El panismo se negó a un Bicentenario conjunto: Enrique Márquez

domingo, 15 de agosto de 2010

Esta entrevista con el coordinador de la Comisión de los centenarios por el Gobierno del Distrito Federal consta de dos partes: en la primera cuestiona el que el gobierno federal realice “una celebración cosmética presidencial”; y en la segunda responde a las críticas que a su vez le han hecho a su comisión conmemorativa. En todo caso, este 15 de septiembre ambas instancias llegan separadas porque la derecha, dice, se negó a una acción conjunta en la capital.

 

MÉXICO, D.F., 16 de agosto (Proceso).- El próximo 15 de septiembre, el Zócalo, Paseo de la Reforma y parte del Centro Histórico serán feudo del gobierno calderonista, que realizará con toda la parafernalia su fiesta de “200 años de ser orgullosamente mexicanos”, mientras el gobierno de la Ciudad de México prefiere hacer mutis y anuncia, a través de la Comisión Bi-100/Bi-Centenario, que no tendrá actividades en esos espacios capitalinos.

–Entonces, ¿no habrá conflicto por esa plaza entre los gobiernos federal y local? Por decirlo de algún modo, ¿ustedes abandonan el Zócalo? –se le pregunta a Enrique Márquez, quien encabeza esa comisión desde abril de 2007.

–Mejor hablemos de que el Estado Mayor ocupa el Centro Histórico y el Zócalo. Es un acto de ocupación.

–¿La fiesta será completamente...?

Interrumpe la pregunta para decir, sarcástico, que será “australiana, canguresca”, en alusión al productor australiano Ric Birch, organizador del festejo que costará 60 millones de dólares (más de 600 millones de pesos), como informó el corresponsal de Proceso en Washington en septiembre del año pasado. Se dio a conocer recientemente que los gastos del total de festejos sumarán 2 mil 971 millones 600 mil pesos. Inicialmente la información se había catalogado como reservada y por eso no se conocería, sino hasta dentro de 12 años, pero finalmente se hizo pública.

Entrevistado unos días antes de la presentación a la prensa del show de Birch, en sus oficinas del piso 19 del World Trade Center, en la colonia Nápoles, Márquez confiesa en alusión al espectáculo multimedia presentado justo en septiembre de hace un año en el Zócalo, en donde por falta de organización y ausencia de elementos de seguridad la multitud quedó atrapada por horas:

“A mí, más allá de la transparencia, del australiano y de toda esta cosa que han traído, me preocupa la seguridad. Me preocupa el día 15 en términos de la población. ¿Cómo le van a hacer para asegurar a la gente? ¿Para evitar que ocurra algo como lo de septiembre pasado? ¿Qué previsiones tiene el gobierno federal? ¿Cómo se va a cuidar a la gente, a los niños, a las mujeres? Lo importante en este momento es cuidar a la población, porque a la ciudad le están imponiendo un aparatote.

Unos días después de realizada la entrevista, la Comisión Bi-100 envió un comunicado a los medios para aclarar que no estaba participando en las reuniones preparatorias de la estrategia de seguridad para las fiestas patrias. Sin embargo, cuando el titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP), Alonso Lujambio, presentó el programa federal para el día 15, lo acompañó José Ángel Ávila Pérez, secretario de Gobierno del Distrito Federal, quien expresó su respaldo a las acciones de seguridad.

Se le pregunta a Márquez si habría temor por otro tipo de conflictos, dada la frustración de la ciudadanía ante problemas como las crisis económicas, el desempleo o la violencia. Explica que en la historia del mundo las conmemoraciones siempre dieron pie a actos de contrapoder, y por ello en los carnavales existía el “rey feo” como una forma de permitir la burla al poder:

“La tentación de que se cumpla el ciclo simbólico de la violencia revolucionaria anda por ahí como una idea. Bueno, ya ocurrió en Morelia un acto bastante lamentable. Algunas personas hablan de esa posibilidad... Sin especular, yo digo que lo mejor que le podemos dar a la gente en la Ciudad de México es la mayor protección frente a un aparatote celebratorio presidencialista.”

 

Un enorme set de TV

 

El historiador y escritor pone énfasis en esa idea de la celebración “presidencialista”. Y es que dice sentirse frustrado por no haber logrado los acuerdos necesarios para una conmemoración conjunta, distinta, y explica que las razones fueron esencialmente conceptuales, pero también por falta de comunicación y voluntad política de funcionarios del gobierno federal:

“Nos hubiera gustado hacer muchísimo más. Tengo una gran frustración porque no pudo definir un programa de conmemoración nacional. El gobierno federal está haciendo una celebración presidencialista, son como los días del presidente. La mayor parte de los eventos son en esta ciudad y no hay una articulación.

