Cómo elegir al director de un museo

jueves, 5 de agosto de 2010

MÉXICO, D.F., 5 de agosto (Proceso).- Esperada hacia agosto, la salida de Roxana Velásquez de la dirección del Museo del Palacio de Bellas Artes es una excelente oportunidad para que Teresa Vicencio, directora del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), diseñe un proceso de selección democrático y profesional en la contratación de directores de los museos.

Este proceso, realizado actualmente en la opacidad, sin establecer públicamente el perfil del puesto, sin informar a la ciudadanía sobre los criterios que sustentaron la propuesta de los candidatos y sin dar a conocer metas y objetivos que permitan evaluar el desempeño del funcionario elegido, resulta abierta y descaradamente discrecional.

Es el momento de acabar con esos procedimientos. Lo primero que se debe hacer es abolir la costumbre de buscar personas en lugar de seleccionar proyectos: las recomendaciones amistosas o gremiales, estudios y trayectorias profesionales, no aseguran la eficacia y eficiencia de los funcionarios al frente de los recintos. Lo segundo es definir profesionalmente las misiones, visiones y objetivos de cada museo para, con base en indicadores medibles y necesidades concretas, establecer las funciones y perfiles de los puestos.

Este último aspecto es relevante porque quien dirige un museo gubernamental, además de contar con una actitud de servicio a la sociedad, debe tener conocimientos sobre administración pública, gestión cultural, funcionamiento del sistema artístico y el arte que determina la vocación del recinto. Una vez establecidos los conocimientos y habilidades –como la capacidad de negociación y solución de conflictos– indispensables, los pasos a seguir son: enumerar los requisitos personales que deben cubrir los candidatos, definir el tipo de proyecto que deben entregar para demostrar su capacidad de dirigir el recinto y diseñar el proceso de evaluación y selección.

Para evitar la discrecionalidad, romper con la hegemonía gremial y generar una cultura democrática de la gestión gubernamental de las artes visuales, lo más conveniente es que Teresa Vicencio se atreva a instaurar un “proceso de selección” transparente, organizado bajo el formato de concurso público, diseñado con base en la descripción de criterios específicos y con un sistema de evaluación nítido y plural en el que se tome en cuenta el perfil deseado y la viabilidad del proyecto entregado.

Los procesos de este tipo no son nuevos, y se utilizan en recintos internacionales tan prestigiados como el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de España.