Tras la vacante criminal

lunes, 30 de agosto de 2010

Con la captura este lunes 30 de Édgar Valdez Villarreal, La Barbie, aparentemente se cierra un ciclo que arrancó con la muerte del capo Arturo Beltrán Leyva, El Barbas, y que dejó tras de sí una estela de ejecuciones y reacomodos por las plazas que controlaba el exJefe de jefes. A continuación, el texto íntegro del reportero Ricardo Ravelo, publicado por Proceso en su edición 1730 del 27 de diciembre pasado.

MÉXICO, DF, 30 de agosto (apro).- Tras la muerte del capo Arturo Beltrán Leyva, el miércoles 16 de diciembre del 2009, surgen nuevos reacomodos en la célula de narcotráfico que por más de dos décadas encabezó el capo conocido como El Barbas, quien mostró gran capacidad para corromper funcionarios e infiltrarse en instituciones policiacas y militares.
Luego del tiroteo que segó su vida, surgieron los nombres de Édgar Valdez Villarreal, La Barbie; Sergio Villarreal Barragán, El Grande, y Héctor Beltrán Leyva, El H o El ingeniero, como los personajes que se disputarían el control de buena parte del Pacífico mexicano, así como la plaza de Morelos, donde se afincó la organización de los Beltrán Leyva con la protección policiaca y presuntamente de algunos miembros del Ejército.
A pesar de que ambos provienen del cártel del Golfo, La Barbie y Villarreal Barragán presuntamente se tienen encono, aunque se afirma que se mantenían unidos en la organización a petición del fallecido Arturo Beltrán, quien requirió del apoyo de los dos, sobre todo después de que rompió con el cártel de Sinaloa, que encabeza Joaquín El Chapo Guzmán.
El operativo que la Secretaría de Marina culminó el miércoles 16 sin tomar en cuenta al Ejército ni a la Policía Federal –que venían encabezando la lucha contra el narcotráfico desde el arranque del sexenio calderonista– dejó una cauda de sospechas en el estado de Morelos, histórico feudo de importantes cárteles de la droga.
En el municipio de Tetecala, por ejemplo, vivió el capo Amado Carrillo Fuentes, El Señor de los Cielos, hasta poco antes de su muerte, en 1997. A principios de esa década Morelos fue refugio de Rafael Aguilar Guajardo, y desde el sexenio del panista Sergio Estrada Cajigal a la fecha ha sido asiento no sólo de la célula de los Beltrán Leyva, también de personajes del cártel de Sinaloa, en particular de Juan José Esparragoza Moreno, El Azul, quien operaba con el respaldo de la policía del estado (Proceso 1729).
Tres días después del intenso tiroteo entre marinos y sicarios de Arturo Beltrán, comenzó la desbandada de policías de Cuernavaca, Rogelio Sánchez Gatica, secretario de Protección y Auxilio Ciudadano municipal, reconoció que 35 de sus agentes no se presentaron a laborar ni justificaron su ausencia.
La crisis en la corporación se agudizó cuando efectivos militares ingresaron a la sede central de la Policía Municipal, supuestamente para verificar su armamento.
Lo extraño es que el domingo, 20 policías no se presentaron a laborar y, un día después, desaparecieron otros 10, cuyo paradero aún se desconoce. Aunque Sánchez Gatica dijo que no sabe el motivo por el que su personal no se presentó, se da por hecho que se fugaron porque pueden estar relacionados con el narcotráfico.
“No sabemos el motivo (de la ausencia de los agentes). Fue domingo, ayer no hubo personal administrativo, y estamos ya (girando) las indicaciones de que se haga el análisis correspondiente para, en su caso, saber el motivo. En términos de la normatividad, son tres (o) cuatro faltas para iniciar un procedimiento administrativo, pero es importante que tengamos las causas por las que faltaron”, señaló el funcionario de Cuernavaca.
Sin embargo, la Procuraduría General de la República (PGR), con el apoyo de militares, realiza una investigación contra la policía de Morelos, pues se tiene antecedentes de que servían a la célula que encabezaba Arturo Beltrán.
Hasta el miércoles 23, los federales llevaban a cabo tareas de revisión en la Secretaría de Protección y Auxilio Ciudadano. Extraoficialmente se informó del hallazgo de una narconómina en la que estarían implicados policías estatales y municipales.
En medio de patrullajes de la Marina, el Ejército y la Policía Federal, la guerra entre los cárteles de la droga no parece tener fin en Morelos ni en el resto del país. “Habrá más violencia”, sentenció el jueves 17 el procurador general de la República, Arturo Chávez Chávez, quien añadió:
“La muerte del narcotraficante (Arturo Beltrán Leyva) podría desatar una ola de violencia en dos frentes: una por el liderazgo de la organización, y otra debido a que cárteles rivales se disputen a sangre y fuego los territorios que dominaba Arturo Beltrán. Sin duda que se le pegue al líder de un cártel es un golpe muy fuerte, y esto seguramente obligará a que haya reestructuras.”
¿Puede haber una lucha intestina dentro de la organización de los hermanos Beltrán Leyva? –le preguntaron algunos reporteros.
–No se descarta una lucha intestina (en ese cártel) hasta que se definan las líneas de mando, pero hay que esperar a ver lo que ocurre. Si lo advierten débil, probablemente intenten fortalecer acciones para avanzar en territorios o en posiciones, y esto puede significar que puede haber enfrentamientos entre ellos.
La guerra entre cárteles por el control de Morelos, una de las plazas más boyantes del narco, fue anunciada el martes 22: a 10 minutos del zócalo de Cuernavaca, en un jardín de niños, fue colgada una manta dirigida a Édgar Valdez Villarreal, La Barbie, quien fuera jefe de sicarios de Arturo Beltrán y se menciona en informes de inteligencia como posible relevo del capo sinaloense.
El mensaje tiene frases entrecortadas: …Aparte de que les estamos ayudando a combatir la delincuencia en Morelos, cometieron un gravísimo error al meterse con la empresa. Barbie, tienes todo mi apoyo para empezar una guerra en Morelos, ya que cuento con gente suficiente al mando para empezar una guerra, y que quede claro que la mafia nunca se va a acabar, arriba Sinaloa. Atentamente El Flaco Chiquis.
Ese mismo día, otra manta apareció en Celaya, Guanajuato.
El mensaje presuntamente proviene del cártel del Golfo e invita al cártel de La Familia a sumarse a Los Zetas, que presuntamente ya estaban unificados con los Beltrán, pues tras la ruptura de los hermanos Beltrán Leyva con el cártel de Sinaloa –que se habría consumado a mediados de 2007– surgió la versión de que Arturo Beltrán se había unido a Los Zetas y al cártel de Tijuana.
En otras investigaciones federales se establece que los Beltrán facilitaban a La Familia el trasiego de droga por sus rutas del norte del país (Proceso 1726).
 
