Atentado en Juárez, por venganza: Arturo Chávez

viernes, 16 de julio de 2010

MÉXICO, D.F., 16 de julio (apro).- La explosión de un coche-bomba ayer en pleno centro de Ciudad Juárez, Chihuahua, que causó la muerte inmediata a un elemento de la Policía Federal, un agente municipal,  un rescatista, y lesionó a 11 civiles, uno de los cuales falleció este viernes, provocó una reacción inusual en la Procuraduría General de la República (PGR): que el propio titular de la dependencia, Arturo Chávez Chávez, diera a la cara a la prensa para acallar especulaciones sobre una eventual acción narcoterrorista.
Incómodo ante los reflectores y sin tener todavía a la mano los resultados de los peritajes, el funcionario explicó:
“La delincuencia en México, con excepción de algunas expresiones, es una delincuencia de interés, es una delincuencia que tiene como motor dinámico la ambición, o en un primer momento una ambición de dinero, de poseer, de tener, que luego es trasladada a una ambición de poder”, dijo.
 Y redondeó su idea:
“No es un tema de ideología, no es un tema en donde estén buscando el que se modifiquen las estructuras del quehacer político”.
Chávez Chávez detalló que peritos de la PGR investigan investiga si en el ataque contra policías federales registrado ayer en la noche en el centro de Ciudad Juárez los agresores utilizaron granadas o un coche bomba.
"No estamos en condiciones, ni de confirmar de que se trató de un vehículo con un artefacto explosivo, ni tampoco de que hay una plena vinculación entre ambos eventos", subrayó.
A decir del funcionario, el origen del ataque fue la detención de Jesús Armando Acosta Guerrero El 35, a quien identificó como uno de los principales operadores de La Línea, el brazo armado del cártel de Juárez.
Señalado como autor material e intelectual de más de una docena de crímenes y de supervisar las narcotienditas en Juárez, Acosta Guerrero fue puesto esta madrugada a disposición de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (Siedo).
 Chávez Chávez dijo que lo sucedido en Juárez se trata de un actos de venganza, de represalia, por las detenciones o aseguramientos sufridos.
"(En el caso de Juárez) sin tener más que información preliminar, tiene que ver más con una represalia, un poco inscrita en lo que comentaba la Secretaría de Seguridad Pública, un poco decir: 'Ah, si tú detienes a determinado sujeto, entonces yo también puedo emplear violencia en contra tuya'. Pero una (la de la autoridad), no es violencia es aplicación del Estado de Derecho", señaló.
Sobre lo sucedido ayer en la noche, el Diario de Chihuahua publicó en su edición de este viernes algunos testimonios que dan cuenta de la magnitud del evento que le costó la vida a tres personas y causó daños a un edificio de oficinas de Gobierno del Estado, ubicado en las calles 16 de septiembre y  Bolivia.
En dicho inmueble, se encuentran las oficinas del Instituto Chihuahuense de la Mujer, Educación y Cultura, Recaudación de Rentas y Módulo de Licencias.
Según la nota del diario chihuahuense, poco antes de la explosión del coche-bomba varios agentes federales que se resguardaban del ataque de los sicarios pidieron ayuda a un grupo de rescatistas que habían llegado ahí para auxiliar a un policía municipal herido de bala.
Sin llegar al objetivo, los rescatistas fueron sorprendidos por una fuerte explosión que los obligó a refugiarse en un edificio. El impacto de la detonación alcanzó a uno de ellos que perdió la vida.
Ante el temor de que los sicarios regresaran a finiquitar su trabajo, dice el diario, los rescatistas tomaron la decisión de ocultarse en el interior de una vivienda.
Los federales, que sabían de la presencia de los paramédicos, gritaban “salgan, apóyenlos, apóyenlos”, pero no encontraban respuesta. Los socorristas también eran víctimas.
En medio del desbarajuste, refiere el periódico, una patrulla de la Cipol tuvo que llegar para sacar de la escena bombardeada a sus colegas, e incluso a un periodista televisivo que minutos antes pedía el apoyo a sus compañeros de profesión.
