Ningunea el Bicentenario a Pedro Moreno

martes, 3 de agosto de 2010

No obstante estar ampliamente documentada la presencia de los restos del insurgente en la Columna de la Independencia, la comisión oficial de la conmemoración no incluyó su nombre en el proceso de identificación aprobado hace un mes. En su natal Lagos de Moreno crece la indignación, pero no ha habido rectificación alguna. Aquí se recogen las voces disidentes de especialistas que atribuyen el hecho no sólo al desconocimiento de la historia, sino a un enfoque conservador del gobierno que pretende modificarla.  

 

MÉXICO, D.F., 3 de agosto (Proceso).- Por ignorancia e ineptitud, pero también por una visión conservadora de la historia, el gobierno de Felipe Calderón eliminó como héroe de la Independencia de México al jalisciense Pedro Moreno, pese a que sus restos han permanecido junto a los de Miguel Hidalgo, José María Morelos y otros próceres que fueron exhumados del Ángel de la Independencia, el pasado 30 de mayo, para trasladarlos al Castillo de Chapultepec.

Esta exclusión ha generado indignación en Jalisco, y desde el municipio de Lagos de Moreno –donde nació el insurgente–, se ha articulado un movimiento para exigirle al gobierno federal que, a través de la Comisión del Bicentenario, desdel 21 de julio último a cargo de la Secretaría de Educación Pública, proceda a la rectificación de la “injusticia histórica” que se está cometiendo.

“Lo que exigimos los habitantes de Lagos de Moreno, donde hay mucho malestar por esa injusta omisión de don Pedro Moreno entre los beneméritos de la patria en grado heroico, es que haya una rectificación”, demanda el historiador Mario Gómez Mata, director del Archivo Histórico de Lagos.

La omisión es arbitraria, afirma, porque existe sólida evidencia documental de que los restos de Pedro Moreno yacen junto a los de Hidalgo, Morelos y los otros 10 insurgentes reconocidos como “beneméritos de la patria en grado heroico” en el decreto 106 emitido por el Congreso federal el 19 de julio de 1823.

“Se está exhibiendo al gobierno como un ignorante de la historia patria”, juzga Gómez Mata, cronista colegiado de Lagos, quien destaca que Pedro Moreno fue el jefe insurgente que, a la muerte de Hidalgo y luego de Morelos, tomó el mando de la lucha por la Independencia y la sostuvo mediante una estrategia de guerra de guerrillas.

Rogelio López Espinosa, biógrafo de Moreno y miembro del Consejo de Cronistas de los Altos de Jalisco, afirma que la ignorancia del gobierno federal no justifica la marginación del insurgente y urge a que se le reconozca, porque no hay duda de que sus restos están en el Ángel de la Independencia.

“Lo mínimo que se puede hacer es que se reconozca oficialmente que entre esos restos están los de Pedro Moreno, y luego ya vendría la identificación física de los mismos. Documentalmente no hay la menor duda”, expone el escritor laguense, maestro en lengua y literatura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Autor de Don Pedro Moreno, adalid e insurgente; El prócer olvidado. Vida y obra del licenciado Primo de Verdad y Ramos (iniciador de la lucha de Independencia), y Rosas Moreno, el fabulista de México (y gran educador liberal), los tres personajes nacidos en Lagos, López Espinoza cree que la rectificación de parte del gobierno, a través de la Comisión del Bicentenario que encabeza el abogado José Manuel Villalpando, es muy fácil si existe voluntad política:

“No hay que hacer ni modificación constitucional ni trámite burocrático alguno. Es tan sencillo como que la comisión lo acepte y que se ponga la placa con el nombre de Pedro Moreno. Eso estaría en la línea de la justicia y es lo mínimo que se puede hacer.”

De hecho, la propia página en internet de la comisión organizadora del Bicentenario de la Independencia aloja, desde marzo, un trabajo de Óscar González Aceves, nieto del novelista laguense Mariano Azuela, en el que destaca la relevancia de Pedro Moreno en la lucha de Independencia.

Titulado Las ruinas del Fuerte del Sombrero, donde Moreno y el rebelde español Francisco Xavier Mina se atrincheraron para enfrentar a las tropas realistas, González Aceves destaca un dato clave:

“Entre quienes reposan en el mausoleo ubicado bajo la Columna de la Independencia, recordemos que Pedro Moreno es el único que muere peleando, espada en mano.” 

