Estos huesos que ves: el ritual fúnebre de los héroes

lunes, 7 de junio de 2010

MÉXICO, D.F., 7 de junio (Proceso).- Como una pifia más del gobierno federal en su postura frente a los centenarios fue recibido el hecho de que las osamentas de los próceres de la Independencia fueran exhumados y vayan a ser exhibidos en Palacio Nacional, tras su previa identificación. “A mí no me gusta todo ese culto, por eso digo que con muchísimo respeto se analicen los restos y se les vuelva a poner en su lugar”, señala la especialista en estudios independentistas Guadalupe Jiménez Codinach.

La exhumación de las osamentas de 12 héroes que se encontraban en la Columna de la Independencia reanimó la polémica por la “frivolidad” y el “desatino” con que el gobierno calderonista festeja el Bicentenario, y revivió –además– el viejo debate sobre su identidad y autenticidad, así como sobre el incierto destino que tuvieron los de José María Morelos.

Tras de que el domingo 31 de mayo Felipe Calderón encabezó la ceremonia en la cual se retiraron de la Columna las nueve urnas con los restos de los próceres, se les rindieron “honores militares” y, en un “cortejo fúnebre” por Paseo de la Reforma, se trasladaron a un laboratorio instalado ex profeso en el Museo Nacional de Historia en el Castillo de Chapultepec, mucho se ha escrito en los medios y en internet sobre el asunto.

No faltó quienes vieran el hecho como otro acto de “pan y circo” que no aporta al logro de los propósitos de justicia social, libertad o igualdad que motivaron la lucha insurgente, y han exigido a las autoridades que dejen de “manosear” a los héroes y les permitan “descansar en paz”, pues la verdadera forma de honrarlos es hacer realidad sus ideales.

Entrevistada vía telefónica, la historiadora Guadalupe Jiménez Codinach, especialista en el periodo independentista, doctorada en la Universidad de Londres, autora de libros como México. Su tiempo de nacer. 1750-1821 y Los proyectos de una nación, 1821-1888, así como curadora de diversas exposiciones históricas, expresa su desa–cuerdo con actos donde los políticos se “toman la foto” que “para qué demonios sirve”. 

No se imagina que los franceses pudieran hacer algo semejante, sacando los restos de Napoleón de su sarcófago en el Palacio Nacional de Los Inválidos para pasearlos por Les Champs-Élysées.

Según información oficial del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), los restos corresponden a Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama, José María Morelos, Mariano Matamoros, Mariano Jiménez, Xavier Mina, Vicente Guerrero, Leona Vicario, Andrés Quintana Roo, Nicolás Bravo y Guadalupe Victoria.

Añade que un equipo de especialistas encabezados por Lilia Rivero Weber, coordinadora nacional de Conservación del Patrimonio Cultural, y José Antonio Pompa, director de Antropología Física, del INAH, realizarán estudios para determinar el estado físico de las osamentas, así como sus características de edad, estatura, sexo, etnogenética, variantes anatómicas, huellas de enfermedad y fracturas, entre otras.

Al concluir los estudios (se calculan tres meses), los vestigios se llevarán a Palacio Nacional para su exhibición en una galería que, según el jefe del Ejecutivo, “se está construyendo”, y donde se presentará la muestra México 200 años, la patria en construcción.

Pasadas “las fiestas del Bicentenario”, serán devueltos a la Columna de la Independencia.

Se ha descartado el estudio de ADN para determinar a qué personaje corresponde cada uno de los restos, pues no todos tienen descendencia. Así que volverán a su mausoleo en el mismo anonimato en el cual salieron y ha dado pie por años a historias en las que se pone en duda quién es quién, y hasta la autenticidad de los restos.

 

Duros de roer

 

En el libro Ignacio Ramírez. El Nigromante. Memorias prohibidas, de Emilio Arellano, se cuenta que el propio hijo de Morelos, Juan Nepomuceno Almonte, al irse al exilio en París, Francia, decidió llevar consigo los restos del prócer, por lo cual pudieran encontrarse en el cementerio Père-Lachaise, si es que Almonte no los arrojó al mar durante la travesía (véase recuadro).

