su novia Pamela, Robin Wertle, Bill Siddons de la disquera de Las Puertas, Alain Ronay y Agnès Varda.

El nombre de la cineasta Varda inevitablemente aparece en todas las biografías sobre Jim Morrison que se han publicado. Hemos tomado el siguiente extracto del capítulo “El exilio”, del libro El Rey Lagarto. Lo esencial de Jim Morrison (Grupo Editorial Tomo; México, 1999; traducción Tato Garibay Morales, 340 páginas), en recuento del famoso cronista norteamericano Jerry Hopkins.

 

Muerte en París

 

En un principio, París parecía ofrecer lo que Jim deseaba o, por lo menos, una gran parte de ello...

Desarrolló una amistad con dos cineastas franceses, Agnès Varda y su esposo Jacques Demy. Demy era mejor conocido fuera de Francia por dirigir Los paraguas de Cherburgo y a ella se le llamaba “abuela de la Nueva Ola”...

Para mediados de junio de 1971, su amigo francés de Los Ángeles, Alain Ronay, estaba viviendo con Jim y Pam en su apartamento. A finales de mes se mudó a la casa de Agnès Varda, pero se mantuvo en contacto. Años después, Ronay reveló que el jueves 2 de julio pasó la mayor parte del día con Jim...

         Al dia siguiente, Pam dijo a la policía que habían visto la película Death Valley (“El valle de la muerte”); lo que pasó después de esa película fue, por mucho tiempo, algo abierto a conjeturas, tema de cruel desacuerdo y controversia.

Años más tarde, Varda dijo que Pam hizo la llamada a las 8 a.m., hora en que nunca contesta el teléfono; pero Ronay lo hizo y escuchó a Pam decir: “¡No puedo despertarlo, creo que Jim se está muriendo!”.

         Ronay fue al cuarto de Varda, la despertó y ella llamó a una ambulancia inmediatamente. Ronay escribió la dirección de los Morrison mientras Varda marcaba el número de emergencias del departamento de bomberos. Apuradamente, Ronay le dijo que no dijera nada acerca de que Jim era una celebridad, y cuando ambos terminaron de hacer la llamada, fueron en auto al apartamento de los Morrison.

         En las entrevistas que ella y Ronay dieron a Paris Match en 1991, dijeron que cuando llegaron vieron bomberos en la calle... Ronay y Varda subieron al departamento del segundo piso. Hasta ese punto, hay una contradicción en las historias de Ronay y Varda: Esta recuerda claramente que cuando ambos llegaron, Jim aún estaba en la tina, rodeado por bomberos. Por su lado, Ronay dijo que Jim ya se encontraba en la cama y que él jamás vio sangre. La fiel descripción de la escena de la muerte en el baño, según Varda, le da más credibilidad que la de Ronay...

Mientras el doctor llevaba a cabo su auscultación, el teléfono sonó. Era el amigo de Pam, el Conde... Después de colgar, Pam regresó con Ronay y Varda, tomando del brazo a Ronay, quien le pidió:

“Dime rápidamente cómo murió Jim...”

Pam se lo contó. Ronay y Varda acordaron mantenerlo en secreto... Ninguna autopsia fue requerida y Pam obtuvo el permiso para seguir adelante con los arreglos funerarios.”

En una de las pocas entrevistas a medios mexicanos, Agnès Varda confesó a Notimex que le agradaría que los directores de cine ganaran mucho dinero, pero que en esta industria es muy difícil, sin embargo; para ella no es un factor “valorable” (sic).

De 82 años de edad, insistió en que no hay nada mejor que “una buena película que contar”, y en su opinión, le apasiona sentir lo que un autor transmite con su filme y saber que está bien escrita la historia, para dejar de lado los factores económicos, y comentó:

“Siento que entonces sí hay un verdadero cineasta detrás de la cámara. Por ejemplo, recuerdo que en un Festival de Cine de Cannes (Francia) nos llevamos una gran sorpresa con Carlos Reygadas. No se me olvida que la primera vez que él llegó al festival con su película Japón, en 2003, dijimos: ‘¿Pero quién es este tipo? ¿Cómo se atrevió a hacer esto?’, porque nadie le daba crédito.

“Luego volvió con Batalla en el cielo, en ese entonces yo formaba parte del jurado del festival y casi todos estábamos escandalizados, aterrorizados, mejor dicho, con la película. A mí me pareció escandalosa, pero también muy interesante por todo lo que planteaba...

“Era una grata lección de lo que llamo cine-escritura, y porque muestra a un México contemporáneo y contrastante; para mí, la película era una gran producción del autor en la que descubrí una escritura muy interesante.”

Varda añadió que disfruta también de la obra de Arturo Ripstein y de Alejandro González Iñárritu.

Como es su costumbre, durante esta visita a México la homenajeada Varda no mencionó nada acerca de su amistad con Jim Morrison, quien por cierto realizó a finales de junio de 1969 actuaciones con su grupo Las Puertas, en la Ciudad de México.

 

ap/cvb

--FIN DE NOTA--

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