Los nuevos creadores artísticos del Fonca

lunes, 9 de agosto de 2010

MÉXICO, D.F., 4 de agosto (apro).- Cada vez que aparece la convocatoria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca), el número de solicitudes de los creadores artísticos crece exponencialmente.

Sin embargo, hay que mencionar que el área con menos artistas reconocidos es la de danza.

Más allá de la frase del lugar común que señala que “la danza es el patito feo de las artes”, es claro que el peso específico que se da a otro tipo de manifestaciones duplica y en ocasiones triplica la cantidad de reconocimientos en comparación con los otorgados a la danza.

Al día de hoy no se ha logrado impulsar debidamente las propuestas coreográficas. Y en la errática concepción de que los grupos deben convertirse en empresas culturales, cada vez son menos aquellos creadores que logran tener una compañía para competir a nivel internacional por sus bailarines, por su propuesta artística y por la producción misma de la obra.

Así, por ejemplo, Cecilia Lugo, una de las más reconocidas en esta edición, ha logrado crear una escuela donde se imparten cursos de danza e incluso ha abierto una carrera para intérpretes. Pero no es negocio, ya que cada mes Lugo pierde dinero o cuando mucho sale tablas luego de pagar sueldos, renta, mantenimiento, vigilancia…

Con el estímulo de “México en escena”, la tamaulipeca consigue pagar más o menos a sus bailarines, y con ello consigue que sean de los pocos errantes o chambistas. Pero como ella misma produce sus obras, su situación es de muchísimo riesgo económico.

Lourdes Luna ha tomado el mismo camino en Mérida, Yucatán, con la creación de un conservatorio de danza, donde trata de obtener fondos para poder sostener su compañía, cosa que no ha logrado del todo. Con Cancún a la vuelta de la esquina, los buenos bailarines prefieren --en su mayoría-- lanzarse a los cabarets de esa zona del Caribe.

 Intérprete de altísimos vuelos, Luna se destacó siempre por bailar sus propias obras y atraer al público por su gran energía.

Del otro lado de la moneda se encuentra Benito González, quien junto con Evoé Sotelo dirige el Proyecto Quiatora Monorriel. Inquieto y con un buen sentido del humor escénico, González suele hacer performances muy ingeniosos, pero no tiene una compañía en forma y se vale de bailarines que trabajan por proyecto.

Tener un grupo formal parece no ser su línea, si bien debe desembolsar de su bolsillo el pago de producciones, ensayos y sueldos.

Y no es la primera vez que Rossana Filomarino obtiene la beca del Fonca. Es la única coreógrafa y bailarina fiel a la técnica Graham que enseña con rigor y fuerza. Esposa del talentoso director escénico Germán Castillo, hace muchos años entró con el pie derecho al estudio del teatro, al lado de aquel, y en muchas ocasiones retomó a los clásicos y al mismo tiempo hizo una seria crítica social sobre el país.

Sin embargo, Filomarino también carece de recursos para mantener una compañía y, peor aún, si no encuentra quién le produzca sus obras, tendrá que pagar las próximas creaciones de su propia bolsa.

Sobre Miguel Mancillas, seguirá promoviendo la danza en Sonora a costa de lo que sea.

Y así, frente a tal panorama, los nuevos becarios lo único que pueden hacer es tratar de adaptarse a la tormenta y “desensillar hasta que amanezca”, como decía el expresidente de Argentina, el general Juan Domingo Perón.

Con subsidio o sin él, todos ellos estarán en la danza actual por mucho tiempo, de igual manera que los que no ganaron nada, como José Rivera, Francisco Illescas y Octavio Zeyvi, entre otros.