La milpa, riqueza biológica y cultural de México

viernes, 4 de junio de 2010

MÉXICO, D.F., 6 de junio (apro).- Bajo la coordinación de los investigadores Edelmira Linares y Robert Bye, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) creó el programa La milpa. Baluarte de nuestra biodiversidad biológica y cultural, con la finalidad de lograr que se reconozca a la milpa como un “baluarte universal de la biodiversidad, sustentabilidad y soberanía alimentaria de México y del mundo”.

Mediante este programa, la UNAM se sumó a las celebraciones del Año Internacional de la Biodiversidad, declarado por la Organización de las Naciones Unidas para este 2010 y cuyo propósito es promover la protección de la diversidad biológica y crear conciencia sobre las amenazas que la ponen en riesgo, así como las acciones que se pueden realizar para su conservación.

         México --se ha dicho incansablemente-- es una de las cinco naciones en el mundo con mayor diversidad biológica, pero también cultural. Y la milpa es un ejemplo de ambas.

En la página www.milpa.unam.mx, donde se da conocer el programa, se explica que la milpa fue una invención de Mesoamérica y el ser humano ha trabajado a lo largo de milenios para mantenerla y evitar su destrucción.

         El fallecido antropólogo Guillermo Bonfil Batalla estableció también el vínculo de la milpa y el maíz con la historia de México y su cultura:

“Durante milenios, la historia del maíz y la del hombre corren paralelas en estas tierras. Más que paralelas, están indisolublemente ligadas. El maíz es una planta humana, cultural, en el sentido más profundo del término, porque no existe sin la intervención inteligente y oportuna de la mano, no es capaz de reproducirse por sí misma. Más que domesticada, la planta de maíz fue creada por el trabajo humano.”

En su estudio sobre el hambre en Sudzal, Yucatán, el antropólogo describió con todo detalle a la milpa a partir de esta comunidad, es decir la forma de producirla, los beneficios de consumirla y su relación con la cosmogonía de las comunidades rurales. La milpa, añadió, es mucho más que la labor agrícola.

“La agricultura milpera está rodeada de conceptos y prácticas mágico-religiosas. El calendario lunar que rige algunas de las etapas (como la siembra y la quema) es conocido sólo por algunos campesinos ancianos y ciertos jóvenes apegados a la tradición; la mayoría, sin embargo, se sujeta al calendario sin conocer los motivos que determinan las fechas. La ceremonia más importante del ciclo agrícola es el ch’a’chaak, ritual propiciatorio con el cual se espera garantizar una buena cosecha.”

         Se conoce como “triada mesoamericana” a los cultivos que forman parte de la milpa --maíz (con alrededor de 60 razas nativas), frijol y calabaza--, aunque, según los investigadores de la UNAM, varían de acuerdo con la zona geográfica o las diferentes localidades de México, de acuerdo con su entorno ecológico y cultural.

Hay otras plantas, como quelites, chiles, tomates, plantas medicinales, amaranto y jamaica, por mencionar algunas, además de animales, que se adaptan a vivir en este “agro-sistema”, y es, por tanto, un ecosistema.

La página web pone énfasis en que la milpa, por contener toda esa diversidad biológica, contrasta con la producción de alimentos en monocultivos que no sólo son altamente industrializados y mecanizados, sino que desgastan las tierras.

En cambio, la variedad de cultivos de la milpa no sólo nutre la tierra, sino que “proporciona beneficios incontables para el ambiente, la biodiversidad y la organización social en el trabajo agrícola”.

         La milpa, señala la página, “es, en suma, una propuesta civilizatoria originada en la Mesoamérica prehispánica, que puede ser una luz para el futuro de la humanidad y para la conservación de la biodiversidad.”

         La propuesta de los investigadores de la UNAM que buscan el reconocimiento a la milpa contrasta con la de otros especialistas de la misma casa de estudios, como Francisco Bolívar Zapata, quien respaldó la iniciativa conocida como Ley Monsanto, con la que se aprobó la producción de organismos genéticamente modificados (transgénicos) que, se ha denunciado, pone en riesgo la variedad de razas de maíz nativo que existen en territorio nacional.

         También llama la atención que las instituciones culturales, que fracasaron en el proyecto para reconocer a la gastronomía mexicana como patrimonio cultural de la humanidad, no impulsen el reconocimiento, pero sobre todo la conservación de la milpa, y en cambio se hayan empeñado en la declaratoria de la UNESCO a favor del paisaje agavero (monocultivo), aunque una de las principales industrias tequileras (la que produce el tequila Herradura) no sea ya mexicana, sino de propietarios estadunidenses, y por lo mismo se beneficia del llamado “turismo cultural”, con sus paquetes y visitas a la Casa Herradura.

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