“No hay una convocatoria nacional en el sentido de los estados y los municipios más importantes. El propio municipio de Dolores ha sido relegado de la conmemoración porque el gobierno federal, con el de Guanajuato, decidió que la nueva capital de la cuna de la Independencia sea Silao, con todo lo que ya sabemos (Expo Guanajuato). Durante tres años hicimos el esfuerzo por llegar a un acuerdo con el gobierno federal, fue un poco iluso, cómo vamos a ponernos de acuerdo absolutamente en nada: Dices peras, dicen manzanas; dices ciudadano, dicen australiano.”

Tras recordar que sólo en el periodo de Rafael Tovar y de Teresa al frente de la organización de los festejos se lograron establecer algunas premisas, afirma que a la llegada de José Manuel Villalpando la situación cambió, y lamenta que el Bicentenario sea ahora “parte de la cosmética presidencial, una conmemoración muy alejada de los sentimientos de la gente”.

Anticipa lo que ocurrirá el día 15 sobre Paseo de la Reforma: Una gran fiesta “para ser televisada, es un set de televisión en el que los ciudadanos participan como una especie de extras deseados”. Según él habrá 10 puntos para transmitir “al mundo” y “hacer creer que es una celebración que une”, pese a los problemas. Y para el 17 de septiembre, “ya el australiano se fue con 60 millones de dólares”.

E insiste en que es una “gran irresponsabilidad” no haber hecho un esfuerzo de integrar no sólo a las entidades federativas, sino a instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“¿Por qué no está la UNAM? Ah, pues porque es la conciencia crítica del país, cómo van a aceptar eso los panistas.”

–Entonces, ¿cómo fue su relación con Villalpando? ¿No escucha o es que tuvieron proyectos y objetivos distintos?

–Creo que es un problema de concepción, en este caso del gobierno federal, a la cual desde luego José Manuel Villalpando contribuyó, y tiene toda una serie de consecuencias. Ve de una manera distinta nuestra historia, el elemento crítico no existe, es una conmemoración de eventos y no de proyectos para grupos sociales.

Márquez considera que sus desencuentros con el funcionario federal van más allá del desinterés por conmemorar gestas históricas en las cuales “perdieron los conservadores”. No es un problema ideológico, a decir suyo, sino “de competencia, de eficacia y de convocatoria, de trabajar con quien se debe trabajar”. Y no habrá cambios en el rumbo por el solo hecho de haber pasado la coordinación de los festejos a la tutela de la SEP:

“De ninguna manera, es un relevo, la derecha es muy dada a los relevos, no a los cambios, porque es una manera de no enfrentar el problema. Yo hubiera saludado con entusiasmo una rectificación, un ajuste severo en los presupuestos –pero ya no hay tiempo– y una convocatoria verdadera al país para conmemorar más allá de la pantalla de televisión.”

Pero que “cada quien asuma sus responsabilidades”, dice. Y enseguida habla de que en la comisión que él dirige las decisiones se han tomado con “mucho cuidado”, y cuenta con comisiones y jurados para las decisiones importantes. Asegura no sólo tener el respaldo del jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, sino también de la sociedad.

La pregunta es qué tan profundas son las diferencias conceptuales. En 2007, Ebrard anunció, como un proyecto prioritario para la conmemoración de la Independencia, la construcción en Lomas de Chapultepec de la Torre Bicentenario, con inversión de la empresa española Pontegadea, de Amancio Ortega, dueño de las tiendas Zara, y del grupo Danhos, presidido por Jorge Gamboa de Buen, de quien hasta se llegó a decir que había hecho acuerdos “oscuros” con el gobierno de la ciudad.

Márquez niega haber estado involucrado en ese proyecto, pues las obras públicas no están dentro de las responsabilidades de la Comisión Bi-100, pero considera que todo lo que se pueda hacer para impulsar un desarrollo en la ciudad, que permita mayor equidad, “será bienvenido”. Juzga que el tema se “sobrepolitizó” y que la ciudadanía y la opinión pública no contaron con información suficiente sobre el tema.

En cambio critica la Estela de luz, “el arco que no es arco”, que el gobierno federal construye en Paseo de la Reforma como parte de los festejos, y opina que lo importante es “construir ciudadanía”, pues de otra manera “este país no va a ser democrático”.

