En México, adicción explosiva

sábado, 24 de julio de 2010

Problema que no ha recibido la atención debida por parte del gobierno mexicano y subyace, generalmente ignorado, en el gran foro de las discusiones inacabables –legalizar o no la mariguana, militarizar o no la lucha contra el narco...–, el consumo de drogas en el país aumenta en forma inexorable, como aumenta asimismo la facilidad para acceder a ellas. Pero no es todo: los cárteles fabrican sustancias cada vez más adictivas, y por lo mismo mucho más letales. Ante esta realidad, los programas de rehabilitación de adictos tienen escasas posibilidades de éxito.

 

En los años sesenta, el presidente Gustavo Díaz Ordaz justificaba con esta frase el boyante negocio del narcotráfico en México y el trasiego de drogas hacia Estados Unidos: “Si México es visto como un trampolín es porque del otro lado existe una gran alberca”.

Después de siete sexenios, Felipe Calderón atribuye el auge y la violencia que conlleva este flagelo al voraz mercado consumidor de drogas: Estados Unidos.

En un diagnóstico sobre el problema de la inseguridad y el tráfico de drogas publicado por la Presidencia de la República el miércoles 14, Calderón atribuyó el desastre de su administración en materia de seguridad al consumo de drogas en aquel país. Según el mandatario, este fenómeno ha detonado la violencia y fortalecido aún más a los cárteles que operan en México (Proceso 1757).

En ese estudio, el presidente expuso que el origen de la violencia radica, en primer término, en el hecho de que México está situado junto al país con mayor consumo de drogas a escala mundial. “Es como si estuviéramos al lado de un vecino que es el mayor adicto del mundo”, dijo.

Pero mientras Calderón analiza los problemas de su “vecino adicto”, en México el consumo de enervantes ya alcanza niveles de escándalo, según revelan datos de la Comisión Nacional contra las Adicciones (Conadic).

El secretario técnico de ese organismo de la Secretaría de Salud, Carlos José Rodríguez Ajenjo, dice que adolescentes y jóvenes de entre 12 y 18 años enfrentan el riesgo de caer en las adicciones.

 

Este es un adelanto del número 1760 de la revista Proceso, que está en circulación.