Monterrey: Adiós a la vida alegre

sábado, 15 de enero de 2011

El comercio regiomontano languidece. Las típicas zonas del centro de Monterrey que cada noche se llenaban de jóvenes en busca de diversión ahora están vacías. La violencia ahuyenta a quienes eran asiduos de los bares y discotecas, e historias acerca de asaltos masivos dentro de los antros corren de boca en boca. La muerte está a la vista de todos: en los primeros 14 días del año 40 personas fueron ejecutadas por el crimen organizado en Nuevo León... y las autoridades siguen en el pasmo.

MONTERREY, NL., 15 de enero (Proceso).- La violencia irrefrenable y el pasmo gubernamental ante ella dieron el apagón a la vida nocturna de esta ciudad, con el consecuente saldo rojo para la economía local.

Dirigentes empresariales entrevistados por Proceso sostienen que la sociedad civil ya hizo su parte para enfrentar la recesión, pero afirman que la administración estatal, encabezada por el priista Rodrigo Medina, ha sido incapaz de brindar garantías a la actividad económica, pues ha sido rebasada por la inseguridad, a tal punto que sus estructuras policiaca y de prevención de delitos están paralizadas.

En contraste con los aparentemente positivos indicadores macroeconómicos del estado, celebrados por el gobierno estatal, la inseguridad afecta directamente a giros de actividad relacionados con la vida nocturna.

No es para menos. El año que terminó va a recordarse como el más violento en Nuevo León: hubo 828 homicidios (30 de ellos de civiles inocentes) atribuidos al crimen organizado, mientras que un conteo efectuado con base en los reportes de la prensa local indica que en el mismo periodo fue asesinada una cantidad inédita de policías –74–, así como 10 militares y dos alcaldes: Edelmiro Cavazos, de García, el 18 de agosto; y Prisciliano Rodríguez, de Doctor González, el 23 de septiembre.

Y 2011 empieza bajo fuego en la entidad: en los primeros 14 días del año fueron ejecutadas por sicarios 40 personas, entre ellas 11 uniformados de distintas corporaciones. Seis edificios públicos, entre penales (entre ellos el de Topo Chico), comandancias y sedes ministeriales han sido atacados con granadas y a tiros.

El efecto más evidente de esa violencia desatada se advierte en los tradicionales centros de reunión de la capital nuevoleonesa, como el Barrio Antiguo, el Paseo Santa Lucía y el corredor de restaurantes de la calzada Madero.

Ahora esos espacios están casi muertos.

Extracto del reportaje que se publica en la edición 1785 de la revista Proceso, ya en circulación.

 

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