Como héroes, despide el presidente a accidentados

sábado, 12 de noviembre de 2011
MÉXICO, D.F. (apro).- Con una ceremonia de fastos militares, tratamiento de patriotas y decretando una pérdida para el país, Felipe Calderón elevó a tragedia nacional la muerte de los ocho funcionarios que fallecieron ayer al desplomarse el helicóptero en que viajaban, al sur de esta ciudad. En un discurso que dedicó en su mayor parte a encomiar al extinto secretario de Gobernación, José Francisco Blake Mora, el presidente de México admitió que el incidente aéreo pone a prueba a las instituciones del Estado mexicano. Aunque desde ayer, en un mensaje a medios pronunciado en la residencia oficial de Los Pinos, se adelantó a asegurar que se había tratado de un accidente provocado por las malas condiciones climáticas, esta tarde elevó el siniestro a una dificultad para la nación. “Estos son momentos difíciles para el gobierno y para la nación, pero es a la vez el momento de mostrar la entereza para superar las adversidades”, expresó. Aun cuando admitió que las instituciones estaban a prueba, se dijo convencido de que México “podrá salir adelante”. En las instalaciones militares de Campo Marte, Calderón encabezó “los funerales de estado”, dedicados a los ocho fallecidos del accidente de ayer, entre los que se encontraban, además de Blake Mora, el subsecretario de Asuntos Jurícios y Derechos Humanos, Héctor Felipe Zamora Castro; el coordinador de Comunicación Social, José Alfredo García Medina, a quien se refirió una vez más como “querido Tijuano”, así como la secretaria técnica, Diana Miriam Haiton, todos empleados de Gobernación. En el Campo Marte se dispuso de templetes, uno de los cuales fue destinado a los féretros de los fallecidos, los cuales fueron cubiertos con la bandera nacional. Delante de cada ataúd, una fotografía para identificar cada cuerpo, se sobrepuso sobre un atril. Además de los féretros de los funcionarios civiles, se colocaron también los restos del mayor René de León Sapién, encargado de la seguridad de Blake; del teniente coronel Felipe Bacio Cortés, piloto de la aeronave a quien Calderón consideró experimentado; el teniente Pedro Escobar Becerra, copiloto y el sargento segundo, destinado al mantenimiento del helicóptero, Jorge Luis Juárez Gómez. Con honores a la bandera, entonando el Himno Nacional y una marcha fúnebre, todo ejecutado por personal militar, que no regateó ninguna de las solemnidades que se destinan generalmente a héroes de guerra. Inclusive, la bandera nacional fue doblada con delicadeza marcial por policías federales en uniforme de gala y entregada a los deudos de los difuntos funcionarios, quienes habían sido acomodados en la primera fila del público. Acompañado por su gabinete, Calderón dedicó la mitad de su discurso a referirse a José Francisco Blake, a quien describió como uno de sus más cercanos colaboradores y “amigo entrañable”. No obstante, los comentarios del presidente fueron idénticos a los expresados ayer en Los Pinos, cuando lo calificó de patriota, honesto, franco, alegre, eficiente, inteligente, conciliador y otros tantos calificativos. Hoy, Calderón añadió a sus elogios que Blake nunca buscó reflectores y, como los otros muertos, estaba dedicado “a servir a México”. Al finalizar su disertación, el presidente apenas si balbuceaba el Himno Nacional y presenció con gestos de desagrado la marcha fúnebre que interpretó –con ciertas dificultades– una banda musical castrense. Luego, acudió a expresar su pésame a los deudos. El mandatario se mostró distante de su esposa, Margarita Zavala Gómez del Campo, a quien dejaba atrás cuando se encaminaba a saludar tanto a los deudos, como al despedirse, y tendió la mano a los integrantes de su gabinete en pleno, que lo acompañaron en el templete principal. Inclusive, la ceja levantada del mandatario se acentuó cuando en al menos tres ocasiones su mujer intentó infructuosamente tomarle la mano, y él se mantuvo inmóvil. Luego de saludar a las primeras familias de deudos y entregar las banderas en cajas de madera, Calderón giró instrucciones a su escolta para que le hicieran llegar los retratos de los muertos. Las familias habían mantenido una actitud de recato, pero cuando el mandatario repartió las fotografías, varios de los niños y niñas hoy huérfanos, incluida la hija mayor de Blake, rompieron en llanto. Entre los asistentes a los funerales de estado, se encontraban algunos de los líderes políticos que mantienen una abierta confrontación con el gobierno de Felipe Calderón, como el gobernador michoacano, Leonel Godoy, y el dirigente del PRI, Humberto Moreira Valdés.