María Elena Walsh (1930-2011), inolvidable

jueves, 20 de enero de 2011

MÉXICO, D.F., 20 de enero (apro).- Los medios impresos hispanoamericanos difundieron el pasado martes 11 la noticia del fallecimiento, a los 80 años de edad, de la cantautora infantil y escritora argentina María Elena Walsh, víctima de cáncer, en un tenor cuya importancia parecía concernir al ámbito cultural sudamericano exclusivamente.

Ninguna de las notas publicadas sobre su deceso en México destacaron que la obra de María Elena Walsh se conoció en nuestro país desde la década de los años 70, gracias a conjuntos musicales como Alpasinche (de los hermanos Tato, Juan y Lupita Dalera), el dueto Kitzia y Gabriela, la compositora y pianista Hebe Rosell o Los Hermanos Rincón.

Tampoco nadie mencionó el hecho de que, aún hoy día en la capital chiapaneca, una intérprete llamada Maruca le ha grabado canciones a Walsh y posee un repertorio con algunas de sus piezas, según manifestó para esta agencia de noticias Nacho Pata, del conjunto de rock poblano para niños Patita de Perro:

“María Elena Walsh es el equivalente en la canción infantil de Argentina a lo que en México significa Francisco Gabilondo Soler, Cri Cri, siendo su pieza más conocida en toda América Hispana la de El reino del revés, que han grabado muchos artistas como Chabelo, y esa tonada forma parte del repertorio de Maruca, cantautora e intérprete de Walsh en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.”

 

Me dijeron que en el reino del revés

nada el pájaro y vuela el pez.

        Qué los gatos no hacen miau

        y dicen yes,

porque estudian mucho inglés.

        

El País de Madrid dio la noticia de su muerte con el despacho de su corresponsal en Buenos Aires, Soledad Gallego-Díaz, el 11 de enero, cabeceando: “Fallece María Elena Walsh, mito de la literatura argentina”, pero la nota inexplicablemente omite la relación amarga que enfrentó la artista con el célebre escritor español Juan Ramón Jiménez (Premio Nobel de Literatura 1956), autor de la “elegía andaluza” Platero y yo, como leemos en Wikipedia (ver sitio en red y dirección es.wikipedia.org/wiki/Maria_Elena_Walsh):

“Luego de finalizar sus estudios secundarios en 1948, recibiéndose en Dibujo y Pintura, aceptó la invitación de Juan Ramón Jiménez para visitarlo en su casa de Maryland, Estados Unidos, donde permanecería seis meses en 1949. Se trató de una experiencia compleja porque Jiménez la trató impiadosamente (sic), sin ninguna consideración por sus necesidades e inclinaciones personales.”

Ella describiría aquella frustrante experiencia en 1957 así:

“Cada día tenía que inventarme coraje para enfrentarlo, repasar mi insignificancia, cubrirme de una desdicha que hoy me rebela. Me sentía averiguada y condenada. Suelo evocar con rencor a la gente que, mayor en el mundo, tuvo mi verde destino entre sus manos y no hizo más que paralizarlo. Con generosa intención, con protectora condena, Juan Ramón me destruía y no tenía derecho a equivocarse, porque él era Juan Ramón y yo, nadie. ¿En nombre de qué hay que perdonarlo? En nombre de lo que él es y significa, más allá del fracaso de una relación.”

Otro desencuentro de María Elena Walsh con un personaje de fama mundial ocurrió cuando ella radicó en París, Francia, con su pareja musical y sentimental Leda Valladares. Dice Wikipedia:

“María Elena Walsh inició su asociación artística y afectiva con Leda Valladares en 1951, por carta. En ese entonces tenía 21 años, once menos que Valladares, una artista tucumana relacionada con el folklore cotidiano del noroeste y hermana del mítico folklorista Chivo Valladares… En 1952 se instalaron en París y comenzaron a cantar canciones de tradición oral de la región andina de Argentina, como carnavalitos, bagualas y vidalas. Luego de cantar en cafés y boites, el dúo logró un contrato en el famoso cabaret Crazy Horse.

