Así vivía Nacho Coronel (*)

lunes, 9 de agosto de 2010

Las investigaciones de la SIEDO sobre las andanzas de Ignacio Coronel Villarreal en la zona metropolitana de Guadalajara sacudieron a los cuerpos policiacos estatales. Y aun cuando los titulares de Seguridad Pública, Luis Carlos Nájera, y de la Procuraduría de Justicia, Tomás Coronado, dicen que están dispuestos a colaborar, persiste la sospecha de que algunos uniformados y funcionarios jaliscienses formaban parte de la red que protegía al capo sinaloense.

 

GUADALAJARA, Jal., 9 de agosto (Proceso).- Ignacio Coronel Villarreal, quien fue abatido el 29 de julio último de seis balazos –según fuentes extraoficiales consultadas por Proceso Jalisco, fueron tres en el hombro, brazo y muslo izquierdos, y tres más en cuello, abdomen y tórax– en una de sus residencias de Colinas de San Javier, en Zapopan, solía pasear por la zona metropolitana de Guadalajara sin que ninguna autoridad lo molestara.

Al capo del cártel de Sinaloa –a quien identificaban como El Inge, El Cachas de Diamante, El Rey del Crystal o El Don– se le veía ocasionalmente en espacios públicos como Plaza Andares, un complejo comercial único en su género en el país, diseñado por la familia Leaño Álvarez del Castillo, dueña de la Universidad Autónoma de Guadalajara y conocida en Jalisco y Colima por sus inversiones en los rubros inmobiliario y turístico.

Varios de los vecinos de Colinas de San Javier consultados por Proceso Jalisco aseguran que Coronel Villarreal acudía con frecuencia a un conocido restaurante de la avenida Adolfo Horn, en Tlajomulco, próximo a uno de sus ranchos. El negocio, dicen, es propiedad del cantante Alejandro Fernández. Se movía con discreción y por lo general iba acompañado por uno de sus guardaespaldas.

Coronel tenía siempre a su disposición varios radios. Cuando se comunicaba con alguien en presencia de otras personas lo hacía en clave, y se dirigía a sus subalternos con deferencia; también tenía vehículos de modelo reciente para desplazarse, aunque prefería un BMW negro blindado.

Personas que lo conocieron dicen que él se presentaba como un próspero empresario; otras aseguran que tenía una agencia de autos en Tlajomulco y que se dedicaba también a la producción de cítricos en Colima, donde incluso tenía su rancho de descanso. Su lenguaje, agregan, era el de una persona culta y de trato amable. Su vestimenta era casual y nunca traía joyas.

Incluso los que no intimaban con él dicen que se dedicaba a la crianza de ganado y caballos de raza; aseguran que una semana antes de su muerte a manos de un grupo de élite del Ejército, Coronel Villarreal se cayó de un potro y se lastimó la espalda.

Algunos de los entrevistados indican que El Inge inició sus terapias de masajes y acupuntura en abril pasado, luego de la depresión que le causó la muerte de su hijo Alejandro. Y fue precisamente en una de esas sesiones cuando fue sorprendido por los soldados en su finca de Paseo de los Parques 3435, en Colinas de San Javier.

La “narconómina”

Sus relaciones con la clase política jalisciense siempre se ocultaron. Sin embargo, las pesquisas de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) iniciadas a raíz de su muerte revelan que Coronel Villarreal tenía contacto con algunos funcionarios y con policías municipales y dejaron entrever que existe una narconómina.

Una fuente consultada por Proceso Jalisco comenta que El Inge acudió en una ocasión a Casa Jalisco en su calidad de empresario. El martes 3, el diario La Jornada informó que la SIEDO sigue esa pista, pues no descarta que también haya mandos militares entre los personajes con los que el capo solía comunicarse.

Consultada sobre la narconómina, la PGR Jalisco declinó hablar sobre el asunto; la dependencia sólo aclaró que las autoridades federales tienen documentos sobre la presunta red de protección al Coronel. Si se comprueban los ilícitos, las autoridades procederán contra quien resulte implicado, respondió la procuraduría a través de su oficina de prensa.

Durante el operativo donde cayó Coronel, los militares aseguraron varias maletas que contenían 7 millones de dólares, armas de fuego, cartuchos de diversos calibres, joyas y la famosa laptop que, según las autoridades, permitió la captura de su sobrino Mario Carrasco Coronel, alias El Gallo, el 30 de julio.

Versiones extraoficiales indican que en ese aparato había archivos con los nombres, teléfonos y direcciones de decenas de policías que cada mes recibían el pago de Coronel por sus servicios. En esa lista figuran al menos 25 jefes policiacos de diferentes municipios de Jalisco.

Salvador Caro Cabrera, diputado federal por el PRI, comenta a Proceso Jalisco en entrevista telefónica desde la Ciudad de México que, de comprobarse que entre los implicados hay políticos, servidores públicos o gobernantes, el asunto cobrará relevancia nacional.

“Yo soy de la idea de que debe aprovechar al extremo la presunta existencia de una supuesta narconómina para tomar medidas ejemplares y castigar a posibles culpables; soy de la idea de que debe llevárseles a la cárcel.”

El gobernador Emilio González Márquez habló del tema cinco días después de la muerte del capo. Dijo que él y su administración estaban en la mejor disposición para ser investigados: “Siempre estamos cuidándonos de que las fuerzas policiacas no sean infiltradas por los bandos delictivos y haciendo evaluaciones a todas las corporaciones –comentó a los reporteros que lo abordaron en Casa Jalisco–. Yo tengo la tranquilidad de que ese proceso se está haciendo y somos los primeros en pedir que se investigue a todos”.