Y plantea:

“Con motivo de los festejos por nuestros centenarios, es hora de razonar y valorar el sacrificio de él y de todos los defensores del Fuerte del Sombrero, llevándolo al plano histórico nacional del que han sido injustamente borrados.”

En este sentido, desde el 4 de junio el alcalde de Lagos, José Brizuela, envió a Villalpando el estudio de Gómez Mata sobre los restos trashumantes de Pedro Moreno y un oficio formal para que se coloque una placa con el nombre de éste en el área de criptas del Ángel de la Independencia, para resarcir la omisión.

 

Indiferencia del PAN

 

Sin embargo, hasta el jueves 28 no había habido ninguna respuesta del organismo que organiza los festejos del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución que ahora encabeza Lujambio, aspirante a la candidatura presidencial del Partido Acción Nacional (PAN). 

La indignación de los laguenses choca, también, con la indiferencia del gobernador panista de Jalisco, Emilio González Márquez, pese a que nació en Lagos, y que de plano ha ignorado las peticiones.

El 16 de junio, López Espinoza le envió una carta al secretario de Cultura del gobierno de Jalisco, Jesús Alejandro Cravioto Lebrija, para proponerle que el gobernador intervenga ante Calderón, no “por un mero afán localista, sino por un estricto sentido de justicia histórica”.

El historiador plantea:

“Que se solicite a la Comisión Nacional de los Festejos del Bicentenario el reconocimiento oficial de la existencia entre esos restos de los del Héroe del Venadito y, en caso de ser posible, su ulterior identificación física; que se le mencione y se le rindan los mismos honores que a los otros héroes cuyos restos se hallaban en el catafalco de la Columna de la Independencia.”

Sin embargo, más de un mes después, hasta el pasado 28 de julio, ni Lebrija ni González Márquez habían respondido a López Espinoza, quien también fue ignorado en su propuesta de que el nombre de Rita Pérez Franco, esposa de Moreno, sea inscrito con letras de oro en el salón de plenos de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. 

Autor de la biografía de Rita Pérez, López Espinoza atribuye el silencio a la apatía y frivolidad gubernamental sobre la historia, que ha impuesto la visión de los historiadores oficiales para enaltecer a un solo grupo de héroes.

“Los historiadores oficiales se han encargado de consagrar a determinadas figuras, como Hidalgo, Morelos, Allende, todos ellos inobjetablemente meritorios, pero se han olvidado del resto de los héroes. Se ha consagrado a superestrellas de la historia, pero los demás se van al cajón del olvido.”

Y es que la mayoría de dichos historiadores consultan fuentes “no de primera mano”:

“Los libros repiten casi exactamente lo mismo, porque se han documentado en fuentes secundarias”, dice. 

Gómez Mata tampoco ha recibido respuesta de la Comisión Estatal del Bicentenario ni del gobernador. Moreno, subraya, “es el único jalisciense que está sepultado en el Ángel de la Independencia”.

–¿La ignorancia del gobierno disculpa la omisión?

–No, porque se supone que los asesores del gobierno de la República deben tener conocimientos profundos de la historia de México, y particularmente de los héroes que nos dieron esta patria. Eso no disculpa, es una falta de interés por investigar.

Profesor de la Universidad de Guadalajara (UdeG), Gómez Mata insiste en que Calderón debe reparar la injusticia contra Pedro Moreno, pero además recuperar del abandono a sitios históricos, por ejemplo, el sitio donde murió el prócer. 

“Debe haber una rectificación, porque hay problemas para documentar el traslado de los restos de héroes como Morelos, por ejemplo, pero de don Pedro Moreno no hay ningún problema, porque hay evidencia documental suficiente para corroborar que sus restos están en el Ángel de la Independencia.”

Él mismo elaboró un estudio histórico del traslado de los restos de Pedro Moreno a la Ciudad de México desde el lugar donde fue sepultado: El rancho del Venadito, adjunto a la hacienda La Tlachiquera, hoy Nuevo Valle de Moreno, en León, Guanajuato, que por cierto padece un total abandono, contrastante con el despilfarro de casi 3 mil millones de pesos destinados a los festejos y gastos ostentosos, como el de una escultura que en Guanajuato costó 40 millones de pesos.

El 27 de octubre de 1817, cuatro años y medio después de levantarse en armas, Moreno fue muerto y decapitado: Su tronco y extremidades se sepultaron en La Tlachiquera y su cabeza fue enviada a Lagos para que sirviera de escarmiento, y luego quedó resguardada en la iglesia de La Merced.

