Rimbaud: Su nuevo rostro

martes, 27 de abril de 2010

MÉXICO, D.F., 27 de abril (Proceso).- Quien piensa en Arthur Rimbaud evoca, casi indefectiblemente, la fotografía que de él hizo Etienne Carjat en octubre de 1871, pocos días después de que el poeta cumpliera 17 años de edad: Es la imagen del adolescente recién salido de las aguas lustrales de la infancia que, sin embargo, ha escrito ya la llamada “carta del vidente” y los versos de “El barco ebrio”.
Es la imagen de Rimbaud por excelencia. El centro de su exigua iconografía fotográfica, compuesta hasta ahora por sólo ocho retratos: uno con sus compañeros de clase, en el colegio Rossat (1864); otro con su hermano Fréderic, el día en que ambos hicieron su primera comunión (1865); dos hechos por Carjat en la primera mitad de la década de 1870 (incluyendo el mencionado); uno más, con un grupo de cinco personas, en el que se le ve sosteniendo un rifle (1882), y tres autorretratos, realizados en Harar, Etiopía, en abril o mayo de 1883, con el propósito de que su madre y sus hermanos se acuerden de su figura.
No obstante, el retrato con el rifle y los tres autorretratos están tomados a tal distancia y tienen una calidad tan pobre, que no permiten distinguir bien a bien sus facciones. En los tres últimos, el blanco prevalece y todos son difusos. Sin duda, como advierte el propio Rimbaud al final de la carta con que los envía (6 de mayo de 1883), por la mala calidad del agua que utilizó para lavarlos. En las cuatro fotografías que se conservan, sus rasgos apenas se adivinan en el rostro ennegrecido por el sol.
De allí que durante más de un siglo los lectores de Rimbaud hayan sentido siempre curiosidad por conocer el rostro que éste tenía cuando llegó a ser adulto, el rostro de quien en las cartas que enviaba desde África a su familia solía hablar de tantos enojos e inconvenientes, que sus quejas eran “en cierto modo una manera de cantar”, como escribió el 10 de julio de 1882.
Por eso es que ha producido un gran revuelo noticioso la aparición de una nueva fotografía de Rimbaud, descubierta por dos libreros franceses, Alban Caussé y Jacques Desse, entre un lote de treinta y tantas fotografías más adquirido hace dos años en una tienda de antigüedades de su país –ambos se han negado a especificar el nombre de la  tienda, así como a revelar cuánto pagaron por el lote.
Lo que llamó la atención de los libreros fue la inscripción al reverso de una de esas fotografías: “Hôtel de l’Univers”, el mismo nombre del sitio que Rimbaud da a su familia en una carta del 18 de noviembre de 1885 como domicilio para recibir correspondencia en Aden, Yemen.
El anverso de esa imagen, que habría pertenecido a Jules Suel, propietario del establecimiento en la época en que Rimbaud se alojaba en él, muestra a un grupo de siete personas –seis hombres y una mujer– sentadas en la terraza del hotel, en lo alto de la escalinata de ingreso.
Caussé y Desse examinaron la fotografía cuidadosamente y se preguntaron si el segundo personaje de derecha a izquierda podría ser el poeta al que los dos admiran. Para confirmar sus sospechas buscaron la ayuda de Jean-Jacques Lefrère, autor de la más completa y voluminosa biografía de Rimbaud que se haya escrito (Arthur Rimbaud, Fayard, 1242 pp.) y de una decena de libros más, incluyendo uno dedicado a Rimbaud en Aden, en el que reúne una colección de fotografías de época que muestran los lugares que el poeta frecuentó.
Lefrère es un médico de 54 años de edad que en 1977 asombró a los lectores de poesía de todo el mundo con la publicación, en La Quinzaine Littéraire, de la primera fotografía de Isidore Ducasse, mejor conocido como el Conde de Lautréamont, autor de los Cantos de Maldoror, que encontró a través de la nieta de un condiscípulo de Ducasse.
La seriedad y el profundo conocimiento que Lefrère tiene de la obra de Rimbaud –es reconocido de manera unánime como el principal especialista– dan veracidad al hallazgo de Caussé y Desse, quien con Lefrére ha escrito un artículo al respecto que aparece en el último número (enero-marzo 2010) de la revista Histoires Littéraires. Habrá que leerlo para saber qué pruebas y medios técnicos emplearon para identificar como Rimbaud al personaje que vemos en la fotografía. Como se sabe, existen programas de cómputo que permiten proyectar la transformación de un rostro en el curso de los años. Las declaraciones que han hecho en diversas entrevistas dejan entender que ya han recurrido a ese procedimiento.
No por ello deja de haber escepticismo y desconfianza entre algunos lectores que expresan sus dudas en los diarios y en la red electrónica. Hay quienes aconsejan prudencia y mayor acopio de evidencias. No vaya a resultar, para decirlo con las célebres palabras de Rimbaud, que “yo es otro”.
Luego de estar expuesta del 15 al 18 de abril ante miles de asistentes al Vigésimo Segundo Salón Internacional del Libro Antiguo, en el Grand Palais, en París, la fotografía en cuestión –9.6 x 13.6 centímetros– fue vendida a un particular no identificado que, al parecer, pagó por ella, y por el resto del lote del que formaba parte, más de cien mil euros.
Si pudiera enterarse de la noticia, Rimbaud, que alguna vez soñó en hacerse rico montando un negocio de fotografía en Aden, sonreiría.
Es necesario preguntarse qué significa conocer finalmente el rostro de Arthur Rimbaud adulto. ¿Modificará esta nueva imagen nuestra percepción del poeta?
El incomparable René Etiemble, gran estudioso de literatura comparada y uno de los más inteligentes estudiosos de la obra de Rimbaud –y de la mitología en torno a éste– se quejaría, con razón, de que no se lee en verdad a Rimbaud pero se idolatra su imagen y se quiere conocer su vida oculta.
Como ha señalado otro gran lector de Rimbaud, Alain Borer, la búsqueda de su rastro crea siempre una ficción. Acaso forma parte de ella este nuevo descubrimiento.

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