Polarización sobre el Palacio de Bellas Artes

miércoles, 2 de febrero de 2011

MÉXICO, D.F., 2 de febrero (Proceso).- No es posible que la información referente a la última remodelación del Palacio de Bellas Artes se halle tan polarizada. Parafraseando lo declarado en la prensa desde septiembre pasado a la fecha, tal información podría resumirse en dos posturas opuestas:

Por un lado, las autoridades aseguran que las obras eran necesarias, que su resultado es, en general, bueno, que las hicieron especialistas y que se llevaron a cabo con la mayor transparencia.

Por el otro, los detractores afirman que la intervención nunca debió tener los alcances que, aseguran, poseen, que no tenían razón de ser, que los involucrados son improvisados y que luego de 700 millones gastados el edificio no funciona ni luce mejor.

Escribiré estas líneas apelando a la sensatez y al equilibrio.

Lo primero que quiero asentar es que tal polarización se debe a que las autoridades nunca proporcionaron información clara. Deslindemos los problemas: Sólo algunos, por diversas causas, supimos desde inicios de 2007 de las obras. No obstante, nadie supo, sólo las autoridades, qué se haría con exactitud. Me parece que con razón los detractores experimentan molestia ante unos resultados que no estaban previstos en las informaciones que se conocieron, pues aun quienes sabíamos de las obras, nunca, al menos quien esto escribe, vimos el proyecto en la prensa, planos, detalles, explicaciones transparentes. Nadie hizo los necesarios cabildeos previos o consultó autoridades y/o especialistas en un sector amplio de arquitectos, restauradores, historiadores, protectores del patrimonio e instancias civiles interesadas.

Por cierto, ese proyecto debió hacerse del conocimiento de la Comisión Nacional de Zonas y Monumentos. ¿Qué opinan sus miembros?

Sin embargo, percibo también exageración de los detractores. Si hubo errores en la concepción o no, al transformar una sala de opera y conciertos en otra de multiusos, con lo cual se le colocaron bocinas (lo que condena cualquier amante de la música y del patrimonio), lo conducente es hacer una evaluación serena, olvidándose de posturas irreconciliables, y proceder a eliminar los equipos innecesarios. Lo mismo puede decirse de la chapa de madera utilizada, los escalones en la sala y hasta de los pasillos laterales eliminados, aunque en este tema las autoridades argumentan que, dada la amplitud nueva entre butacas, la cancelación fue razonable.

Me parece mucho más grave, de hecho lo más grave y, a las claras irreversible, el eliminar la mecánica teatral original del edificio y sustituirla por una nueva, máxime si funcionaba. A nadie se le ocurriría cambiar por anticuado el sistema mecánico del Big Ben por uno digital, argumentando que es más moderno y que con ello daría la hora con mayor exactitud. Las inexactitudes, viene a cuenta recordarlo, de ese venerable reloj (y de ello los ingleses están orgullosos) se ajustan por peso con unas monedas. Y a este propósito, puesto que el mecanismo retirado del Palacio de Bellas Artes es una joya, ¿dónde quedó? Sé de cierto que al decidir desmontar la mecánica teatral, los mejores estructuristas de México opinaron que si ello se hacía habría que construir un nuevo teatro para montarla.

Asimismo, me parece grave haber cambiado la isóptica de la sala. ¿Era necesario? Tal vez sí, pero nadie lo ha explicado de modos convincentes. ¿Cómo reza la declaratoria de “Monumento Artístico” conseguida por el mismo INBA a favor del Palacio de Bellas Artes? ¿A partir de ella podían eliminarse o alterarse sus elementos constitutivos originales y sus espacios interiores? El personal de Arquitectura del INBA es muy capaz en temas de normatividad. Duele entonces el estropicio, máxime tratándose de nuestro patrimonio y viniendo del mismo INBA.

Tema distinto son las declaraciones y su nivel por parte de las autoridades, así como su impericia para manejar esta crisis. Me parece extraño y encierra por lo menos una falsa explicación el decir que no se llamó al Cencroapam a hacer la restauración del vitral Apolo y las musas porque “tenían mucho trabajo”. No es posible que un señor que sabe de dirección orquestal diga en público que mandó cancelar los conciertos porque la “concha acústica se armaba en 15 minutos” y ahora tardan “más de dos horas”. Aunque hay que recordar la denuncia en relación a que la sección sindical correspondiente se negó a asistir a los cursos para conjurar dicho problema; sin embargo, tampoco comprendo por qué nadie frenó esas actitudes y negoció con ellos para que las cosas no se dieran así. No debieron banalizarse asuntos tan graves como los desacuerdos y necesarios ajustes en las obras, cuando las autoridades afirmaron que “en una casa, al cambiar la alfombra de pronto nos damos cuenta de que la puerta o la cortina están viejitas”. Tampoco entiendo la falsa disyuntiva entre intervenir un inmueble con valores o “mantener lo antiguo”.

No es posible que, ante la escalada del problema, el gerente del Palacio de Bellas Artes eligiera separarse de su cargo y regresar a su puesto anterior, mucho más tranquilo, con la consecuente lectura contraproducente por parte del sindicato acerca de toda la crisis. ¡Qué diferencia con la antigua gerente! Ella a la víspera de un concierto internacional, con los invitados en la sala, debió enfrentarse sola al mismo sindicato y negociar para lograr que no se suspendiera. El INBA tiene fortalezas enormes, pero hay que conocerlas y explotarlas. En relación a todo ello, seré políticamente incorrecto: el sindicato tiene razón, por hoy en el INBA “hay una equivocada estrategia informativa” y, agrego a título personal, de operación.

Otro tema es el de los autores y promotores. ¿Qué responsabilidad tiene y quién decidió colocar al frente de las obras a un francés, que no es arquitecto? ¿Por qué se le sostuvo? En cambio, ¿por qué no se contó en el equipo con un arquitecto restaurador? ¿Por qué le estamos colgando el muerto, como se dice coloquialmente, a la actual administración, si ellos heredaron una serie de decisiones tomadas, unas obras en curso y con seguridad un presupuesto etiquetado? ¿Podrían haberlas frenado o reencauzado? Por último, ¿cuándo se entrará al tema del manejo de los recursos?

¿Hasta dónde este problema ha sido más producto de la desinformación, de una mala política de comunicación y operación de un instituto nacional, tan importante y sensible, por lo que involucra y a los que involucra? ¿Hasta dónde fueron mal llevadas las obras y se actuó con irresponsabilidad y hasta dónde no? Autoridades y detractores debieran moderar sus posturas, ser más reflexivos, propositivos, hablar con transparencia para conciliar, juntos proteger el patrimonio, y dejar de amenazarse con exhibirse en el extranjero.  l

* Historiador y exdirector de arquitectura del INBA.

 

 

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