Ante dignatarios extranjeros, Margarita Zavala presume el país "que somos"

martes, 14 de septiembre de 2010

MEXICO, D.F., 14 de septiembre (apro).- Ante dignatarios extranjeros e invitados especiales que vinieron a México con motivo de las celebraciones del Bicentenario de la Independencia, Margarita Zavala, presidenta del DIF Nacional y esposa del presidente Felipe Calderón, presumió el país “que somos”.
    “Nos enorgullece el legado que hemos recibido de civilizaciones que florecieron en nuestro territorio a lo largo de milenios (…) Esas precisas civilizaciones, junto con mucha historia posterior, permitieron consolidar hoy un Estado libre y soberano, conformado por instituciones democráticas”, afirmó.
    Más: “Somos una nación que construye todos los días. Y este México –que le gusta tener amigos, que los recibe-- sabe que lo mejor está también en el futuro que estamos construyendo”, dijo.
    Zavala habló ante funcionarios y embajadores extranjeros durante la comida que la canciller Patricia Espinosa les ofreció en el Museo Nacional de Antropología e Historia.
    Mientras los invitados degustaban “timbal con nopalitos” y “rodajas de pechuga de pollo bañadas en mole de la abuela”, Zavala esbozaba al país:
    “Somos una nación orgullosa de su pasado y de sus raíces indígenas, así como del vigoroso influjo étnico y cultural proveniente de Europa, Asía y África. Eso es lo que ha hecho un México plural y diferente”, sostuvo.
    Y, didáctica, aleccionó: “México es un mosaico lleno de personas diferentes, de culturas diferentes, de maneras distintas de ver al país; que no sólo somos pirámides, ni sólo somos playas, no sólo somos iglesias, sino somos todo eso. Afortunadamente no sólo somos de un color sino de muchos colores, ni de una sola tonada ni de una sola música”.
    Y, encarrerada, siguió: “Ese es el México del que estamos orgullosos y nos sentimos orgullosos, ese es el México que pinta Diego Rivera y ese es el México que construimos todos los días”.
    Ataviada con un chal en tonos rojos sobrepuesto sobre una blusa blanca de manga larga, así como de una falda negra recta, zapatos negros de tacón y sin medias, la primera dama habló de la hospitalidad que caracteriza a los mexicanos. Sostuvo que en México “se tiene emoción, se tiene carácter, se tiene compromiso”.
    “Somos una fuerza de hombres y mujeres que nos sabemos y que sabemos ser solidarios y generosos”, dijo.
Señaló que “en nuestra comida, en nuestras fiestas, en nuestro Grito de Independencia, en querer y proteger a nuestra familia, en amar a nuestros pueblos y a sus tradiciones, en hacer honor y honrar a nuestros muertos, nos convertimos en esa agitación y abundante energía de la que hablara Carlos Fuentes”.
    Añadió: “Así es como nos presentamos ante el mundo”.
    Y –copa de vino en alto--, terminó con un brindis: “Salud y ¡viva México!”.
    La comida con los invitados extranjeros fue la parte final de un encuentro organizado por la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE).
Previamente, los dignatarios y embajadores recorrieron la exposición “Rostros de la Divinidad. Los Mosaicos Mayas de Piedra Verde”, consistente en 13 máscaras de mosaico de piedra verde, un pectoral de mosaico de concha y tres ajuares de jade y concha con los que fueron sepultados notables personajes del periodo clásico maya, entre otros objetos.
Por mirar la exposición, los invitados se perdieron la música típica interpretada por el Coro Infantil de la República del Sistema Nacional de Fomento Musical –compuesto por niños de capacidades diferentes--, quienes sin embargo recibieron los aplausos de fotógrafos, camarógrafos y periodistas que esperaban en el patio central del museo a que las delegaciones extranjeras terminaran de recorrer la exposición.
    Luego, los mandatarios e invitados especiales posaron para la foto oficial. A pesar de la presencia de cinco presidentes (Mohamed Abdelaziz, de la República Árabe de Saharahui; Pedro Lobo, de Honduras; Ricardo Martinelli, de Panamá; Alvaro Colom, de Guatemala; y Mauricio Funes, de El Salvador); de dos primeros ministros (Nika Gilauri, de Georgia; y Dean Barrow, de Belice) y hasta de un príncipe (Philippe, de Holanda), se notó la falta de figuras de peso internacional: ni un presidente sudamericano, ni un jefe de Estado europeo; ningún dignatario de alto nivel asiático…
    Luego, en la comida, los embajadores se hacían bolas buscando su lugar.  Subsecretarios de Relaciones Exteriores –como Lourdes Aranda o Julián Ventura—tuvieron que entrar al quite para ayudar a los capitanes a acomodar a los invitados.
    El presidente hondureño Pedro Lobo –ansioso de reconocimiento internacional-- repartió solícito besos y sonrisas. La canciller Espinosa soltó una carcajada ante un comentario casi al oído que le hizo el presidente guatemalteco Alvaro Colom; Phillipe, el príncipe heredero de Holanda miró maravillado a los seis jóvenes miembros del conjunto “Rincón de la Marimba” que se arrancó con sones tradicionales.
El embajador de Cuba en México, Manuel Aguilera de la Paz, se sorprendió de que su lugar no estaba asignado junto al del “enviado” del gobierno de la isla: Rodrigo Malmierca, ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera. Aguilera aguardó con aire serio entre las mesas a que le asignaran su lugar. “Nada más come y se va”, comentó un periodista a sus colegas.
Sonrientes, relajados, los invitados especiales platicaban, se intercambiaban saludos y tarjetas, chocaban copas…hasta que el audio anunció “el mensaje” de la canciller Espinosa, quien pasó al estrado prácticamente para presentar a “la licenciada Margarita Zavala” como oradora principal del evento.

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