El cambio y la contradicción de Damien Hirst

domingo, 18 de abril de 2010

MÉXICO, D.F., 18 de abril (apro).- Damien Hirst (Bristol, Inglaterra,1965), el artista vivo con la obra mejor pagada en toda la historia del arte, y la principal figura del llamado Young British Artists (jóvenes artistas británicos), es creador del afamado tiburón metido en una gaveta transparente llena de formol, pieza que tituló La imposibilidad de la muerte en una mente viviente. En 2006 expuso por primera vez en México. Ahora, Dark Trees se muestra desde el 16 de abril en la Galería Hilario Galguera.

Al igual que su obra, Damien Hirst parece estar cambiando; o al menos eso proyecta. Puede ser una estrategia recomendada por su asesor financiero de cabecera, o simplemente una faceta poco conocida de la estrella principal del mainstream contemporáneo del arte.

Pero Hirst es otro al que llegó por primera vez a la Ciudad de México en el 2007. El irreverente, el inquieto, el delirante Hirst quien hizo flotar tiburones y corderos en formol en la segunda planta de la Galería Hilario Galguera y, en franca actitud punk, intentaba tomarle el pelo a los reporteros declarando que la serie que estaba por inaugurar había sido inspirada en los tabloides de nota roja locales, se ha esfumado.

Ahora es un personaje enfundado en una camisa almidonada, con sus inseparables lentes oscuros y zapatos bien lustrados; rodeado de un equipo de seguridad similar al de cualquier cantante inglés mediático del momento.

Pero sigue siendo contradictorio:

“El cambio en sí mismo es uno de los temas centrales desde mis inicios”, argumenta ante la evidente transformación de su forma de ser y producir, porque ha dejado atrás al numeroso grupo de colaboradores que montaban sus gabinetes llenos de somníferos, para enfrentarse ahora al solipsismo de un lienzo en blanco, como ha dejado de responder lo primero que se le ocurre.

Y por supuesto, también es otra la atmósfera que acompaña a su obra.

En la galería Galguera se percibe ese silencio gélido que envuelve a la pintura en los museos, apenas perturbado por las recomendaciones del vigilante que prohíbe sacarle fotografías a la serie Dark Trees, conformada por 30 pinturas de gran formato, las cuales apenas aparecieron exhibidas durante 2009 en la londinense Wallace Colection acumularon todo tipo de críticas, negativas en su mayoría.

Antes, en las entrevistas, Hirst se tiraba sobre un sofá, se desnudaba, hacía lo inimaginable; ahora charla en una pequeña estancia, rodeado de café, refresco, agua y con un equipo que milimétricamente administra su tiempo con los medios.

“La prensa inglesa se ha ensañado con él, esa es la razón del porqué la seguridad”, se disculpa Galguera, aunque Hirst se observa cómodo y dispuesto a responder.

Mientras se acomoda deja ver tres anillos plateados en forma de calavera en su mano derecha; después, paciente, espera la retahila de preguntas; la mayoría sobre el tema del dinero, como si fuera un experimentado corredor financiero, pero es imposible olvidar que la obra For The Love Of God, una calavera humana decorada con 8.601 diamantes, la vendió en cerca de 100 millones de dólares sin necesitar intermediario alguno.

--¿Cree que el capitalismo es un obstáculo o un estímulo a la creatividad?

--El artista debe de tener claro que el dinero puede ser utilizado para crear objetos que muevan a las personas. Mi objetivo siempre ha sido obtener dinero para pintar, no al revés. Fui muy afortunado desde el inicio, no sólo lo tuve claro, además tuve una asesoría financiera. La ventaja es que el asesor sólo trabaja para mí; es muy diferente con una galería, te piden te dediques a pintar y ellos a vender, pero al final solicitarán la mitad; es como un matrimonio, siempre hay alguien que abusa del otro.

Y después comienza a pontificar:

“El dinero es una parte importante en el mercado del arte, y esto genera una gran tensión a los artistas preocupados por ser buenos vendedores. El arte es atractivo para el dinero porque ofrece sentir algo único, lo cual nadie más puede. Esa es la razón de que tanta gente quiera poseer este valor único.

--Entonces, ¿cuál es el ingrediente del arte que escapa a la medida del dinero?

--El objetivo, la meta, el dinero es sólo una herramienta para que el artista produzca una cosa sobrecogedora, fascinante, capaz de cambiar la mente de quien lo pueda ver. No estás creando objetos para mover a la gente detrás del dinero, tu objetivo es el arte no la publicidad. Yo me río de la gente que tiene cuadros muy caros pero no los puede vender y los tiene que colgar en su casa; la venta no hace al buen artista.

Las reseñas en 2009 sobre Àrboles oscuros no repararon en calificativos negativos acerca de  la calidad de su obra pictórica. Sin embargo, Hirst parece no inmutarse, además cualquier publicidad le viene bien “porque toda la obra está vendida”, no ha quedado una sola de las 30 pinturas, fondeadas en azul y negro, llenas de los principales fetiches de Hirst: mandíbulas de tiburón, aves desangrándose, cráneos.

 “El arte, en cierta forma, trata de la verdad, y aunque la pintura se basa en la ilusión, creo es el arte como una forma de llegar a la verdad mediante la ilusión, porque produce y alberga algo enigmático”, describe.

Subraya que sus instalaciones parten de esa paradoja: de un dibujo o una pintura.

“Para mí así es de sencillo; algo tan pasado de moda, como la pintura, te permite crear la ilusión… tal vez esto tiene que ver con lo que siempre me ha interesado: la evasión.”

--¿Qué es lo primero que piensa cuando escucha decir Jeff Koons?

--Lujo.

--¿Charles Saatchi?

--Sexo.

--¿Hilario Galguera?

--Clítoris.

--Andy Wharol?

--Homosexual.

--¿Punk?

--Joe Strumer (vocalista de The Clash)

--¿Muerte?

--Ataúd.

--¿Vida?

--Un montón de mariposas.

--¿Originalidad?

--Lo imposible.

La galería se encuentra en Francisco Pimentel 3, Colonia San Rafael. La exposición durará hasta al 30 de julio.

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