"Tron": el legado

viernes, 7 de enero de 2011

MÉXICO, D.F., 5 de enero (apro).- Mucho ruido se ha hecho alrededor de esta secuela Tron: El legado (Tron: Legacy, EU-2010): gran campaña publicitaria, soundtrack, videojuego y hasta se “cocina” una nueva forma de hacer ejercicio inspirada en este proyecto.

¿Qué hay detrás de Tron (EU-1982) que resulta tan especial como para revivir la franquicia? La promesa de un mundo mejor gracias a una red virtual de información. Desde este punto de vista, la primera entrega resulta, ahora, una visión profética de nuestra vida en Internet.

Tron: El legado, dirigida por Joseph Kosinski, da cuenta de la aventura de Sam Flynn (Garrett Hedlund), quien debe rescatar a su padre Kevin en un maravilloso y peligroso mundo digital. Kevin ha quedado atrapado ahí básicamente por su propio ego desde hace 25 años.

La desaparición del padre a temprana edad, un visionario de la informática cuya compañía Encom se ha vuelto sumamente poderosa, ha convertido al joven Sam en un rebelde informático que lucha por el software libre, contrario a los deseos de Encom, compañía de la que es heredero, cuyos dirigentes quieren cobrar por sus productos. ¿Les suena conocido?

Por azares del destino, Sam accede al mundo en el cual su padre yace cautivo, y lo que encuentra es una terrible tiranía cuya diversión principal, o al menos eso parece ser, es una arena de entretenimiento de juegos acrobáticos y violentos, a la manera de un circo romano.

Este mundo es dirigido por Clu (un Bridges rejuvenecido), alter ego digital de Kevin; Clu busca crear el mundo perfecto, y en este lugar Kevin no tiene cabida y por lo tanto vive prófugo.

Sam está en serios problemas, pero antes de sufrir un destino fatal, una bella chica y guerrera llamada Quorra (Olivia Wild), amiga de su progenitor, lo rescata y lo lleva con su padre.

Lo que parece ser un encuentro idílico, se torna conflictivo, pues Sam desea salir mientras Kevin piensa que lo más prudente es quedarse donde están.

En medio de efectos especiales sorprendentes, emocionantes luchas acrobáticas y un soundtrack realizado por Daftpunk, los héroes de la cinta luchan por la libertad.

En ese contexto, la cinta posee un fuerte sentido religioso, bastante cristiano, con argumentos baratos en donde la soberbia y el falso mesianismo deben castigarse.

Por si esto no fuera lo bastante chocante, la trama esta llena de inconsistencias que dan al traste con la verosimilitud de la historia; por ejemplo, para afianzar el rol de Dios creador de Kevin, se introduce una raza de seres digitales cuya explicación deja mucho que desear --es como si a un niño de doce años le dijéramos que a los bebés los trae la cigüeña-- y cuyo papel resulta tan enigmático y a la vez sumamente inútil.

Da la impresión de que, en algún momento, los creadores de esta entrega pretendían realizar una obra que definiera a este principio de siglo, pero perdieron de vista que estaban haciendo una película taquillera y que debían llegar a una gran audiencia, y entonces se quedaron a medio camino.

Tron: El legado es una súper producción de escaso valor argumental, que en el fondo, como veremos al final, desprecia el mundo virtual que le da sustento y fomenta la cursilería.