Sin embargo, atajó a los reporteros cuando le preguntaron sobre la presunta narconómina y si estaría dispuesto a remover a algún mando. “Esa información corresponde a la procuraduría o a la Secretaría de Seguridad Pública estatal”, respondió el mandatario en un acto donde habló sobre los festejos del Bicentenario de la Independencia.

El titular de la Secretaría de Seguridad Publica (SSP), Luis Carlos Nájera, a quien algunos de sus subalternos señalan como presunto protector de Coronel, insiste en que no tiene ningún nexo con grupos de narcotraficantes y expone que él no metería las manos al fuego por los uniformados de su corporación; “cada quien debe responder por sus propios actos”.

Y adelanta que la SSP se encuentra en la mejor disposición para cooperar con las autoridades federales en una auditoría. “Para nosotros, mientras más transparente y más claro quede el actuar de la institución es mejor; nosotros siempre estaremos dispuestos a coadyuvar en cualquier situación”, comenta Nájera.

Admite también que existe la posibilidad de que algunos agentes estén vinculados con organizaciones criminales o de que algún funcionario de primer nivel pueda ser blanco de un atentado, como ya ha ocurrió en otras entidades. Por lo pronto, aclara, Jalisco se mantiene en alerta máxima desde hace meses.

–¿La dependencia que usted encabeza no está en manos del hampa? –se le pregunta.

–No. La SSP está en mis manos y yo no estoy en contubernio con el hampa. Si hubiera alguna gente infiltrada, sería una situación particular.

–¿En algún momento le ofreció protección a Ignacio Coronel?

–No. Yo no lo conocí; sólo lo vi en las fotos que aparecían en los medios. Nosotros nunca fuimos solicitados por ninguna instancia federal sobre alguna búsqueda o algún rastreo de esa persona…

Nájera relata que la SSP ha tenido 15 bajas en los últimos meses en los enfrentamientos con bandas criminales y un agente más murió en el atentado contra las instalaciones de la corporación en octubre de 2008. Además, dice, el edificio de Libertad y 16 de Septiembre, en el centro de la ciudad, ha sido objeto de dos ataques con granadas de fragmentación.

Secuelas

Al día siguiente de la caída de Ignacio Coronel Villarreal, el 30 de julio, fue ultimado Mario Carrasco Coronel, sobrino del capo, en la colonia Rinconada de los Novelistas, zona donde alguna vez se vio a Coronel. 

Vecinos del lujoso fraccionamiento Puerta de Hierro, cercano al sitio en el que murió Nacho, aseguran que después de la refriega hubo “reacciones silenciosas” y muchos colonos abandonaron sus viviendas de manera precipitada. Y en Colinas de San Javier, conjunto fundado hace cerca de 50 años y el cual alberga a más de 700 familias, los residentes piden a las autoridades que refuercen el sistema de seguridad y la vigilancia.

El director del Servicio Médico Forense (Semefo), Mario Rivas Souza, decano de los forenses del país, comentó que sus superiores le prohibieron declarar a los medios de comunicación sobre la autopsia a Coronel Villarreal. 

Cuando Proceso Jalisco le pidió información, Rivas Souza, quien la década pasada se encargó también de la autopsia del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, respondió: “Yo no puedo decir nada sobre la autopsia porque así me lo pidieron. Yo siempre hablo con la verdad. A mí no me enseñaron a echar mentiras, pero me pidieron que no diera entrevistas…”.

En la breve conversación con este semanario, el galeno recordó que ni siquiera cuando se hizo la autopsia del cardenal Posadas Ocampo, el 24 de mayo de 1993, fue censurado como ahora. Aquella vez, Rivas causó polémica porque contradijo la versión oficial, según la cual el purpurado había sido víctima de un fuego cruzado entre dos bandos de narcos. La versión del forense fue que los impactos que recibió Posadas Ocampo fueron “directísimos”.

Reporteros que cubren la fuente policiaca aseguran que el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses (IJCF) tardó en atender la petición de los militares para que levantaran el cuerpo de Coronel Villarreal.

“En cualquier homicidio las autoridades ministeriales tardan máximo cuatro horas en hacer el levantamiento de indicios, evidencias y la revisión física del cuerpo. En el caso del capo, la Semefo demoró más de 17 horas y lo más extraordinario: entregaron el cuerpo de Coronel a sus familiares cuatro días después”, dice uno de los reporteros consultados por Proceso Jalisco.

Además, de manera extraoficial se supo que después de la ejecución de Coronel Villarreal hubo dos suicidios en Puente Grande. Las autoridades del penal y personal del Semefo investigan los hechos y no descartan que las muertes de los dos reclusos estén relacionadas con el caso Coronel.

El 31 de julio, varios desconocidos abandonaron una hielera con una cabeza de cerdo en la colonia Jardín Real, cerca de la Base Aérea, con mensajes firmados por La Familia y dirigidos a Luis Carlos Nájera y al director de la Policía Investigadora, Marco Antonio Venegas, informó el diario El Occidental.

El procurador de Justicia de Jalisco, Tomás Coronado Olmos, según el periódico, determinó que no se difundieran los narcomensajes. Sólo comentó que la dependencia colaborará con autoridades federales en el caso de los presuntos nexos de policías estatales con Coronel Villarreal.

Los días siguientes llovieron las amenazas contra la policía de Guadalajara, la única corporación que acompañó a los militares en las labores de vigilancia en las inmediaciones de la morgue de la ciudad.

 

(*) Este texto se publica en la edición 300 de Proceso Jalisco, ya en circulación.