Nada que celebrar

viernes, 5 de marzo de 2010

MÉXICO, D.F., 5 de marzo (Proceso).- Me uno a las voces que consideran que el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución mexicanas no merecen celebraciones. Además de la opacidad sobre el gasto gubernamental que, al considerarse como información reservada, no se dará a conocer sino hasta dentro de 12 años (Excélsior, 15 de enero 2010), el estado de las instituciones culturales posrevolucionarias y las consecuencias de su gestión no dan motivos para festejar.
En sustitución de las dispendiosas y efímeras celebraciones, en el contexto de las artes visuales, se podrían realizar acciones de larga duración que incidieran en la democratización de la comprensión, difusión y consumos del arte mexicano.
Para empezar, se debe atender la carencia de educación artística de contenido histórico y teórico, que existe en todos los niveles de la educación pública. Es difícil apreciar el patrimonio artístico cuando sólo se exige su veneración sin explicar su valor creativo y social. En lo que respecta a la educación superior, es indispensable generar programas que democraticen la actividad profesional. En la Ciudad de México, la licenciatura en historia del arte sólo se puede cursar en universidades privadas y, en el ámbito laboral, existen notorias desigualdades en la competencia profesional.
Otro aspecto urgente radica en la puesta en valor del arte mexicano. Es indispensable diseñar programas que incidan en la construcción de obras maestras, emblemáticas, famosas e inamovibles de los museos que las custodian. ¿Cómo se puede fomentar un turismo cultural sin colecciones permanentes reconocidas a nivel nacional y global que contengan obras maestras que atraigan y seduzcan a mexicanos y extranjeros? En lo que se refiere al arte mexicano contemporáneo, ¿cuántas obras maestras se pueden enumerar?
En lo que concierne al posicionamiento del arte mexicano a nivel global, es importante atender la presencia de los museos mexicanos en internet. Antes de continuar con las remodelaciones y gastos en la infraestructura museística, es urgente crear sitios web atractivos, con la información adecuada y constantemente actualizados, para cada uno de los principales museos del país.
Y por último, cuatro acciones en el subsector cultural que serían una excelente celebración: combatir la impunidad, transparentar la información, combatir la duplicidad de funciones y convertir a la rendición de cuentas en una costumbre gubernamental. A dos meses de haberse iniciado 2010, ni la presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes –Consuelo Sáizar– ni la directora del Instituto Nacional de Bellas Artes –Teresa Vicencio– han dado a conocer su informe-evaluación de labores 2009 y su planeación 2010. Alejadas notoriamente de los cuestionamientos públicos, ambas funcionarias le deben a la ciudadanía un diálogo abierto en el que respondan a preguntas sobre la pertinencia e impertinencia de su gestión.