Canal Once: TV cultural o medio propagandístico

miércoles, 11 de agosto de 2010

MÉXICO, D.F., 11 de agosto (Proceso).- Una vez más en su trayectoria de cinco décadas, Once TV se enfrenta a un panorama inquietante. Pero esta vez la zozobra no se origina en las insuficiencias presupuestales o en la permanencia de un pernicioso marco legal para los llamados medios públicos, sino en la posibilidad de que desde las esferas gubernamentales se esté incubando un proyecto distinto al que hasta ahora ha llevado a las pantallas la televisora, nacida bajo el auspicio del Instituto Politécnico Nacional.

Si en mayo de 2009, a propósito del 50 aniversario del surgimiento de XEIPN, Felipe Calderón hizo el anuncio de la ampliación de las transmisiones del Once –cuya cobertura era a principios de ese año de 25% del territorio nacional por vía abierta–, el pasado 12 de julio informó que aquéllas pronto alcanzarán a la mitad de los mexicanos, como parte del objetivo de su gobierno de generar una cadena de TV pública de alcance nacional.

“Esto es muy importante porque significa el fortalecimiento de una televisión pública que más que competir viene a complementar la oferta de las televisoras particulares”, señaló el mandatario.

Ha venido a ser fundado motivo de inquietud que como parte del mencionado anuncio, Calderón haya agregado que la ampliación de la cobertura del canal fue posible, entre otras cosas, gracias a la participación de la dependencia que surgió el 31 de marzo pasado, el  Organismo Promotor de Medios Audiovisuales (OPMA). Se trata de una instancia adscrita a la Secretaría de Gobernación y la cual, según el decreto de su creación, busca “informar a la ciudadanía sobre programas y acciones gubernamentales que resulten del interés público”, para lo cual, de acuerdo con el mismo decreto, podrá contar con sus propios canales de radio y televisión.

Concebido para que el Poder Ejecutivo tenga control sobre los medios electrónicos públicos, el OPMA pudiera tener también entre sus fines el de instrumentar una estrategia oficial para propósitos políticos y electorales.

Si bien en ese momento se afirmó que la mayor cobertura del Once y la digitalización de su señal  es “una oportunidad histórica” para convertir al canal “en modelo de televisión pública de calidad, en modelo de televisión de Estado”, lo cierto es que el involucramiento de la nueva entidad gubernamental con el proyecto de la que hasta ahora ha constituido una de las televisoras culturales más importantes de América Latina, hace suponer la posible adscripción de ésta a tareas propagandísticas de interés para el debilitado partido gobernante de cara al complejo panorama de 2012.

En todo caso, si en verdad se trata de fortalecer a “la otra televisión”, además de apoyar una mayor difusión de sus transmisiones, sería imprescindible alejar a la televisora, fundada en 1959 con objetivos culturales y educativos, de su posible uso como instrumento para la difusión propagandística oficial o partidista, para en cambio impulsar un proyecto (con su correspondiente expresión a nivel del régimen legal) con auténtica visión de Estado para  los “medios no lucrativos” que, entre otras cosas, les permita crecer, desarrollarse en los nuevos escenarios digitales y a no verse obligados a empeñar sus mayores preocupaciones en superar los embates que se les presentan.  l

 

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