Fábrica social: por una nueva artesanía

domingo, 25 de abril de 2010

MÉXICO, D.F., 21 de abril (apro).- Fábrica Social es una organización no gubernamental sin fines de lucro, que busca empoderar a grupos de mujeres artesanas en México por medio del diseño, al tiempo que se conservan y fortalecen técnicas artesanales tradicionales.

Podría considerarse como una escuela itinerante de diseño, que visita de manera intermitente las comunidades de artesanas e imparte talleres de diseño, principalmente en el campo textil.

Posteriormente, en una segunda etapa, Fábrica Social ayuda y prepara a las artesanas para que comercialicen sus productos con base en lo que suele llamarse comercio justo: las artesanas se llevan hasta el 50% de cada pieza que venden.

Los productos que las artesanas han realizado con la colaboración de Fábrica Social se han vendido en Nueva York (Estados Unidos), Valencia y Barcelona (España), Suiza, Holanda, Japón y México. Actualmente poseen cuatro puntos de venta: uno en Tokio, uno más en Holanda, dos en Nueva York y uno en México.

“Los productos que hacemos con ellas --comenta Emilienne Limón, una de las responsables del proyecto-- no es lo que vas a encontrar en un tianguis. No trabajamos con piezas clásicas: no vas a encontrar un huipil cuadrado, o a lo mejor sí, pero con un cinturón, o la gama de color va a ser diferente, o la tela va a ser otra, porque creemos que esas piezas ellas ya las comercializan o ya tienen un lugar en el mercado.”

Fabrica Social ha trabajado con varios grupos de mujeres artesanas en diversos estados de la República: Dzitnup (Yucatán, de origen maya), Mujeres que Tejen (Teotitlán del Valle, Oaxaca, de origen zapoteca), Yohocuaha (San Juan Colorado, Oaxaca, de origen mixteca), MBBN  (Zacacuatla, Hidalgo), Cruz Alta (El Oro, Estado de México), Patronato Cuajimalpa (Cuajimalpa, D.F.) y Jolom (Chiapas, de origen maya y mestizo).

Dentro de los donantes que han ayudado a la ONG se encuentran Semillas A.C., Grupo ADO, Levi Strauss Foundation, American Express, Mujeres invirtiendo en Mujeres y Aeroméxico.

 

Si no es tradicional, no sirve

 

“El año pasado --recuerda Emilienne-- fui a un congreso de la UNESCO en Italia y me encontré con un cuate que era el director de Aid to Artisans, que es un organismo que ayuda a la artesanía mundial en Estados Unidos. En una cena, yo traía puesta una de las piezas que hicimos con uno de los grupos de artesanas que colaboran con nosotros. Un diseño único. Todo el mundo decía: ‘¡Ah, tu bolsa! ¡Qué maravilla!’.

“Una de las comensales le dijo al exdirector: ‘Oye, tú que tienes un mercado de artesanías, ¿por qué no te llevas la bolsa?’. Y él dijo: ‘Eso no es artesanía’. Y, claro, porque en sus parámetros de artesanía él estaba esperando cosas tradicionales.”

Pero la crítica constructiva no paró ahí. Una indígena peruana que ha  trabajado con textiles en Perú le aconsejó a Emilienne: “No te alejes de lo tradicional, porque es mucho más difícil de colocar en el mercado.”

Y Emilienne  comenta: “A mí me parece una atrocidad. Me parece muy respetable que se quieran conservar los modelos tradicionales y que estén documentados y que haya la posibilidad de replicarlos. Pero al final los indígenas están llenos de influencias externas, igual que todos nosotros, y eso va enriqueciendo su manera de crear. Me parece muy limitado que se les pida que hagan la misma greca que hace 200 años. Es como dejarlos en el pasado, y esta onda de no tocarlos es como de zoológico, como si no fueran personas.”

Prosigue: “Los artesanos están confinados a hacer lo que han hecho por siglos: repetir y repetir la misma pieza. Obviamente todas las bordadoras de esa cierta comunidad hacen el mismo bordado y el mismo huipil, y ese huipil está perfecto, pero es necesario que tengan herramientas para hacer un huipil de otro color o con otra tela, con otras formas, u otras cosas, como la joyería que hemos desarrollado a partir del textil, siempre respetando la técnica que ellas utilizan.”

Para Emilienne, como para el resto del equipo de Fábrica Social, las técnicas tradicionales son bellísimas, pero están menospreciadas.

“La artesanía que tenemos es la que todas nuestras mamás compraron. No hay mucho que ofrecer en cuanto a novedad. La artesanía se volvió un souvenir, casi nadie usa las cosas que compra, salvo para colgarlas en la pared…  o sea, no son objetos de uso diario. Nuestra idea es que sea la blusa que te pones para ir a la oficina, por ejemplo”, señala.

 

Las dificultades del cambio

 

Desde la perspectiva de Fábrica Social, todo esto suena muy bien, pero ¿qué tanto las artesanas están dispuestas a cambiar?

Según Emilienne, al parecer hubo reticencia al cambio en varios sentidos, ya sea desde el diseño hasta el material, pero finalmente, aunque no tienen la iniciativa de ser muy innovadoras, al final “quedan sorprendidas de que puedan hacer cosas tan bonitas, es decir, saben que su artesanía tradicional es bonita, pero si 2 mil mujeres hacen el mismo huipil y sólo 30 hacen cierto tipo de blusa, pues hay una sensación de empoderamiento. Además, con menos diseños similares, hay más capacidad para negociar el precio.”

A pesar de que ha habido reticencia del mercado para poder posicionar los nuevos diseños artesanales, Emilienne tiene confianza en que el proyecto seguirá creciendo y que poco a poco más grupos de artesanas se irán sumando a esta aventura artesanal y encontrarán otras formas de mostrar a la artesanía mexicana como algo vivo y menos como meras piezas de museo. “Y mostrarlo no sólo en nuestro país, sino en todo el mundo”.

Fabrica Social se fundó en 2006. El proyecto está integrado por Emilienne Limon, Dulce Martínez De La Rosa, Miki Amano y Nadia Williams.

 

ap/cvb

--FIN DE NOTA--

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