Pierre Soulages en el Museo de la Ciudad de México (II)

martes, 20 de julio de 2010

MÉXICO, D.F., 20 de julio.- Importada del Centro Pompidou de París, la muestra del pintor francés Pierre Soulages es un excelente producto museístico que, además de tener la posibilidad de arrobar al público y generar un estado de contemplación artística, también constituye una acertada estrategia de política cultural para poner en valor tanto al arte contemporáneo francés como a su historia reciente. 

Nacido en 1919 en Rodez, Soulages pertenece al grupo de artistas que construyeron la abstracción europea después de la Segunda Guerra Mundial. Representante de los lenguajes basados en la creación espontánea de imágenes “informes”, Soulages exploró, desde la segunda mitad de los años cuarenta, las posibilidades de la presencia autónoma de lo pictórico a través de trazos anchos y compactos en los que siempre predominó el color negro y el protagonismo, sutil y decidido, de la luz y la iluminación cromática.

Trabajados con transparencias y opacidades que durante los años cincuenta y sesenta alternaron con variaciones tonales de espléndidos ocres y cobaltos, los negros de Soulages se suman a las monocromías que impactaron las sensiblidades artísticas durante el siglo XX con firmas como Malevich, Otto Piene, Motherwell y Ad Reinhard, entre otros. 

Interesado desde los años cincuenta en la identidad de objeto de la pintura, Soulages desarrolló a partir de 1979 una propuesta que transfigura lo pictórico en un objeto matérico oscilante entre la bidimensión y la tridimensión. Denominado por él mismo como “outrenoir”, el metanegro es una entidad que se basa en el reflejo de la luz que provocan diferentes texturas de materia aplicada e intervenida en superficies de gran formato. Lisas, rítmicas y/o estriadas, estas piezas demuestran lo que afirmó el pintor Maurice Denis desde 1980: una pintura es tan sólo una superficie con formas y color. 

Diseñada museográficamente con la participación de Soulages
–para quien el impacto de las condiciones de exposición es decisivo para provocar la vivencia de la realidad de la obra– y con una equilibrada curaduría realizada por el especialista Pierre Encrevé y el director del Museo Nacional de Arte Moderno del Centro Pompidou, Alfred Pacquement, la exposición que se presenta en el Museo de la Ciudad de México abarca una creación que empezó en 1946 con dibujos, continuó en los cincuenta y sesenta con vibrantes cromatismos, y continúa en 2010 con instalaciones pictóricas de los “outrenoir”.

 

 

 

 

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