Trayectoria de La Barbie

De acuerdo con la PGR, el liderazgo de la organización Beltrán Leyva puede disputarse entre Édgar Valdez Villarreal, La Barbie; Sergio Villarreal Barragán, El Grande –cuyo feudo está en Coahuila–, y Héctor Beltrán Leyva, a quien se identifica como el lavador de activos del grupo.
El mejor posicionado de los tres y quien tiene el apoyo del cártel de Sinaloa es Valdez Villarreal, a juzgar por el mensaje de la narcomanta colgada el martes 22 en Cuernavaca, la cual investiga ya la PGR.
Mejor conocido como La Barbie –sobrenombre que le fue puesto por su tez blanca y su cabello rubio–, Valdez Villarreal es un estadunidense que ha militado en varios cárteles.
La Barbie nació el 11 de agosto de 1973 en Laredo, Texas, y tiene un hermano, Abel Valdez Villarreal, que estudió criminología y trabajó para el gobierno de Texas.
La escuela nunca fue lo suyo. Aparentemente el sicario no cursó más allá de la secundaria y desde temprana edad se dedicó a distribuir droga en Laredo, además de viajar por Estados Unidos. Sus antecedentes criminales revelan que fue reclutado por el narcotráfico en 2001 y posteriormente se convirtió en uno de los principales factores de violencia en la frontera con Texas.
Según los reportes policiacos sobre su trayectoria, uno de sus primeros contactos en el narcotráfico fue Dionisio Román García Sánchez, El Chacho, traficante afincado en Nuevo Laredo, Tamaulipas, a quien se identificó con el cártel de Sinaloa. Fue ejecutado el 13 de mayo de 2002.
Otro de sus aliados era Juan Sergio Castillo Ortiz, El Checo, con quien después se confrontó y el que fue ejecutado presuntamente por Los Zetas el 31 de agosto de 2004 por extraviar un cargamento de droga.
Primero, las autoridades federales mexicanas relacionaron a La Barbie con el cártel del Golfo, pues se dio a conocer como estratega al crear los halcones, un grupo de espías conformado por policías, taxistas, meseros y boleros que informan a los narcos sobre los movimientos policiacos y militares.
En 2004, tras desligarse del cártel del Golfo, Valdez Villarreal se vinculó al de Juárez y recibió la encomienda de expulsar de Nuevo Laredo –conocida como la joya de la corona– a la banda encabezada por Osiel Cárdenas Guillén y sus entonces sicarios, Los Zetas.
En aquel año trágico que vivió Tamaulipas, feudo del cártel del Golfo, las cartas de presentación de Valdez Villarreal fueron un abanico de 10 ejecutados, antecedentes carcelarios en Estados Unidos, una orden de aprehensión por narcotráfico emitida por la Corte Federal del Distrito de Nueva Orleáns y los 40 pistoleros bajo su mando.
Pero La Barbie dio el verdadero salto en el mundo del narcotráfico cuando un amigo suyo, con antecedentes de distribución de drogas en Houston y San Antonio, lo presentó con Arturo Beltrán Leyva. En ese tiempo éste era operador de Amado Carrillo en el estado de Nuevo León.
Según su ficha, quien presentó a Valdez Villarreal con Beltrán Leyva fue Javier Martínez Pérez, que tenía 29 años y era originario de Laredo, Texas. Tiempo después Martínez se convirtió en una pieza importante del Ejército para lograr la captura del capo Armando Valencia Cornelio, El Maradona, cabecilla del cártel del Milenio.
Pronto La Barbie se convirtió en jefe de sicarios de Arturo Beltrán. Uno de los primeros homicidios que se le atribuyen a Valdez Villarreal es el de Rolando Hinojosa, en Nuevo Laredo, en 2002. Pero de octubre de 2004 a febrero de 2005 se le relacionó con varios asesinatos, como ejecutor o como autor intelectual.
Un ejemplo de la saña con que suele actuar La Barbie es la matanza del 10 de mayo de 2004: ese día ordenó la ejecución de Luis Alberto Guerrero, El Guerrero, identificado por la PGR como miembro de Los Zetas y quien fue masacrado en Matamoros junto con el expolicía Leandro García y dos mujeres. La camioneta en la que viajaban recibió 200 balazos.
En la averiguación previa PGR/SIEDOUEIDCS/013/2003, Marcela Hidalgo Salas, una regiomontana que conoció a La Barbie en la capital de Nuevo León, narra parte de la vida social que en esa ciudad llevaba Valdez Villarreal:
Aproximadamente en el año 2000, me reunía con un grupo de amigas con las que salía a dar la vuelta a todos lados, al cine… y en aquellas épocas recuerdo que mi amiga de nombre Verónica Diamantina Cervera conoció a un grupo de chavos en el bar La Habana, que se ubica en calzada de San Pedro Garza García de la ciudad de Monterrey… Ella me habló y me dijo que había conocido a unos muchachos muy guapos que eran de Laredo, de nombre Gerardo y Rogelio, y que a uno de ellos le decían Batman…
El encuentro en un bar, narra, fue más o menos así:
Llegó Roy y fue a nuestra mesa a ver a Verónica, a quien invitó para que fuéramos a sentarnos con ellos a su mesa en la que estaba con sus amigos, ubicada en un privado que se localiza en la segunda planta. Nosotras no aceptamos la invitación, retirándose Roy en ese momento y regresando más tarde en compañía de una persona que se presentó como Fernando. A veces ellos se equivocaban y lo llamaban por el nombre de Rogelio, de quien me enteré por los periódicos que su nombre era Édgar Valdez… Utilizaban carros blindados, acondicionados con gases y cohetes…

