Maciel: Impune hasta la eternidad

domingo, 7 de marzo de 2010
MÉXICO, D.F., 7 de marzo (Proceso).- Medio siglo después de una primera investigación, el Vaticano entrevista a siete víctimas del pederasta Marcial Maciel. A la reunión privada, el cardenal Norberto Rivera “envío a un espía”, lo que desvanece aún más la esperanza de justicia, ya reducida porque Ratzinger –como en su momento lo hizo Juan Pablo II– encubrió al fundador de la Legión de Cristo antes de convertirse en Papa. Las personas abusadas sexualmente en las décadas de los cuarenta y los cincuenta demandan hoy que la orden “debe reestructurarse o extinguirse”. “Yo estoy aquí para recoger sus testimonios, pero solamente en calidad de oidor”, les advirtió el obispo Ricardo Watty a las siete personas que fueron abusadas sexualmente por el padre Marcial Maciel, y que había congregado frente a él. Las víctimas de Maciel se endurecieron y le externaron a Watty su escepticismo sobre las pesquisas que realiza por órdenes del Papa Benedicto XVI. Para dar su perdón, advirtieron, la Legión de Cristo –la congregación religiosa fundada por Maciel– necesita “reestructurarse o extinguirse”, no hay otra forma de reparar los daños. El pasado 20 de febrero, en la parroquia de El Altillo, en la Ciudad de México, las siete víctimas de Maciel expusieron durante casi cuatro horas su postura y plantearon sus demandas ante el obispo Watty, el visitador apostólico que les envió el Vaticano para recabar sus testimonios y elaborar después un informe sobre los Legionarios de Cristo. Para sorpresa de quienes fueron citados a declarar, en la reunión estuvo presente Carlos Briseño Arch, obispo auxiliar de la arquidiócesis de México y, por tanto, subalterno del arzobispo Norberto Rivera, quien siempre ha defendido a Marcial Maciel y ha denostado a sus víctimas. Alejandro Espinosa, uno de los agraviados por Maciel convocadas al encuentro, señala: “Monseñor Briseño fue el espía que nos envió el cardenal Rivera a esa reunión, en la que supuestamente no debía haber colados. Pero Briseño logró colarse y estuvo de mirón. Yo no le vi ninguna otra función. Quizá el cardenal se lo impuso a Watty, o bien, Watty se confabuló con el cardenal.” José Barba, otra de las víctimas ahí presentes, no oculta su desencanto: “No me agradó que asistiera Briseño, el obispo auxiliar del cardenal Rivera, porque el cardenal siempre defendió a Maciel y a nosotros nos ha denostado durante años. Norberto es un hombre indigno que tergiversó y silenció la verdad.” –¿Con la presencia de Briseño, se corre el riesgo de que las declaraciones de ustedes puedan tergiversarse ante el Vaticano? –Sí, hay posibilidad de que se tergiversen. Al comenzar la reunión, monseñor Watty nos explicó que Briseño estaba ahí para auxiliarlo. Ignoramos si, previamente, monseñor Briseño hizo un juramento de guardar secreto, porque debe haber cierta discrecionalidad en la ejecución de una visitación apostólica tan importante como ésta. Extracto del reportaje que se publica en la edición 1740 de la revista Proceso, ya en circulación.