El triste y penoso fin del PRD

sábado, 11 de septiembre de 2010

Militante del PRD durante casi dos décadas, Rosa Albina Garavito se fue del partido después de atestiguar el pleito por el liderazgo entre Encinas y Ortega. Ahora la exguerrillera afirma que este instituto “no tiene futuro”, que “ya cerró su ciclo” y que es un partido conservador que, en aras de la sobrevivencia, está repitiendo los vicios priistas. Aún más, quien fuera consejera nacional emérita de ese partido señala que el viraje perredista comenzó durante la dirigencia de Andrés Manuel López Obrador.

MÉXICO, D.F., 11 de septiembre (Proceso).- El Partido de la Revolución Democrática (PRD) ya no tiene futuro. Con esta implacable afirmación, Rosa Albina Garavito Elías, experredista que tomó parte en la fundación del instituto político donde militó durante casi 20 años, describe el estado que éste guarda ahora, una vez que sus estructuras han ido agotándose.

 “El PRD ya cerró su ciclo. Está en esa pobre situación de sobrevivir”, dice Garavito en entrevista con Proceso.

La socióloga y economista –que abandonó el PRD en 2008 a raíz de la crisis desatada durante la lucha por la dirigencia entre Alejandro Encinas y Jesús Ortega– destaca que la única manera de transformar a ese partido es con la asamblea constituyente de un nuevo instituto político y que el PRD emule al Partido Mexicano Socialista (heredero del Partido Comunista), que en 1989 entregó su registro para la creación de la nueva organización.

En la actualidad, afirma, entre el perredismo y el priismo no hay diferencias, pues desde su fundación el PRD sólo buscó desplazar al PRI de los órganos de gobierno.

A propósito de su reciente publicación, Apuntes para el camino. Memorias sobre el PRD, la experredista y exconsejera nacional emérita analiza el liderazgo de Jesús Ortega, a quien le achaca la pérdida de rumbo del partido.

Para Garavito el PRD es un partido conservador que recogió el nacionalismo revolucionario que el priismo dejó en el camino después de perder la Presidencia en 2000 y siguió con las prácticas del clientelismo, la corrupción y la simulación ideológica que afectan a una organización que no es de izquierda, aunque se identifique como tal.

“Lo que digo en el libro es que el partido que nació para disolver el viejo régimen priista terminó por reproducirlo justamente por su sobrevivencia política”, dice.

 

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