Debe radicalizarse el movimiento de los indignados: Alberto Híjar

viernes, 18 de noviembre de 2011
MÉXICO, D.F. (apro).- Luego de visitar el campamento de los indignados frente a la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), así como a Edur Velasco, de la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco, quien lleva a cabo un ayuno, el historiador de arte Alberto Híjar rememora la frase utilizada cuando surgió el Partido Comunista de El Salvador, para responder por qué tardó en surgir un movimiento de indignados mexicanos, cuando en países como Chile o España lleva ya meses. “Tarde, pero a tiempo, eso se decía.” Evalúa que el movimiento de los indignados cobra importancia por dos razones fundamentales: Primero, porque pone el acento en que es un pleito contra una clase mundial: “Por primera vez la publicidad –dice citando un anuncio comercial de la CFE– dice la verdad: ‘La Comisión Federal de Electricidad es una empresa de clase mundial’. ¡Claro que sí! Es ese 1% que denuncian los ‘ocupas’ de Wall Street.” El otro es que se trata de un movimiento internacionalista que ha venido creciendo por el mundo con las mismas demandas. En países como Chile las condiciones de la lucha son peores pero todos se expresan contra el capital financiero, la precariedad laboral y la embestida de la clase mundial contra los derechos históricos de los trabajadores. Para Híjar, hay un internacionalismo que se había perdido, y con ello los indignados demuestran que los nacionalismos estrechos, “éstos que fomentan algunos partiduchos políticos en algunos momentos electoreros”, y la idea de que el imperialismo es sólo Estados Unidos “y está afuera”, han cambiado, demostrando que hay una burguesía nacional y un imperio mundial, como señalan Toni Negri y Michael Hardt, autores del libro Imperio (2000), al describir una estructura mundial conformada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización Mundial de Comercio (OMC) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Los indignados muestran asimismo que las posiciones deben radicalizarse y se está haciendo con la suma de importantes organizaciones de trabajo y sindicatos que prueban “que no todo está podrido”. Subraya entonces que el capitalismo, que ha generado millones de excluidos en el mundo, llegó a su tope histórico y hoy se vive una transición “que no puede ser sino al socialismo, pues esta protesta --aunque muchos indignados no lo sepan a ciencia cierta-- es contra la ley del valor”. Explica: “La clave de la acumulación capitalista es lo que está en crisis, que no lo saben los indignados es lo de menos. Pero lo sienten, lo están viviendo. Lo dan a entender, aunque no recurran a los términos estrictamente históricos como este de la ley del valor. Esto que tanto abominó El Che por ejemplo. “De manera que esto es ya el periodo de transición y la importancia de los indignados radica en que está transición puede durar 500 años o puede durar menos, según seamos capaces de romper con la militarización mundial, la paramilitarización, este agrupamiento de la industria del espectáculo y de los grandes consorcios de los medios, de la televisión, la radio y del deporte, que ¡claro! están actuando con toda su fuerza contra nosotros.” Ve sin embargo como extraordinario y positivo que el propio Bill Gates, fundador de Microsoft, advirtiera que el capitalismo acabó y más vale que no se cargue el peso de la crisis a los trabajadores, sino se impongan más impuestos al capital financiero. Tiene también importancia la presencia de personalidades como Pete Seeger, Angela Davis o Joan Baez, que han ido a Nueva York a apoyar a los activistas de Wall Street, sumándose al analista Noam Chomski. “Estamos claros de que el capitalismo está en su crisis de muerte, pero sabemos que no va a transformarse por sí solo, tendrá que radicalizarse el movimiento de los indignados para que podamos transitar a otra cosa de la manera más rápida posible. “Los planes de los consorcios, los contratos, los tratados de Libre Comercio, todo lo que están firmando gobiernos como el de (Felipe) Calderón tienen plazos hasta de setenta u ochenta años. Están planeando de esta manera cómo reproducirse. Esto exige que acá, del lado de los indignados, no vivamos al día con posiciones contestatarias que no van a profundidad, a tocar el punto de que esto se acaba y debemos empezar a construir lo que sigue.” –¿Qué papel deben tener el arte y la cultura, más allá de los actos presenciales de apoyo como los de los artistas que menciona? –También un proyecto de largo plazo. Creo que parte de esta crisis es el encierro que está sufriendo el dorado mundo de las galerías y las instituciones de Estado. ¿Qué gran exposición, qué gran evento podríamos decir que en estos momentos interesa a la gente? No hay ninguno. Eventualmente hay alguna exposición extraordinaria como la de Melesio Galván, este maravilloso dibujante que nos asesinaron en Chalco, pero es casual. En cambio, dice, quedan fuera producciones gráficas que son parte de movimientos sociales importantes, como las realizadas en Oaxaca por los colectivos ASARO, Arte Jaguar, SublevArte y Lapiztola, que reivindican el arte público, sin esperar que el Estado y las instituciones los financien o patrocinen. Contrasta con “la miseria cultural de los partidos políticos que no hacen nada, a pesar del proceso electoral, ninguno de ellos hace ningún acto importante, que tenga que ver con la Revolución Mexicana”, anticipa.

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