Mi defensa

domingo, 23 de mayo de 2010

MÉXICO, D.F., 23 de mayo (apro).- Aturdidos vivientes: cansado de oír insensateces sobre mi persona, críticas a mis decisiones y condenas a los resultados de las mismas, escribo ésta en mi defensa.

En verdad que me da risa el que tantos y tantos de ustedes no se expliquen el que un individuo, más bien de aspecto insignificante, de orígenes oscuros y hasta sospechosos –por haber sido mi abuela paterna una madre soltera, de educación, por diversas causas, deficiente, que los mal pensadores atribuyen a mi para nada brillante mente–, un individuo fracasado, pues, ambicione ser un gran arquitecto o famoso pintor y no un albañil y pintor de brocha gorda, como vulgarmente se dice. Un individuo cuya falta de educación explica el que, dicen, escribiera un libro que, aseguran, es un galimatías, esto es, un ejemplo de lenguaje oscuro y confuso, con el que expongo, afirman, monomaniaco racismo, delirante y bruto militarismo, frenético nacionalismo y cinismo político, libro tan difícil de leer que contadas personas tomaron en cuenta.

Me da risa, repito, que tantos de ustedes no se expliquen que un individuo así llegara a ser uno de los protagonistas más importantes de la historia, que entusiasmó a millones de seres con los que arrastró a otros muchos millones más a una de las más dinámicas y hermosas actividades humanas, la que pone en evidencia las más vitales cualidades humanas: la guerra, que trastorna y saca de la aburrida rutina a naciones, instituciones y personas.

¡Ah, mis equivocados jueces! La respuesta no es que me entregara a lo oculto, que ejercitara la brujería o que hiciera pacto con Satanás. ¡No! la respuesta está en los pocos que honestamente han reconocido, después de estudiarme, que tenía inteligencia natural, que poseía un indiscutible talento de orador, una extraordinaria fuerza de voluntad y una innata y admirable capacidad para influir en las personas… entre otras cosas.

Considero que lo anterior pone en claro que en modo alguno fui un simple agitador, un halagador de las pasiones de un pueblo, un Flautista de Hamelin capaz de arrastrar tras de él tanto a ratas como a inocentes, sino que más bien confirma que fui –y soy, como se verá más adelante– la voz de muchas de las necesidades y deseos por satisfacer, así como también de fracasos en busca de alivio y hasta de resentimientos necesitados de mitigación que se agitan siempre en el colectivo humano generalmente.

Si les parece que exagero, que miento y no me creen, a las pruebas me remito.

Se me acusa y sigue acusando de haber exaltado el llamado darvinismo social, de haber hecho de mis seguidores unos fanáticos practicantes de la lucha por la vida y la sobrevivencia de los más fuertes, que justifica atrocidades y tranquiliza conciencias, y eso es cierto, pero díganme si la globalidad en la que viven, con eso que los obliga a ser competentes y competitivos ¿no es la misma gata revolcada? ¿Esos sus amados poder del dinero y constante competencia entre la libre empresa, el libre mercado y los individuos, no persiguen relegar y hasta hacer desaparecer a los competidores?

Se me recrimina el haber reclamado y puesto en práctica la política del “espacio vital” (lebensraum), gran verdad, pero acaso sus amados capital financiero, libre mercado y libre empresa, ¿no reclaman e incluso exigen libertad ilimitada para moverse por todos los países y chantajean con retirarse de todo gobierno que no se pliega a sus reclamos y exigencias? Y los judíos, que tanto me critican y me odian, y no digo que no tengan razones para hacerlo, ¿no siguen mi política del “lebensraum” cuando siembran de asentamientos judíos las tierras de los palestinos?

Se me achaca el haber practicado la criminal política de descabezar a los pueblos, a los movimientos, a los grupos de acción que se me oponían por medio del asesinato de sus elites. Pues sí, pero díganme: ¿en ese su mundo de globalidad neoliberal no también se practica la selectiva persecución y la eliminación, si es necesaria, de los dirigentes de los pueblos, de los movimientos, de los grupos de acción que les son contrarios?

Ustedes, aturdidos vivientes, a la luz de estos hechos, a los que se pueden añadir otros más muy parecidos, dirán si tengo razón o no para decir, como lo hice más arriba, que fui protagonista de la historia, más que por otra cosa, por ser la voz de las necesidades y deseos por satisfacer, así como también de las frustraciones por aliviar y de resentimientos por mitigar y que, acullá o allá, no dejan de agitar al colectivo humano.

Y mientras así sea, mientras no cambie la naturaleza humana, siempre estaré entre ustedes, les guste o les disguste.

Sin más.

ADOLF HITLER

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