Deposita Pacheco antología y obras en bóveda del Cervantes

miércoles, 21 de abril de 2010

Madrid, 21 de abril (apro).- Durante 100 años estará custodiado bajo llave el legado que hoy depositó aquí José Emilio Pacheco en la Caja de las Letras, una bóveda acorazada ubicada en la sede del Instituto Cervantes.

Como el escritor no quiso que fuera un secreto reveló su contenido: La antología revisada de lo publicado a lo largo de 50 años, Tarde o Temprano, y la reedición de su novela Las batallas en el desierto, además de una serie de manuscritos en papel revolución, “que era el papel más barato y de cuando yo no tenía conciencia ecológica”, y sus “instrumentos de trabajo”, una pluma estilográfica, un bolígrafo, un rotulador, y el comunicado del Premio Cervantes 2009, para que las futuras generaciones “sepan quién fui”.

“Lo dejo para que quien abra esto en cien años sepa quien fui, porque no creo que nadie recuerde mi obra”, dijo con su singular sencillez.

En alusión al simbolismo del acto, cuyo legado será reabierto en un siglo, José Emilio Pacheco señaló que no sabe si habrá libros en el siglo XXI, pero que sí se atrevía a creer que seguiría existiendo la lengua española.

Pacheco, quien se mostró agradecido por la “generosidad” del Cervantes por invitarle a depositar en la caja número 1525 de esta vieja bóveda que perteneció al Banco Central, estuvo acompañado por la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, la directora del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel, y por su familia.

El escritor señaló que “con humildad y orgullo” esperaba que cuando su legado se abra dentro de un siglo esas futuras generaciones de un “impensable 2110, tengan piedad de mí y de esta época oscura y sangrienta”, porque él solo es “una gota en el océano y un átomo en la cadena que empezó hace años”.

La caja 1525 que correspondió a Pacheco se encuentra encima de la que contiene el legado de la escritora Ana María Matute y del escritor Juan Marsé, depositado en ediciones recientes del Premio Cervantes, que Pacheco recibe en dos días.

El también colaborador de Proceso dijo en la ceremonia que algunos de los manuscritos—que metió agrupados en un fólder color amarillo—“pertenecen a distintas épocas” y los eligió “al azar”, alguno de ellos es un “pedazo” de una crónica literaria, y la mayoría están escritos “con una letra manuscrita pésima, lo cual me da mucha vergüenza”.

El escritor mostró su espontáneo sentido del humor al decir, “me despido de ellas”, al momento de introducir en la caja sus “instrumentos de trabajo”, su pluma estilográfica, el bolígrafo y el rotulador, al igual que cuando Carmen Caffarel, la directora del Cervantes, le entregó la llave simbólica y el certificado que acredita la cesión, “no sé para qué me la dan, en cien años yo no voy a existir”, señaló.

Incluso, dijo que cuando, en cien años, abran la caja sus instrumentos de trabajo serán “vestigios” que en esa época parecerán sacados de “una cueva de la Prehistoria”.

Incluso ironizó luego de colocar el legado en esta vieja bóveda bancaria y firmar el acta, “estoy tan acostumbrado a manejar dinero”.

Este jueves 22, Pacheco iniciará la XIV lectura continuada del Quijote, de Cervantes, en el Círculo de Bellas Artes.

En la ceremonia solemne del premio Cervantes, el viernes 23 en la Universidad de Alcalá de Henares, el escritor mexicano recibirá el galardón de manos del Rey de España.