El 19 de julio de 1823, el Congreso federal aprobó el decreto número 106 para reconocer como beneméritos de la patria en grado heroico a 13 caudillos insurgentes: Hidalgo, Morelos, Pedro Moreno, Xavier Mina, Allende, Juan Aldama, Mariano Abasolo, Mariano Matamoros, Leonardo y Miguel Bravo, Hermenegildo Galeana, Mariano Jiménez y Víctor Rosales.

El ordenamiento dispuso que se exhumaran los restos de esos héroes y se trasladaran a la Catedral de México, a donde llegaron el 13 de septiembre. Cuenta Gómez Mata:

“Cuatro días después, las autoridades encabezadas por Vicente Guerrero se dirigieron a pie al templo de Santo Domingo y, tras una solemne ceremonia religiosa, los restos de los insurgentes, entre ellos los de Pedro Moreno, fueron trasladados a la Catedral de México, en donde quedaron depositados en el altar de San Felipe de Jesús y días después en las criptas del altar de los Reyes.”

En julio de 1895, agrega el historiador, los restos de los héroes fueron reubicados al altar de San José, en la misma catedral, pero con tal desorden que se generaron los primeros problemas de identificación. Y luego, al trasladarse los restos al Ángel de la Independencia, el 16 de septiembre de  1925, también hubo desarreglo, “(…) lo que provocó que al colocarse las placas de identificación de restos, inconcebiblemente no se incluyeran ni la placa de don Pedro Moreno González ni la de don Víctor Rosales, cuyos restos habían sido exhumados también en Michoacán con los de Mariano Matamoros para conducirlos a la Catedral de México”.

Visión de derecha

 

A pesar de que no se colocó la placa de Moreno, no hay duda de que sus restos se encuentran en las urnas junto con los del elenco de héroes que, el 30 de junio, fueron exhumados para trasladarlos al Castillo de Chapultepec, insiste Gómez Mata.

De hecho, cada 27 de octubre autoridades y población de Lagos viajan a la Ciudad de México para conmemorar, en el Ángel de la Independencia, el aniversario luctuoso de Pedro Moreno.

Aunque el gobierno de Calderón resaltó a otros héroes como Francisco Xavier Mina, Moreno fue mucho más relevante en la revolución de Independencia, dice:

“Le dan mayor valoración mediática a Mina que a Moreno, quien es un insurgente que dura tres años con una lucha de guerra de guerrillas, sosteniendo la segunda y la tercera fases de la Independencia de México. La primera se termina cuando a Hidalgo lo fusilan, y la segunda finaliza cuando Morelos es fusilado también, en 1815.” 

Moreno se unió a la lucha de la Independencia, pese a ser un próspero hacendado: tres de sus hijos fueron asesinados, y su hija menor, de dos años de edad, estuvo a punto de ser degollada. En el sitio al Fuerte del Sombrero, durante 20 días, careció con su gente de agua y alimentos.

“¡Fue un sufrimiento atroz! ¡Por eso no es válido que hagan esa injusticia con Pedro Moreno y quieran revalorar la imagen de Mina, que solamente duró en su campaña unos cuantos meses de 1817!”

Gómez Mata atribuye la omisión de Moreno y de Víctor Rosales –quien murió en el municipio michoacano de Ario, que lleva su apellido y que tampoco ha importado al gobernador Leonel Godoy–, no sólo a la ignorancia, sino a la misma visión conservadora que busca olvidar los agravios de Estados Unidos a México y encumbrar a personajes como Agustín de Iturbide:

“Lamentablemente en los últimos años, por esa corriente desnacionalizadora que está prevaleciendo en la educación en nuestro país, se han ido dejando a un lado los valores cívicos y en el olvido a quienes participaron, de una manera u otra, en las luchas para construir esta nación.”

Añade:

“Se trata de revalorar personajes como Iturbide que, los que estudiamos historia, sabemos que fue uno de los realistas más despiadados. Están documentadas las atrocidades que hacía, inclusive con frailes insurgentes. Hizo despellejar de las manos a sacerdotes, como lo señaló el insurgente laguense Juan Nepomuceno Sanromán.”

Y concluye:

“Realmente la Independencia de México se da hasta el derrocamiento de Iturbide, y es cuando comienza la lucha entre la Iglesia y el Estado.”

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