El trovador francés Jean Ferrat (1930-2010)

viernes, 2 de abril de 2010

MÉXICO, D.F., 2 de abril (apro).- Llama la atención que existan países como Francia cuya misma naturaleza ciudadana preserva, casi genéticamente, una profunda admiración por sus mejores artistas populares contemporáneos vivos y los despide en la hora de su muerte como patrimonio nacional, cual sucedió a mediados de mes con el cantor y poeta comunista Jean Ferrat.

El 13 de marzo, la agencia de noticias France Presse comunicó al mundo:

“Falleció el cantante Jean Ferrat, un artista comprometido con los ideales comunistas y considerado el último de los grandes de la canción francesa junto a Jacques Brel, Leo Ferré y Georges Brassens, informaron autoridades locales en Ardèche, al sur de Francia.

“Prolífico y discreto, Jean Ferrat, de 79 años, compuso e interpretó unas 200 canciones, en las que mezclaba textos comprometidos, homenajes al poeta y novelista Louis Aragón y declaraciones de amor a Ardèche, su región adoptiva, donde vivía desde hacía muchos años...”

Apodado cariñosamente Le Cocó (“guapetón”, “mono”) por la masa obrera y aquellos universitarios parisinos que lo vieron iniciar en los años sesentas con sus cantares libertarios, Ferrat fue enterrado junto a su primera intérprete y esposa Jacqueline Sévres (Christine Boissonnet, Marsella, 25 de marzo de 1931-1 de noviembre de 1981), en Ardèche.

Comenzaron con su pieza original La Matinée, que grabarían en 1969, arrancando ella de gira con Georges Brassens en 1964 mientras Ferrat se escondía tras bambalinas y sólo se les unía para el final.

Espera, amada mía,

aún no termino mi sueño.

El mío es azul

y está inundado de sol…

Isabelle Aubret, muy cercana a Jean Ferrat también en el repertorio de sus canciones, le rindió un homenaje emotivo en el escenario aquel sábado al mediodía en Tours, interpretando ¡Qué hermosa es la vida!:

“He perdido a un amigo, el público asimismo ha perdido a un camarada. Es un desastre después de todos aquellos años, de excelentes momentos y de tantas canciones maravillosas.”

La famosa diva de la canción Mireille Mathieu expresó:

“Las canciones de Jean Ferrat nunca dejaron de cantarse, como Adoro perder la razón… Hoy millones de personas estamos muy tristes en este atardecer, unos por compartir el compromiso de los ideales comunistas como él, otros que amaban la montaña, y algunos que nos identificamos en adorar perder la razón, una de las más hermosas canciones de amor.”

Y el genial cantautor George Moustaki:

“Significó todo un ejemplo de sacrificio, jamás escatimó nada de lo que tenía en su corazón por ser un hombre políticamente comprometido, pero no era de esos cantores de manifiestos que lanzan palabrerías de retórica dogmática, sino a través de su sensible verdad poética.”

Primer chansonnier ecologista

Nacido el 26 de diciembre de 1930 en Vaucresson (suburbios de París) y registrado con el nombre de Jean Tenenbaum, perdió a la edad de 11 años a su padre, quien era un judío emigrado de Rusia y deportado a Auschwitz. Ferrat fue salvado gracias a militantes comunistas, algo que nunca olvidó.

Para Frédéric Mitterand, ministra de cultura francesa, la obra artística de Jean Ferrat integró el compromiso político con la fraternidad del amor, en canciones como Nuit et Brouillard, Potemkine, Camarada, Mi muñeca y La montaña, que se considera la primera canción ecologista en Francia, “pero no olvidemos Los ojos de Elsa, y su interpretación de los poemas de Aragón que marcaron a toda su generación”, señaló al diario Actualité.

Ferrat decidió interpretar textos comprometidos en 1963 como Nuit et Brouillard (“Noche y niebla”, 1963), que habla de los horrores de la deportación durante la guerra.

La desbandada monótona y sin prisas

sobrevive un día más, una hora todavía, obstinada.

¡Cuánta movilización callejera, cuánto ir y venir

para que no cese la esperanza!

Su nombre sería Jean-Pierre, Natasha o Samuel,

algunos con plegarias a Jesús, Jehová o Vishnú;

otros no rezan pues, ¿qué importa el Cielo?

Su anhelo es ya nunca vivir de rodillas.

Dicha canción no fue difundida por las emisoras galas e igual suerte corrió luego con Potemkin (1965), a la gloria de los marineros del acorazado del Mar Negro cuyo amotinamiento fue el preludio de la Revolución rusa de 1905.

Potemkin:

Mi cantar tiene sordina...

 

Eran marinos de recia disciplina,

eran marineros, eran guerreros,

y la grandeza de su corazón fue cincelada

al soplo de los cuatro vientos.

Eran marineros en aquel acorazado...

        

Aquel que han de ejecutar, ya está muerto de hambre.

Preparan el crimen y el mar es profundo.

Potemkin: mi hermano será fusilado.

Mi hermano, mi amigo, mi hijo, mi camarada.

Marinero:

no dispares a otro marinero.

