Sinceras condolencias

lunes, 12 de julio de 2010

MÉXICO, D.F., 7 de julio (apro).- Doctor J. A. Schumpeter: respetable colega, bien sé que tanto usted como yo estamos mucho más allá de todo bien y todo mal, pero eso no es obstáculo para que, por carta a este buzón, le dé mi más sentido pésame por el mal estado por el que atraviesan sus principales conceptos sobre economía.

Me supongo, y créame que lo lamento, la desazón de sus huesos en la tumba al saber que sus ideas fundamentales, ejes de su visión de la economía: su confianza en las innovaciones, evolución, progreso; su fe en los empresarios innovadores, emprendedores; su firme creencia en la destrucción creadora del capitalismo, no eran verdades absolutas, sino más bien teoremas, es decir, proposiciones que exigen demostración, pues siempre hay diferencia de lo pintado a lo vivo, de lo especulado a la práctica.

Pues bien, la práctica, como usted lo sabe tan bien como yo, ha revelado y sigue revelando, con preponderancia del negro, como sucede en toda buena placa fotográfica, que sus supuestos (que tanto y tan bien han servido y sirven --¡todavía!— a los capitalistas para alimentar y apuntalar, para robustecer su ideología y a sus egos e incluso para justificar sus decisiones y acciones, aunque no pocas de las mismas fueran o sean criticables) han sido y son falsos, así en el pasado como  en la actualidad… ¿O será que han sido y continúan siendo falseados? Usted, respetable colega, dirá cuál de las dos posibilidades es la real… pero cuidado, pues tenga en cuenta que si piensa lo segundo, ese falseamiento ha sido y es hecho por los que usted considera los protagonistas, los reanimadores, los dinamizadores de la economía: los empresarios con iniciativa, los emprendedores.

Para salir de duda, bueno será que veamos con un poco más de detenimiento a estos protagonistas que, insisto, tanto entusiasmo despertaron en usted y a los que tanto elogió y a los que tanto igualmente celebra, glorifica y pone de ejemplo a seguir la ideología neocapitalista, ya que, como bien se sabe, toda ideología tiene sus héroes y sus villanos, sin que muchas veces sea posible, hay que confesarlo en aras de la verdad, distinguir la línea que separa a unos de los otros, como ocurre, según mi leal saber y entender, en este caso.

Según su modo de verlos y entenderlos, Doctor Schumpeter, empresario emprendedor no lo es en modo alguno el simple dueño, director o gerente de un banco, una industria, de una cadena de mercados o de un medio de información; un empresario emprendedor es aquel que aplica nuevas técnicas, el que hace nuevas combinaciones en los procesos de producción, con las que supera los procesos tradicionales o ya establecidos en la misma, con lo cual dinamiza, mejora y aumenta la generación de bienes y servicios, es decir, innova de manera revolucionaria el sistema productivo.

Estos cambios, llevados a cabo por los empresarios emprendedores, renuevan y dinamizan las estructuras de la economía desde dentro, destruyendo continuamente lo antiguo y creando de manera constante elementos nuevos, dando lugar a su conocido concepto, tan celebrado por ideólogos del capitalismo, de la destrucción creadora. Mas para su infortunio, respetado colega, estamos presenciando que su concepto, de la destrucción creadora, tiene más de destructivo que de creador, como lo está demostrando y afirmando el desastre financiero que estamos padeciendo.

También lo muestra y confirma la catástrofe ecológica que nos amenaza, de la que ya estamos sufriendo los primeros zarpazos, misma que es debida en gran medida por la ambición y codicia de empresarios emprendedores, de los que explotan de manera despiadada, en nombre del progreso, recursos naturales, degradando el ambiente, sin tener para nada en cuenta que la propia existencia humana depende de la luz del sol, del aire, del agua, de la tierra, de la flora y la fauna ya existentes; sin considerar que la degradación del mundo natural puede muy bien ser igual a la extinción, a la desaparición de nuestra especie sobre la Tierra.

Insisto: no hay que olvidar que esta inquietante y dramática situación ha sido y es generada mayormente por empresarios con iniciativa, emprendedores, que con su dinamismo económico llegan hasta a degradar a sus congéneres, a los otros, convirtiéndolos en mercancía. Para conseguirlo manipulan, si es preciso con cinismo, los llamados valores y publicitan retorcidas retóricas que pretenden que los más los pobres, los de empleos precarios y mal pagados, los desempleados, admitan sus existencias miserables como una bendición.

Por esta situación de crisis que atraviesan sus conceptos económicos, reciba las sinceras condolencias de un colega que ha padecido y padece del mismo mal… en gran parte gracias a su modo personal de ver y entender a la economía, Doctor J. A. Schumpeter

Cordialmente a sus órdenes,

J. M. KEYNES