Rumbo al despeñadero

viernes, 18 de marzo de 2011

MÉXICO, DF, 18 de marzo (apro).- Todo parece estar bien en el gremio de la danza: hay becas, apoyos especiales –incluso arreglos especiales si no tienes apoyos institucionales de producción. También hay teatros y foros y, sin embargo, se siente que el ánimo del gremio de la danza es pesimista y por más que se quiera no puede estar lejos de la realidad de desastre del país.

         El desánimo y el deseo desmesurado por una contracultura de frivolidad son las constantes, al fin y al cabo a quién le importa saber quién es Murakami o ese escritor que sólo escribe de negros en Sudáfrica.

         Nihilismo puro, en todas sus formas. Pareciera que las obras sólo funcionan si son parte de la mercadotecnia de Glee.

Así, cualquier trabajo crítico es abucheado porque pareciera unirse al desencanto y al pesimismo nacional y, en el campo del entretenimiento, hay una lucha perdida de antemano contra el intrépido Doctor House o las sanguinarias CSI.

         La danza no logra encajar adecuadamente en el sistema social. Los artistas –en su mayoría-- no están saliendo al paso con una investigación formal temática o de movimiento, tampoco están logrando divertir y amenizar a quienes tienen en la televisión o en la computadora la seguridad –si es que la hay--.

         Hace unos meses, Ángel Arámbula, director del grupo tijuanense Lux Boreal, me explicaba cómo al salir de una función de su grupo les tocó estar en medio de un fuego cruzado.

Y Claudia Lavista narra cotidianamente historias de los decapitados de Mazatlán, y Antonio Rubio me explicó hace quince días cómo se encarga de llevar y traer a cada uno de sus alumnos a sus casas. Su Compañía de Danza Folklórica de la Universidad de Chihuahua ya no hace fiestas y mucho menos se atreve a caminar por las calles después de las seis de la tarde.

         La Ciudad de México no está en una situación muy diferente, las salas permanecen vacías en la mayoría de los casos, y la danza más interesante es aquella que se presenta de manera efímera a manera de “palomazo”.

En una suerte de posmodernismo añejo, el suceso, más que la danza, es lo que se busca y en ocasiones ni siquiera hace falta salir de la casa. El espectáculo puede verse vía Internet.

         Por cierto, para el reality de ópera asistieron miles de jóvenes a audicionar, y en la danza se habla de cientos… Algo pasa en el gremio que el ánimo no es el de la esperanza por el quehacer artístico.

Y si bien los Cedarts del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) están repletos y Maricela Jacobo, subdirectora de Educación Artística, ha logrado intercambios sensacionales con el Carnegie Hall, ella sola no está en posibilidad de asegurarles un trabajo a futuro a sus cientos de talentosos estudiantes.