"La casa de Betty" en la UNAM

viernes, 4 de febrero de 2011

MÉXICO D.F., 2 de febrero (apro).- Duane Cochran regresa a la UNAM con su última propuesta La casa de Betty. ¿Y que hay en esa casa? ¿Quién es Betty?

Todo comenzó cuando Rafael Zamarripa, uno de los más prestigiados coreógrafos de danza folklórica de México, invitó a su colega Duane Cochran a impartir una plática en la Universidad de Colima sobre la historia de la danza contemporánea en los Estados Unidos.

Nacido en Detroit, Michigan, Cochran fue un niño prodigio que se destacó en la interpretación del violín y el piano. Más tarde emigró a la ciudad de Jalapa, Veracruz, y decidió quedarse a vivir en México, donde desarrolló una destacada carrera dentro de la música, como pianista de Orquesta Filarmónica de la UNAM y coreógrafo independiente.

Como suele hacerlo con todos aquellos a quienes invita a impartir cátedra en Colima, Zamarripa lo invitó a su casa a comer. Según aquellos que han visitado el lugar hablan de la maravilla de obra plástica que Zamarripa ha hecho a lo largo de su vida. Porque Zamarripa además de coreógrafo es un importante pintor y escultor. Muchas de sus obras se encuentran en museos y galerías e incluso en la plaza principal de la ciudad de Guadalajara, Jalisco.

Entre los cuadros que cuelgan en las paredes de la casa de Zamarripa, Cochran encontró La casa de Betty que no sólo lo cautivó, sino que despertó en él deseo de conocer las motivaciones que había atrás de la realización del cuadro.  Durante ocho años el artista maduró el proyecto de crear una pieza coreográfica sobre la pintura, ganó un apoyo del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes y supo que era el momento de hacerla:

Para Cochran señala la obra es particularmente conceptual pero con partes narrativas.

Tal como se ve en la obra pictórica, Cochran trató que cada cuadro sea un cuento distinto, que cada habitación, cada escena pertenezca a una habitación. Hay cerca de ocho escenas hablando del amor, del desapego, de cómo hay que romper con él. Toda la coreografía tiene cómo constante la pregunta de quiénes somos, por qué nos pasan las cosas que nos pasan.

Cochran utilizó para su montaje la narrativa de Jorge Luis Borges y Robert Frost, en particular El Escapista  que habla de un personaje cuya vida es una persecución permanente del mañana, lo que es una suerte de cadena de deseo infernal por lo que no es todavía y podría ser, la búsqueda del hombre en la persecución de su propia vida.

El coreógrafo utilizó también  fragmentos de la novela  Memoria de una geisha y un hermosísimo poema de la mexicana Nuria Gómez Benet, reconocida en el ámbito del guionismo radiofónico. La música de Robert Maggop es interpretada parcialmente por el chelista estadounidense Gregory Daniels. La selección musical desde música electrónica pasa por Earth Wind and Fire hasta el uruguayo Santaolalla.

En el proyecto que estará en la sala Miguel Covarrubias a partir del 11 de febrero participan como intérpretes Mitzy Dávalos, Domingo Martínes Fernando Miranda y Rodolfo Aguilera. La escenografía es ostentosa y fue realizada por el arquitecto Alejandro Correa profesor de la Facultad de Arquitectura de la UNAM.

Obra de gran formato, La casa de Betty es el proyecto con el cual el también pianista pretende celebrar los veinte años de su compañía Aksenti.

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