Rivales peligrosos

Otro de los capos mencionado como posible relevo de Arturo Beltrán es Sergio Villarreal Barragán, El Grande, quien fue policía de Coahuila adscrito al área de robo de vehículos y se vinculó al narco, primero con el cártel del Golfo y después con los hermanos Beltrán Leyva. Opera en la ciudad de Torreón, aunque su feudo abarca buena parte de la Comarca Lagunera y también el estado de Morelos, pues trabajó al lado de Beltrán Leyva.
En La Laguna El Grande es considerado el dueño de la plaza: llegó en 2003 y sustituyó a Arturo González Hernández, El Chaky, quien se desempeñaba como jefe de gatilleros de Vicente Carrillo Fuentes, El Viceroy. Incluso, Villarreal Barragán habitó una de las residencias que González tenía en Lerdo, Durango, donde lo protegía la policía municipal (Proceso 1614).
A El Grande se le veía con frecuencia en Cuernavaca, realizando negocios de compra e intercambio de cocaína con policías federales adscritos al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, aunque su principal plaza era Torreón.
Por otra parte, Héctor Beltrán Leyva, hermano de Arturo y de Alfredo (éste preso en Puente Grande desde enero de 2008), es otro de los probables relevos de Arturo Beltrán en Morelos.
Según el oficio C1/C4/ZC/0340/05, elaborado por el Centro Nacional de Planeación e Información para el Combate a la Delincuencia (Cenapi) de la PGR, el mayor de los hermanos Beltrán Leyva es Héctor, conocido como El H.
En ese documento se afirma que en el cártel de los Beltrán, Héctor se encarga de trasladar cargamentos de droga hasta Monterrey, Nuevo León, y el estado de Guerrero, otro de sus feudos y donde tiene fuertes enlaces.
Su ficha establece: “Se caracteriza por ser una persona violenta y contar con un férreo control de los grupos menores de narcotraficantes”.
Héctor Beltrán Leyva tiene abierta una averiguación previa en la PGR: la número 2984/2002, radicada en Los Mochis, Sinaloa, por siembra y tráfico de droga. La información oficial destaca que es muy diestro en el lavado de dinero.
De hecho, se especifica que puede ser el principal lavador de dinero del grupo, ya que le han detectado casas y ranchos en Sinaloa, el Distrito Federal y el Estado de México.

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