"Arqueología mexicana", número especial a la decoración corporal prehispánica

viernes, 7 de enero de 2011

MÉXICO, D.F., 5 de enero (apro).- Según la siempre interesante revista Arqueología Mexicana en su número especial de este mes, “el adorno corporal en el México prehispánico incluía variantes que podían ser temporales o permanentes”.

Luego describe esas variantes temporales: La pintura corporal, el vestido y la joyería sobrepuesta, como anillos, collares o diademas. Y a continuación las segundas: La escarificación, el tatuaje, la joyería que implicaba horadar la piel, como orejeras, bezotes o narigueras, la deformación del cráneo, y el limado y la incrustación dentarios.

Se trata del número especial 37, que incluye aquellas prácticas que tenían la piel como soporte principal, en algún grado, “ya sea porque se le cubría con pigmentos o porque de plano se le hendía u horadaba”, explicó la revista en un comunicado de prensa.

Profusamente ilustrada –como en cada número-- Arqueología Mexicana da cuenta de cómo en el México prehispánico el adorno corporal permanente o temporal poseía dos sentidos básicos: señalar una identidad social y sumar una cualidad determinada al cuerpo en ocasiones señaladas.

Es el propio editor de la publicación, Enrique Vela, quien en un texto introductoria explica la práctica del adorno corporal y las características últimas que éste adopta a lo largo del tiempo. Dice:

“La función primaria del adorno del cuerpo es establecer una suerte de identidad social, pues quien lleva un cierto tipo de prendas u ostenta alguna modificación intencional de su apariencia lo hace a partir de pautas culturales compartidas con los miembros de su grupo. La práctica de adornar el cuerpo puede adquirir distintos significados en distintos niveles y lo que para un grupo tiene un sentido para otro aún cercano culturalmente puede adquirir otro.

“En nuestros tiempos, la pintura en ojos y boca es una práctica esencialmente asociada a las mujeres, quienes no sólo realzan su belleza de acuerdo al canon sino que se hacen parte de un grupo determinado, el del género femenino. Hoy día existen hombres, en especial jóvenes, que usan de pintarse ojos y boca, no con la idea de ser vistos como mujeres sino para identificarse como miembros de un grupo específico dentro del conjunto social, uno que comparte visiones específicas sobre distintos aspectos como la música, la moda, etcétera.”

Vela ejemplifica que la manera de adornar el cuerpo implicaba la pertenencia o no a un grupo determinado, es decir que funcionaba como seña de identidad, en el caso de Gonzalo Guerrero, el náufrago español que tras convivir con los mayas de la bahía de Chetumal, Quintana Roo, se integró plenamente a ellos y rechazó el ofrecimiento de sus compatriotas de rescatarlo.

“Además de su negativa a unirse a los españoles, lo que más llamó la atención de éstos fue que se había ‘labrado’ cara y cuerpo y portaba orejeras y narigueras. Esto no sólo muestra que se identificaba con los mayas, sino que éstos lo reconocían como noble, pues esta era una práctica reservada a la elite.

“En las crónicas de la época son frecuentes las menciones a las prácticas de adorno corporal que existían entre los habitantes de la región; de hecho se trataba de una costumbre que se encontraba no sólo entre los pueblos mesoamericanos sino entre las sociedades nómadas del norte del país, aunque cabe aclarar que con modalidades distintas.”

La pintura facial –según ofrece la revista-- presenta las mismas características que la corporal en cuanto a su carácter efímero y a que los colores y diseños utilizados tenían significados específicos y debían utilizarse en ocasiones determinadas y por ciertos personajes. En este sentido, la división entre pintura corporal y facial que se presenta en esta edición especial de Arqueología Mexicana es más que nada ilustrativa, aunque hay algunos puntos en relación con el uso de pintura en el rostro que son señalados.

Finalmente, la publicación señala que como algunas otras prácticas mesoamericanas relacionadas con la modificación del cuerpo humano con el fin de conferirle un significado específico, la del uso de narigueras es una reservada a la elite. De hecho, por lo menos desde el Clásico en adelante, la perforación en la nariz necesaria para colocarla se efectuaba en el marco de una ceremonia que tenía como fin investir a un soberano, el que en esa ocasión recibía insignias que en adelante simbolizarían su condición de gobernante, entre ellas la nariguera.

Arqueología Mexicana es editada por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, el Instituto Nacional de Antropología e Historia y la Editorial Raíces.

Comentarios