El presidente de la Comisión del Bicentenario del gobierno de la Ciudad de México, Enrique Márquez, le entró a la polémica (diario La Razón) al recordar que durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, el propio José Manuel Villalpando, encargado ahora de la Comisión Nacional Organizadora de las Conmemoraciones de 2010 a nivel federal, fue comisionado para ir a indagar al cementerio de Montparnasse, en París.

El historiador José Antonio Crespo evocó también ese hecho del gobierno salinista (Excélsior), para recordar que entonces Villalpando aseguraba que los restos de Morelos se hallaban en París y ahora afirma que están entre los exhumados en la Columna de la Independencia.

Para Jiménez Codinach constituye un error haber asumido que Almonte se llevó los restos al exilio –enojado porque había terminado el imperio de Maximiliano de Habsburgo, al cual sirvió–, razón por la cual Villalpando consiguió dinero para ir a París a buscarlos:

“Cuando hicieron eso, Ernesto Lemoine, otro historiador y yo les advertimos, y no se llegó a nada. El error está en no saber historia ni cronología ni nada: Cuando se va Almonte, más o menos en marzo de 1866, con una misión encargada por Maximiliano y Napoleón III, no sabía que el imperio iba a acabarse. ¿Cómo se iba a llevar unos huesos yéndose al exilio porque se acabó el imperio, si faltaban un año y meses para el fin? Asumieron todo mal, y claro, cuando fueron a escarbar no encontraron nada.”

Agrega que varios historiadores coinciden en que los huesos de Morelos sí son los del Ángel de la Independencia. Antes estuvieron en el Altar Mayor de la Catedral Metropolitana, más de 100 años, desde 1823 hasta 1925. En 1865 fueron exhumados de ahí porque el Ayuntamiento de la Ciudad de México quiso hacerles un homenaje y para desempolvarlos, quitarles la telaraña y demás, literalmente los lavaron y ahí fue donde se revolvieron los huesos y ya no se supo quién era quién.

Se tiene la certeza, dice, de los cuatro héroes cuyas cabezas colgaron en las esquinas de la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato (Aldama, Allende, Hidalgo y Jiménez), porque las calaveras a la intemperie sufrieron un deterioro distinto; además, al haber sido cortadas después de su fusilamiento, presentan determinada forma.

A la historiadora le han comentado especialistas del INAH que la decisión de retirar los restos de la Columna de la Independencia, se debió a que el monumento tiene problemas de humedad y era urgente aplicarles una solución para estabilizarlos y evitar que se siguieran desmoronando. Pero considera que es una buena oportunidad entonces para hacerles un serio análisis y determinar sus causas de muerte:

“Por ejemplo, a Hidalgo, que se sabe que sí está ahí, no le dispararon el tiro de gracia en la cabeza. Le dieron tres descargas que prácticamente le desbarataron el estómago y estaba tosiendo mucho, entonces el jefe del pelotón pidió que le dieran un tiro directo en el corazón, por lo cual su calavera no debe tener hoyo en el hueso frontal.”

Lo pertinente, a su juicio, sería cotejar los huesos con los partes militares de cada ejecución, porque se sabe que tratándose de órdenes como esa debía haber un testimonio de que se había cumplido la sentencia. Algunos de estos partes se encuentran en el Archivo General de la Nación y describen cómo murieron, de qué heridas, cuántas balas recibieron, etcétera.

No duda Jiménez Codinach que con las nuevas técnicas forenses se pueda determinar también la edad, pues no es lo mismo un hombre cercano a los 30 años como fue Mina, que uno de 50. Como historiadora, le gustaría incluso que se determinara si padecían de alguna enfermedad, como diabetes, hipertensión, artritis, cáncer, si hay evidencia científica para establecer que Morelos padecía ciertamente de migrañas y por qué. 

