"La Nave" va, la revista de Sergio Pitol

jueves, 29 de julio de 2010

Patrocinada por la Fundación Veracruz en la Cultura, desde hace un año se publica en Xalapa la revista trimestral La Nave, dirigida por Sergio Pitol y Rodolfo Mendoza Rosendo. En este artículo se ofrece un repaso a sus primeros números.

 

MÉXICO, D.F., 29 de julio (Proceso).-Cuenta Plutarco en su “Vida de Pompeyo” (Vidas paralelas, libro quinto) que, después de viajar a Sicilia, Cerdeña y África para abastecerse de trigo, el futuro gobernante de Roma se preparaba a volver a casa cuando se desató una violenta tormenta, y los pilotos de su barco se mostraron temerosos de partir. Entonces él subió a la nave y ordenó levar el ancla a la vez que les dijo: “Navegar es necesario; vivir no es necesario”.

En ese lema parecen haberse inspirado Rodolfo Mendoza y Sergio Pitol para bautizar su revista La Nave y hacerse al mar literario con ella en una época que también se antoja procelosa.

Precisamente porque se vive un momento en el que problemas de toda índole se multiplican en México y se angostan los espacios para disfrutar de la literatura, es más que bienvenida esta nueva empresa que –como lo señala el editorial del primer número– quiere compartir con sus lectores la felicidad que las buenas letras producen.

Su nombre hace inevitable recordar otra embarcación de papel, estricta homónima de la que ahora capitanean Pitol y Mendoza, que surcó las letras mexicanas hace casi un siglo: La Nave, creada en 1916 por Pablo Martínez del Río, un joven de 24 años que con el paso del tiempo se convertiría en doctor en historia, director de la Revista de la Universidad de México, de la Escuela de Antropología y del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM. 

En aquella La Nave en la cual colaboraron Julio Torri, Antonio Caso y otros escritores hoy muy ilustres, zarpó también en horas difíciles, mucho más difíciles, en realidad, que las que vivimos ahora, pues México se encontraba sumido de lleno en la Revolución y no había recursos para financiar la edición de una revista. (“La literatura continúa como puede en medio de las luchas civiles”, escribió a propósito de ella Alfonso Reyes.) Sólo la posición acomodada de Martínez del Río le permitió gastar 5 mil pesos de la época en la impresión, desembolso que no pudo repetir, por lo que el primer número fue también el único.

Por fortuna, La Nave que ahora saludamos cuenta con un respaldo sólido: el de la Fundación Veracruz en la Cultura, una asociación civil instalada el 16 de octubre de 2008 que conjuga los esfuerzos de casi medio centenar de veracruzanos para –de acuerdo con las palabras de Eduardo Pérez Roque, principal promotor de su creación– “pugnar por una política pública de la gestión cultural que cuente con un marco jurídico actualizado, se caracterice por su reconocimiento a la diversidad, a la pluralidad y por programas y acciones consistentes, permanentes y respaldados por un presupuesto adecuado”.

De hecho, como se menciona en el citado editorial del número inicial, Pérez Roque impulsó la idea de la revista. Por desgracia, falleció muy poco antes de que ésta apareciera, en julio de 2009.

Físicamente, la revista es impecable. Se diseña en Concepto Gráfico, taller de Daniela Rocha –responsable también del modelo original de la Revista de la Universidad de México en su actual época, así como de SP. Revista de Libros, de la editorial Sexto Piso–, quien consigue dar a las casi 100 páginas de cada número un aspecto bello y novedoso. Por ejemplo, en vez de acudir a las acostumbradas “cabezas”, maneja los títulos en página aparte con puntajes muy altos que, además de trazar una clara separación entre un texto y otro y brindar un descanso al lector, exaltan la propia plasticidad de la tipografía –una fuente requiem, creada por Chris Hansen.

Cada edición contiene una muestra abundante (entre 30 y 40 obras, siempre en color) del trabajo de un distinguido artista plástico. La primera incluye dibujos en acuarela, tinta, carbón y lápiz del ceramista Gustavo Pérez; la segunda, óleos y acrílicos de Gunther Gerzso; la tercera, parte de los gouaches con tema circense que Vicente Rojo hizo para acompañar un conjunto de poemas de José Emilio Pacheco, libro que acaba de aparecer.

Fuera de esta suerte de indispensable homenaje fraterno a las artes gráficas y visuales, La Nave es una revista netamente literaria, en la que los diversos géneros conviven sin que se imponga un orden entre ellos –la única sección distinguible es la dedicada a las reseñas bibliográficas, que se incrementa con cada nuevo número (siete, 10 y 12, respectivamente), algo que se agradece, pues las reseñas serán siempre la base de una revista como ésta, su conversación más animada.

Se agradece también la relevancia visual que La Nave da a los poemas que llegan a sus páginas –de autores como Darío Jaramillo, José Luis Rivas, Francisco Hernández, Fabio Morábito, Malva Flores, José Emilio Pacheco–. Ya son pocas las publicaciones en que se da a la poesía el tratamiento gráfico que amerita.

Cada entrega de la publicación contiene colaboraciones notabilísimas, como las tres cartas de María Zambrano a Pitol, que aparecen en el número uno; el ensayo de Margo Glantz sobre “El viaje como autobiografía”, y el texto de Alexander Blok sobre “Los colores y las palabras”, que forman parte del segundo. En el tercero descuellan los relatos de Jaroslaw Iwaszkiewicz. Daniel Sada, Álvaro Enrigue y David Medina Portillo (quien publica un texto de ficción por primera vez), el ensayo de Efrén Ortiz sobre Malcolm Lowry y Veracruz... No se pueden enlistar todos los textos publicados hasta ahora, pero sí se puede decir que todos recompensan bien a quien los lee.

La Nave, con un tiraje de 3 mil ejemplares, se distribuye gratuitamente (sí, gratuitamente) a nivel nacional a través de algunas librerías y centros culturales. 

Existen planes para que su contenido íntegro se trasmita por la red electrónica, pero eso llevará algunos meses. Así, el lector interesado puede dirigirse a la Fundación Veracruz en la Cultura (nocsic@hotmail.com) para anticipar la aparición del cuarto número, a punto de entrar a la imprenta. 

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