 

Flor de un día

 

Al hablar de lo que, a decir suyo, hace la diferencia de su proyecto conmemorativo respecto del organizado por el gobierno federal, pondera el presupuesto: de 2007 a 2010 “habremos gastado exactamente 206 millones de pesos en cuatro ejercicios”. En 2007, 14 millones 893 mil; en 2008, 72 millones 853 mil; en 2009, 52 millones 556 mil; y en 2010, 66 millones 469 mil pesos (más o menos lo que costará al gobierno de Calderón sólo la noche del 15). Esto es, en total, menos de 0.06% del gasto federal, subraya el historiador.

Explica que en 2008 se gastó más, pues fue el año en el cual se produjo lo que se divulgaría en 2009 y 2010 en materia audiovisual, editorial y proyectos ciudadanos. Sus objetivos: recuperación y divulgación del protagonismo histórico de la Ciudad de México; contribuir a elevar la autoestima colectiva, y mejorar la convivencia.

Y aunque ha recibido críticas en el sentido de que, igual que el programa de Villalpando, el suyo es de “eventitos”, asegura que no y que, por el contrario, ha considerado los problemas de trabajo y educación de los jóvenes para incluirlos en las producciones audiovisuales, como se hizo con organizaciones como el Circo Volador y Estación Central.

Se incorporaron los diferentes grupos de la ciudad, como jóvenes, gente de la tercera edad, niños, mujeres y exiliados, y a instituciones como la UNAM, con la que se prevé celebrar también el centenario de su fundación.

Luego va detallando algunos aspectos. En el caso de la convivencia, recuerda que el 15 de septiembre de 2009 se hizo en Reforma el Grabado del Bicentenario, con varios artistas a quienes ayudaron jóvenes en “situación de riesgo”:

“Pudimos rescatar a esos jóvenes, que entonces trabajaron al lado de Francisco Toledo, de Leonora Carrington, y les pagamos. Por eso dijimos: estimular para que mejore la convivencia, y ahí lo logramos.”

–¿Un día?

–Bueno, un día. Esta es una comisión que el 31 de diciembre va a terminar, tiene los días contados y así es. Ahora, si fuera nada más ese proyecto... pero el tema de los jóvenes lo hemos abordado desde distintos ángulos, hemos estado muy presentes para estimular su creatividad. Aprovechemos, aunque sea por un día, estimular el trabajo de los jóvenes, el reconocimiento a las mujeres, a los adultos mayores.

Se enorgullece también de estar organizando programas de debate, como el realizado en 2008 con Carlos Monsiváis, recuperado en el libro Después de tanto callar, donde el recién fallecido escritor planteó que el problema no es la inseguridad, sino la impunidad.

En cuanto a la recuperación de la historia de la ciudad, se rescató la figura del licenciado Primo de Verdad y Ramos, quien encabezó el 16 de septiembre de 1808 un movimiento por la autonomía del ayuntamiento. En su momento fue polémico pues se dijo que el gobierno de la ciudad quería “madrugar” con las celebraciones. Especialistas, como la historiadora Cristina Gómez, consideraban que este suceso no era propiamente un antecedente del levantamiento de 1810 pues no buscó la independencia de España.

Aunque fue un movimiento de los criollos, Márquez rechaza que se tratara de una revolución burguesa, pues tuvo su aportación. Y afirma que al rescatar esa historia, se recupera parte de la historia de la ciudad.

El tema de 1808 “no es una invención mía”, insiste, y le parece esencial divulgar estas historias pues son parte de la construcción de la ciudadanía:

“La Ciudad de México es la ciudad de los derechos, la ciudad de las vanguardias, ocurren muchas cosas también terribles, pero es un espacio en donde se despenaliza el aborto, en el que se pueden efectuar los matrimonios gay, donde se acaba de aprobar una ley que protege a los niños y niñas contra el abuso sexual y el trafico comercial. Éste será una especie de gran homenaje a la ciudad que forja el nacimiento de la ciudadanía.”

 

El mismo dolor

 

Como parte del debate, organizará para septiembre próximo un foro donde se reflexionará sobre la reinvención de México y la identidad, porque le parece “decadente” la expresión “orgullosamente mexicanos”. Con la UNAM hará una serie de cinco programas de televisión titulada El Bicentenario al diván, donde un grupo de sicoanalistas discutirán en torno de los siguientes puntos: Qué le duele a México. Qué le pasa a los mexicanos. Las conmemoraciones históricas en las condiciones actuales, para qué. Los problemas de la autoridad, la pérdida de rumbo, el desorden, la confusión, la desigualdad, la violencia y la impunidad reinantes, hasta qué punto se deben a la fractura de los patrones de autoridad de la vida social y política. La violencia y la impunidad.

