"El jardín de los cerezos", prueba para la acústica de Bellas Artes

viernes, 4 de febrero de 2011

MÉXICO D.F., 2 de febrero (apro).- Dentro de la polémica que se ha despertado en relación a los recientemente concluidos trabajos de remodelación en la sala principal del Palacio de Bellas Artes, uno de los temas que han generado discusión es el relativo a la acústica del espacio, tópico difícil de abordar si consideramos el carácter “multiusos” del Teatro de Bellas Artes.

En escenarios como éste, donde lo mismo se ofrecen conciertos sinfónicos que funciones de ópera, teatro, danza e incluso música popular, más que la “mejor” acústica, lo que los especialistas buscan es un “promedio” que permita que se presenten espectáculos de muy diversos rangos acústicos.

Me permito diferir de la opinión de la señora Olga Orive, presidenta del Consejo Internacional de Sitios y Monumentos ICOMOS-México, quien considera que debió prevalecer el concepto acústico de un teatro exclusivamente para ópera y conciertos sinfónicos.

En un país como el nuestro, donde escasean los espacios con un alto nivel técnico y de capacidad de público para la presentación de las diversas manifestaciones de las artes escénicas, resulta impensable que nuestro máximo recinto cultural se limite exclusivamente a espectáculos de ópera (cuya producción es escasa y muy costosa) y a conciertos como los que cada fin de semana realiza la Orquesta Sinfónica Nacional, además de los que llevan a cabo muchas otras agrupaciones musicales, como la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México y la OFUNAM, por mencionar sólo a las más importantes.

El teatro, en contraste, cada vez tiene menos presentaciones en el Palacio de Bellas Artes, entre otras cosas precisamente porque la acústica que tenía hasta antes de su remodelación no era la más adecuada para la voz hablada.

Un ejemplo relativamente reciente es una de las pocas presentaciones de la Compañía Nacional de Teatro (CNT) en Bellas Artes en los últimos años, el Don Juan Tenorio dirigido por Martín Acosta, donde los diálogos resultaban prácticamente inaudibles para el público en diversos puntos de la sala, por lo que en ocasiones posteriores, como en el Homenaje a Emilio Carballido, se optó por lecturas sonorizadas.

En este sentido, el estreno de El jardín de los cerezos, de Anton Chejov, bajo la dirección de Luis de Tavira, producción de la CNT, fue una prueba de fuego para la nueva acústica del Palacio de Bellas Artes, porque más que la música y el bel canto, como mencioné anteriormente, la voz hablada es la que corría con mayor dificultad en este escenario.

Al momento de escribir este texto desconozco si se ha optado por algún tipo de sonorización, lo cual resultaría lamentable en términos de la verificación de la nueva acústica del Palacio. De cualquier forma, resulta loable que el arte teatral haya regresado a Bellas Artes con esta obra en cuatro actos, aunque fuera sólo con dos funciones, 27 y 29 de enero.

El jardín de los cerezos, explica Luis de Tavira, “es resultado de la relación entre el hombre y la naturaleza, porque se trata de un jardín cultivado que demanda el cuidado de cada día y que es la forma para testimoniar la presencia del hombre y de la naturaleza: el paraíso perdido justo en la frontera que supone la emergencia del mundo industrial que nos ha traído la devastación ecológica y esa otra catástrofe espiritual que es el nihilismo”.

Del resultado escénico hablaremos en ocasión próxima.

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