En este atardecer, Potemkin,

yo amo a la marina...

Simpatizante del Partido Comunista Francés (PCF) sin haber sido nunca miembro, Ferrat guardó distancia frente al régimen soviético y con su rebelde Camarada denunció la invasión rusa a Praga, en 1968.

Es un nombre bonito: ¡Camarada!,

cierto, bonito nombre...

Al correr de los años, Camarada,

al correr de los años, ¿sabes?,

los labios se alegran cual alborada:

“¡Camarada!, ¡Camarada!”

        

Es un nombre terrible,

cuando suena la hora

de una enmascarada y estremece:

“¿A qué han venido ustedes, Camarada,

qué buscan por acá?

Agosto en Praga lleva ya cinco horas

de haberse oscurecido, Camarada,

Camarada...”

Posteriormente, en su pieza Bilan (“Balance”) criticó el "equilibrio globalmente positivo" hecho por el PCF sobre los países del Este. A dichas canciones se agregaría Mi Francia, compuesta en 1965 en tiempos electorales, la cual molestó de sobremanera al general Charles de Gaulle, por hablar del “aire de libertad” que se respira “más allá de las fronteras” de su patria, en un texto donde nombra la independencia artística de Picasso, citando a Víctor Hugo y el poeta Paul Élouard.

Muchos años después, para una de las escasas entrevistas que concediera a la televisión francesa en 2003, Ferrat criticó el monopolio de la industria discográfica, estimándola peligrosa para la creatividad.

Al triunfo de la rebelión de Fidel Castro contra la dictadura de Batista, Ferrat viajó a Cuba en junio de 1967 y regresó con nuevas piezas contestatarias como Cuba sí, A Santiago y Los guerrilleros, que cantaría en una visita a México luciendo  grueso bigote.

Según la vocalista Line Renauld, Ferrat fue “un gigante de la composición, hombre de una gentileza admirable que desbordaba ternura por sus ojos y en todo su canto… Era un hombre profundo.”

A su vez, la secretaria del Partido Comunista Francés (PCF) Marie-George Buffet, dijo:

“Para mí como para millones de franceses, al morir Jean Ferrat se ha llevado algo muy profundo de nosotros, porque tan generosa fue su lucha poética por el bien de la gente pobre y por su ideal de libertad, que igual sus críticas y exigencias al PCF siempre fueron muy útiles.

“Nuestro camarada Jean Tenebaum, conocido como Jean Ferrat, se ha ido este sábado a reunirse con sus amigos los poetas. Estoy conmocionada. Para mí, como para millones de franceses, algo de nosotros se va con él. Tantas personas le deben tantos recuerdos íntimos o colectivos.

“Es el cantante cuyo sentido de la humanidad y de la justicia ha acompañado el compromiso de generaciones de militantes. Jean Ferrat es la voz que ha transmitido, interpretado y popularizado las voces de Aragon, Prévert, Lorca. Jean Ferrat encarna los valores de la amistad, de amor, de generosidad hechos canciones. El supo unir la poesía, el pueblo y sus ideales. Recuerdo esa tarde pasada con él en Entraigues en el café de la Montagne en el corazón de su Ardèche, no cantaba para pasar el rato ni hablaba por hablar. Su vinculación con el Partido Comunista era útil y exigente. Su desaparición es una gran pérdida. A su familia, a sus amigos, a todos los que sienten pena y tristeza, como yo, quiero expresarles mi certeza de que el mensaje, las canciones de Jean Ferrat no nos abandonarán.”

El largo cortejo de Jean Ferrat en Arléche convocó tanto a fieles rancheros montarases y pescadores o proletarios, como a notables figuras comunistas de Francia, quienes no tuvieron empacho en permitir a un político de ideas derechistas presidir el funeral.

Así, el mandatario galo Nicolás Sarkozy manifestó:

“Cada persona guarda en su memoria las melodías inolvidables y los textos rigurosos de sus canciones, mismos que prevalecieron al paso del tiempo al igual que su generosidad y su humanismo entregados por su poesía, a nuestras almas y nuestros corazones.

“Con Jean Ferrat hallamos que no claudicar ni transigir en nuestras creencias es un valor imprescindible para nuestras vidas, pero también para la canción francesa.”

Robert Hue, decano del PCF, evocó que cuando se postuló a la candidatura presidencial por única vez en 1999, Ferrat se acercó a manifestarle su apoyo:

“Su manera de dirigirse a nuestra patria fue íntima, la Francia encarnada por una mujer a quien él contaba las desventuras de la ciudadanía común y corriente.”

La primer secretaria de Partido Socialista Francés (PSF), Martine Aubry, afirmó en un comunicado que “cualesquiera de sus canciones era un himno a la resistencia. Aunque lo acosaron los de ideas reaccionarias para tentarlo, jamás abdicó en su lucha contra toda forma de servilismo”. 

Jean Ferrat ha sido la muestra de cómo la música popular unifica los intereses más diversos de los ciudadanos de un país que lleva en la sangre el amor al arte de la tierra propia.

ap/

--FIN DE NOTA--

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