Y “un tema fundamental”, que es el asesinato de niños y adolescentes en México, porque “qué manera de sacrificar el futuro”.

Ante tales preguntas –como esa que tanto se ha hecho de si hay algo qué celebrar–, y ante los propios problemas de la Ciudad de México, que igual padece diferencias económicas y sociales muy marcadas, inseguridad, desempleo, subempleo, tráfico y contaminación, entre otros, se retoma una expresión que aparece en la página web de su coordinación, señalando que los mexicanos están dolidos, para cuestionarle:

–¿Qué les dice al respecto a los habitantes del Distrito Federal, que están tan dolidos como el resto de los mexicanos? Usted señala que al menos por un día se logró esto o aquello, pero con eso, ¿se resuelven los problemas?

–Bueno, sería mucho pedirle a una conmemoración que resolviera las realidades difíciles tan añosas, sería injusto plantearlo. Lo que hemos querido hacer, exclusivamente, es contribuir al desarrollo de algunos programas ciudadanos que reconocen el valor de la ciudadanía y que pueden forjar una mejor conciencia histórica.

“Una mejor democracia se da cuando hay una población cuyos contenidos cívicos vienen de la conciencia de la historia, de lo difícil que ha sido la historia, y de las construcciones de que se dispone para seguir adelante. Desde el primer mes que nos hicimos cargo de esta comisión establecimos que no íbamos a conjugar el verbo celebrar, sino el verbo conmemorar, recordar juntos. ¿Celebración? Pues la presidencialista del día 15, con cuetes, bastante caros por cierto.”

La ciudadanía, prevé, celebrará como siempre lo ha hecho en sus delegaciones políticas, en sus casas, con el buñuelo, el esquite y el tequila. Al Zócalo, donde caben unas 90 mil personas, acudirán 10 mil porque el espacio será para los espectáculos diseñados por Birch.

Otro debate que considera esencial es el de los derechos de los capitalinos y la soberanía de la Ciudad de México. Cuando comenzó a planearse la conmemoración, Ebrard dijo que uno de los principales propósitos en este marco sería lograr una Constitución Política para la capital del país.

–Dirá que un proyecto tan ambicioso no tendría que estar dentro de su comisión, pero fue un ofrecimiento del jefe de Gobierno.

–No, no, yo no lo dije así. Hay una propuesta desde el inicio de este gobierno, desde la campaña del licenciado Ebrard: El tema de la ciudad y sus derechos ha estado presente desde siempre. Se han hecho todas las exploraciones jurídico-constitucionales, políticas y económicas que justifican el que se reforme la Constitución de México para que la ciudad cuente con una Constitución que defina su soberanía. Ese es el proyecto político institucional más importante del gobierno del licenciado Ebrard, por eso él ha planeado que el mejor legado que podemos dejar con motivo del Bicentenario es la Constitución.

“Nosotros como comisión podemos contribuir a la generación del consenso para que así ocurra. Vamos a hacer una serie de debates y divulgación de lo que ha avanzado la ciudad, estamos preparando una publicación sobre todas las reformas que se han hecho desde 1997, cuando por primera vez se elige a su autoridad local, hasta la fecha. Todas las reformas de tipo social que han pasado por la Asamblea Legislativa.”

Agrega que aunque la gente está enterada, pues la sociedad capitalina ha dado empuje a estas reformas, contribuirá mucho el recuento y recordar que en el Distrito Federal se han dado los grandes movimientos sociales, aunque irónicamente “la ciudad llegó un poco tarde a su propia democracia”.

–¿Qué quedará a los capitalinos después de 2010?

–La conciencia sobre la conmemoración es muy flaca, la mala enseñanza de la historia ha llevado a una apatía muy grande, y por otra parte la brutalidad con la que se presentan los problemas del empleo de la pobreza y de la violencia aleja de todo contenido conmemorativo a la gente, estaríamos locos si no reaccionáramos de esa manera.

“¿Qué es lo que nos va a quedar? No llegaría a tanto como el señor Villalpando, cuando dijo que a los mexicanos les iba a quedar un libro y una banderita. Diría que a los capitalinos puede quedarnos una mejor conciencia, en una pequeña escala, pero una mejor conciencia sobre nuestro pasado, un pasado que tiene que ver con los problemas del presente, y ahí está el tema de la soberanía de la ciudad.” l