Pintores mexicanos: Georgina Quintana

jueves, 3 de junio de 2010

MÉXICO, D.F., 3 de junio (Proceso).- Con una ausencia en la escena capitalina de casi 12 años, Georgina Quintana presenta su propuesta más reciente en la galería Óscar Román. Integrada con dibujos de gran formato y pinturas dibujísticas, el conjunto descubre a una artista que, al margen de las modas postconceptuales, ha continuado la exploración de ideas, prácticas y temáticas pictóricas.

Integrante de la generación que dominó el escenario artístico de México en la pasada década de los ochenta, Quintana forma parte del grupo de pintores que sustentó el posicionamiento y prestigio de la galería OMR desde sus inicios en 1984, hasta finales de los años noventa. Marginada –como tantos otros– de la escena institucional y comercial de ambiciones globales, la pintora ha encontrado en los museos regionales una cálida e inteligente recepción para sus nuevas propuestas. 

Interesada desde los primeros años de su carrera –a principios de la década de los ochenta– en la exploración del transcurso del tiempo, la artista construyó un lenguaje a partir de objetos –juguetes, aviones y herramientas de medición y de uso doméstico como tijeras y máquinas de coser–, cuerpos fragmentados, plantas y flores que se integraban en paisajes fantásticos de colores intensos, oscuros y opacos. Arriesgada y segura en las transformaciones de su pensamiento artístico, a partir de los años noventa Quintana desarrolló un vocabulario en el que la naturaleza vegetal y animal, el pensamiento filosófico, el conocimiento científico y referencias a su propia historia, se unen en una exuberante y dorada luminosidad.

Apasionada tanto del acto pictórico como del dibujístico, la artista se introdujo al siglo XXI con una propuesta hibridada que destaca la acción de “iluminar”. Realizadas con tintas y óleos, en tabla, lino, papel o pellón, las sutiles obras que ha realizado Quintana en los últimos seis años se distinguen por una silenciosa y enigmática fusión de dualidades: pasado y presente, naturaleza y productos culturales, imágenes cotidianas con sensaciones extrañas. Expandida no sólo en los formatos que han invadido los muros sino también en los modelos que oscilan entre muñecas virreinales, objetos de medición antiguos, textiles, mamíferos, insectos, fósiles, plantas y flores, la artista ha desarrollado una propuesta que gira en torno a la presentación, comprensión y exploración de la existencia.

Concebida desde una perspectiva integral, que significa a todo lo que existe en el universo como parte de un mismo orden, la obra de Quintana dialoga formalmente con las representaciones de la historia natural decimonónica, con esculturas de perros, con instrumentos de medición, con iguanas vivas, con semillas germinando, con flores de plátano y con tallos de orquídeas, evidenciando discretamente la estructura fluida de un tiempo que nunca es pasado y que nunca es futuro. 

Bajo el título de Naturaleza inquieta, la muestra que presenta Óscar Román sintetiza los últimos ocho años de una artista que, también, debería tener una revisión museística de carrera.