Los heridos, prosigue, fueron subidos a la camioneta para ser trasladados a centros de atención médica en condición delicada.
La nota da cuenta de que unos segundos antes, a unos metros “Fernando” estaba a punto de tomar el auricular del teléfono público ubicado en la esquina nororiente del cruce de 16 de Septiembre y Colombia cuando de pronto lo cimbró una explosión.
“Escuché una detonación muy fuerte y de inmediato me di la vuelta, y antes de empezar a correr, sentí una ola de calor en mi espalda. Ya cuando iba corriendo sentía como que el cielo se estaba cayendo a pedazos, caían fierros, trozos de concreto, entre otras cosas”, recordó.
Luego narró que minutos antes se encontraba junto con su esposa e hija, una bebé como de un año de edad, en el interior de la bodega de Andrea, una distribuidora de calzado por catálogo ubicada en la calle Bolivia, a media cuadra de la 16 de Septiembre, cuando escucharon varias detonaciones de arma de fuego.
“Poco tiempo después de que oí los disparos, salí a ver qué había pasado y me di cuenta de que habían matado a alguien ahí en la esquina, junto a las oficinas donde se saca la licencia. Ya habían llegado los policías y los de las ambulancias. Me acerqué al teléfono que está ahí en la esquina para hacer una llamada y no alcancé a agarrar el aparato cuando se oyó la explosión, ¡se oyó muy fuerte!”, narró el entrevistado.
El estruendo causó terror entre los vecinos y locatarios de los negocios ubicados en la zona, quienes salieron de sus casas o locales para ver qué había ocurrido.
“Primero escuchamos como un estruendo muy fuerte y luego se escucharon como balazos, cuando nos asomamos por la ventana se alcanzaba a ver mucho humo, y hasta que ya no se escuchaba nada salimos a ver qué pasó”, manifestó uno de los vecinos que todavía se mostraba temeroso por lo ocurrido.
“Al principio pensé que había explotado una pipa de gas, me dio miedo, porque el ruido se escuchó hasta la (calle) Reforma, de allá vengo, iba a visitar a mi mamá y me topé con esto”, dijo consternada una mujer que observaba detrás de la cinta amarilla el dantesco escenario.
Otros testigos, que dijeron se encontraban en el interior de unos billares cercanos al lugar del siniestro, refirieron que primero se escucharon balazos, luego de unos minutos escucharon dos “bombazos”.
Las versiones de los testigos difieren en algunos aspectos.
“Cuando iba pasando por aquí, ya iba para mi casa, vi cómo estaban revisando un carro, como un Focus o un Jetta, luego se escucharon unos balazos y como a los cinco minutos explotó; ya después se veía como un maletín dorado en el piso, yo creo ahí es donde estaban las bombas”, dijo un hombre que, al igual que todos los que ofrecieron sus testimonios, pidió su identidad no fuera revelada.
“Como le decía, iba a mi casa y pues, ya no me dejaron pasar (…) yo vivo aquí cerca, ahora estoy esperando a ver qué pasó en mi casa, no sé cómo la voy a encontrar cuando llegue”, mencionó.
Otra mujer que se mostraba preocupada, preguntaba a los reporteros si no sabían qué había ocurrido, ya que su esposo le había marcado por teléfono antes de la explosión y después de los hechos ya no había podido contactarlo.
Imelda no salía de su impresión y todavía respiraba agitadamente.
Y es que minutos antes de que se dieran los hechos, ella en compañía de su hija de 9 años acababa de pasar por el lugar en el que dos policías quedaron sin vida por la explosión que se registró en el cruce de 16 de Septiembre y Bolivia.
“Acababa de dar la vuelta, venía del Centro y me dirigía a mi casa.
Cuando di la vuelta en la Bolivia, caminé y al cruzar la (calle) José Borunda escuché el ruido y el temblor de la explosión”, refirió.
Dijo que casi se moría del susto, tan sólo de pensar que ella pudo ser una de las víctimas.
Y policías federales sacaban de entre una telaraña de fierros retorcidos a sus compañeros, uno de ellos ya calcinado por el fuego.

    

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