Y con las modernas técnicas digitales se podría, incluso, a partir de la morfología de su calavera, reconstruir su rostro. Ése sería un gran avance, pues no se tienen retratos de los héroes, y precisa que ninguno de los pintados que se exhiben en museos como el Nacional de Historia, fueron hechos en vida. Morelos sí se hizo uno en 1813. Mina también, en Londres, en 1815, pero el resto, Allende, Jiménez, Aldama e incluso el mismo Hidalgo, han sido un poco inventados por los pintores.

 

Ni orgullos ni 200

 

La historiadora enfatiza que valdría la pena determinar quiénes son y quién realmente está ahí. Podría incluso tratarse de otros personajes, como Pedro Moreno. Está convencida de que sí son independentistas, pero relata que en 1823 el Congreso Nacional declaró Beneméritos de la Patria a 13 héroes, entre quienes no se incluyó a Leona Vicario ni a Josefa Ortiz de Domínguez. Se pregunta entonces si estos 12 de los que se habla ahora tienen que ver con aquéllos y en qué momento se llevaron los restos de Vicario y del esposo de doña Josefa, Andrés Quintana Roo, al Ángel.

–Si se trataba de una medida de conservación, ¿hacía falta toda esa ceremonia?

–¡Noo! Lo que pasa es que les gusta unirse a los políticos para que les tomen la foto. A mí no me gusta todo ese culto, por eso digo que con muchísimo respeto se analicen los restos y se les vuelva a poner en su lugar. Claro, hay que arreglar la Columna primero, para que no tenga humedad, porque eso sí los daña.

Si ya los retiraron de ahí, subraya, hay que aprender algo con las nuevas técnicas y saber quién sí está y quién no, porque, dice, ciertamente durante mucho tiempo se creyó que Almonte se había llevado los huesos cruzando el mar. Ella supone que, en todo caso, pudieran haber sido llevados a una iglesia cercana.

–¿Entonces realmente no se sabe si Morelos está o no?

–Es que se hizo una revoltura tremenda. Ahora, si El Nigromante lo escribe, debemos recordar que fue hacia finales del XIX y además Almonte era su enemigo. A lo mejor lo acusan de algo totalmente falso, porque insisto: Él no podía saber en 1866 que el imperio se iba a acabar un año y pico después.

Al final, lo importante de todo, y particularmente de los festejos del Bicentenario, es que “debieran ser para hacernos ver por el bienestar de la mayoría de la gente: No hay trabajo para los jóvenes, no tienen lugar dónde estudiar... ¿a dónde van a caer?”.

Expresa su molestia porque el gobierno de Guanajuato vaya a gastar 39 millones de pesos en una Victoria Alada que construirá en el llamado Parque Bicentenario, entre Silao y la ciudad de Guanajuato:

“En eso sí debemos insistir como sociedad: ¡Señores, no necesitamos eso! Necesitamos fuentes de trabajo, tener libertad, dignidad, que nos indignemos con hechos como el del pobre hombre que mataron en San Isidro, pero quedarnos callados ¡por Dios, que es inadmisible!”

Reprueba también por históricamente falsa la campaña gubernamental que reza que se cumplen “200 años de ser orgullosamente mexicanos”, cuando el término mexicano no se usaba hace dos siglos, y en 1810 no se consiguió la independencia:

“Son clichés de la propaganda y parece que estamos en manos de la mercadotecnia. Esa no es la realidad, no es la historia y están gastando cantidad enorme en esos anuncios...”

Se le comenta entonces que la fiesta para el 15 de septiembre en el Zócalo costará más de 60 millones de dólares y se contrató a una empresa estadunidense para organizarla (Proceso 1715). No oculta su indignación:

“¡Eso es un crimen! ¡Es un crimen! Teniendo necesidad de trabajar, teniendo maravillosos artesanos de fuegos artificiales ¿que traigan unos extranjeros? No es posible. Si analizamos todos los valores que sí buscó la guerra de Independencia: Soberanía popular, igualdad ante la ley, justicia, la equidad ¿dónde está hoy todo eso?”

A la manera como escribió David Huerta sobre la Columna de la Independencia (Proceso 502):

“Ahí no está la patria, cuando mucho la celebración oficial de la patria y su materialización.”

 

 

Comentarios