“En la capital de Francia se relacionaron con artistas como la chilena Violeta Parra o la estadunidense Blossom Dearie, y grabaron sus primeros discos Chantes de l’Argentine (“Cantos de Argentina”), de 1954, y Sous le ciel d’Argentine (“Bajo el cielo argentino”), de 1955.

“Cuando se encontraba en París, María Elena Walsh comenzó a crear poemas, canciones y personajes infantiles que sólo mostraría a Leda Valladares. En 1956 el dúo había ganado un concurso para cantar en el espectáculo de Edith Piaf en el Teatro Olympia, pero la famosa cantante finalmente las excluyó, aparentemente por razones de tipo emocional, y ambas decidieron entonces volver a Buenos Aires (en 1956).”

Nacho Pata refiere que los chavitos de hoy en México ya casi no cantan ninguna de las canciones de Cri Cri ni conocen las de María Elena Walsh, pues son piezas con ritmos tradicionales y de folclore mexicano y argentino, además de que suelen escuchar otras rítmicas más modernas, “pero ambos compositores fueron muy innovadores y bastante reconocidos en su tiempo por toda América Latina, nosotros como Patita de Perro nos enteramos más de la extensa obra de María Elena Walsh durante nuestro primer viaje por Argentina en 1999, cuando nuestro grupo participó en el 4° Encuentro de la Canción Latinoamericana Para Niños en Córdoba”.

A su regreso, Patita de Perro no interpretó ninguna de sus piezas en concierto “ni en los seis discos que hemos grabado, porque sólo ejecutamos rolas originales de rock para niños y no tan niños”, aunque “sí difundimos sus canciones varios años a través de un programa radiofónico Sábados pequeños que transmitíamos desde Puebla”. De cualquier modo, el autor de Cuentos pulgosos acepta que Walsh influyó indirectamente a Patita de Perro para sus creaciones líricas originales.

María Elena Walsh nació el 1 de febrero de 1930. Había sido criada “en un gran caserón de Ramos Mejía, en el Gran Buenos Aires, con patios, gallinero, gatos, patos, limoneros, naranjos y una higuera”, relata. Su canción Fideos finos y su primera novela Novios de antaño (1990) están dedicadas a aquellos recuerdos infantiles.

Por lo tanto, resulta increíble que ningún medio haya hablado de una lucha que ella entabló por la defensa del idioma castellano, como leemos en su escrito “La eñe también es gente” que publicó el diario bonaerense La Nación, donde reclamaba en 1996 (ver texto en www.me.gov.ar):

“La culpa es de los gnomos que nunca quisieron ser ñomos. Culpa tienen la nieve, la niebla, los nietos, los atenienses, el unicornio, todos evasores de la eñe.

“Señoras y señores, compañeros, amados niños: ¡No nos dejemos arrebatar la eñe! Ya nos han birlado los signos de apertura de interrogación y de admiración. ¿Qué será del Año Nuevo, el tiempo de ñaupa, aquel tapado de armiño y la ñata contra el vidrio? Sigamos siendo dueños de algo que nos pertenece, esa letra con caperuza, algo muy pequeño, pero menos ñoño de lo que parece…

“La supervivencia de esa letra nos atañe, sin distinción de sexos, credos, ni programas de software. Luchemos para no añadir más leña a la hoguera donde se debate nuestro discriminado signo. Letra es sinónimo de carácter. ¡Avisémosle al mundo entero por internet! La eñe también es gente.”

Walsh escribió en Otoño interminable (1947):

 

Yo sé que estoy en vísperas de lo desconocido:

Un presagio madura tristemente en mi pulso.

Que el silencio presida mi pavorosa angustia,

que nada en mí pretenda huir de lo inevitable.

Para sufrir más tarde el tiempo de las lágrimas,

vivo ahora esta edad de sed y aprendizaje.

Todas las cosas deben florecer.

Que el augurio se nutra de mi sangre y cumpla su presente.

Como él es el paisaje que habitará el dolor,

yo soy un sitio donde florecerá la muerte.

 

Tenía 17 años de edad. Inolvidable María Elena Walsh. Nos hace falta.

 

ap/cvb

--FIN DE NOTA--

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