Por el caso Posadas, me intentaron envenenar: cardenal Sandoval Iñiguez

viernes, 25 de marzo de 2011

GUADALAJARA, JAL., 25 de marzo (apro).- A sus 78 años de edad, el cardenal Juan Sandoval Iñiguez se confiesa y dice que si hay algo que le hubiera gustado cambiar en su vida es su carácter.
      “De pobre, hay que esforzarse y trabajar mucho. Entonces, a veces, pues se trasmite su carácter”, dice entre risas.
Con motivo de su cumpleaños --el próximo lunes 28--, el Semanario arquidiocesano publica una semblanza de Sandoval Iñiguez, en la que se le define como “hombre de carácter, pero con un gran corazón”.
Don Juan Sandoval, como lo llaman los sacerdotes de su diócesis, nació en Yahualica, Jalisco, el 28 de marzo de 1933; comparte el sacerdocio con uno de sus 12 hermanos, quien, además, ha sido misionero en Corea.
En 1945 ingresó al Seminario de Guadalajara y siete años después fue enviado a Roma, donde obtuvo la licenciatura en filosofía y el doctorado en teología dogmática por la Universidad Gregoriana.  Se ordenó sacerdote el 27 de octubre de 1957.
A su regreso siempre trabajó en el mismo seminario hasta ser rector; en l988 fue nombrado obispo auxiliar de Ciudad Juárez y en 1994 arzobispo de Guadalajara.  
Hace tres años el controversial prelado, que goza de cabal salud y aun derrocha fortaleza, presentó su renuncia al papa Benedicto XVI, sin que hasta ahora le haya sido aceptada.
Al respecto, se  piensa que podrían estar esperando –como es su intención—a concluir su obra cumbre, la construcción del Santuario de los Mártires, lo que podría ocurrir este año o en los primeros meses de 2012.
Para dicha obra, el gobierno del estado aportó 90 millones de pesos del erario, lo fue duramente criticado por los partidos opositores al PAN.
Entre los pendientes por hacer, Sandoval Iñiguez afirma que “quisiera adelantarle mucho a la construcción del Santuario de los Mártires para dejarlo muy encaminado”.
Posteriormente, añade, “me gustaría escribir algunas memorias, no para hablar de  mí, sino de las situaciones que he vivido y… siquiera para matar el tiempo.”
¿Qué le pide a Dios para usted?, le pregunta Cristina Elizabeth Díaz Morales, reportera del órgano oficial del arzobispado tapatío.
El prelado responde:
“Le pido poder caminar para guardar la salud; poder oír para sentarme a reflexionar como sacerdote que soy, y tener una vista buena para seguir leyendo”.
    En la entrevista, Sandoval Iñiguez habla también de los momentos difíciles que ha enfrentado hasta ahora.
“He tenido muchos pero, que me hayan doblado o derrotado, ninguno, porque he tenido mucha confianza en Dios”, dice.
    Y cuenta, por ejemplo, de las amenazas que recibió después de exigir que se aclarara el homicidio del también cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, cometido el 24 de mayo de 1993 en el aeropuerto de Guadalajara.
Contra la versión de la Procuraduría General de la República (PGR) que sostuvo que la muerte del prelado había sido a consecuencia de un accidente o, cuando más, de una confusión, Sandoval Iñiguez calificó el hecho como un crimen de Estado.
A casi 12 años de que fuera internado de emergencia en el Hospital Santa Margarita de esta ciudad por un súbito y fuerte dolor estomacal que le costó  la extirpación de parte del intestino, el  purpurado reconoce que, entre las pruebas más duras que ha sorteado, es haber sido acusado en falso y sufrir un intento de envenenamiento por reclamar el esclarecimiento del asesinato del cardenal Posadas Ocampo.
Polémico dentro y fuera de la Iglesia, Sandoval Iñiguez relata que otro momento difícil lo experimentó el 13 de julio de 1983, cuando estuvo a punto de morir al caerse la avioneta en que viajaba, cerca de la Barranca de Huentitán, pero del accidente salieron ilesos sus cuatro ocupantes. “Vi muy cerca la muerte, pero pasó.”   
“Y uno más, que no me quitó el sueño, pero sí fue molesto, (ocurrió) en julio de 2003, cuando me acusaron ante la PGR de lavado de dinero y narcotráfico, a mí y a mi familia”.
    Por último, la reportera le pregunta que a estas alturas de su vida que le gustaría cambiar.
El cardenal responde al vuelo: “Mi carácter”.
Explica la razón:
“Me forjé en una tierra donde la vida era muy dura. De pobre, hay que esforzarse y trabajar mucho. Entonces, a veces, pues se trasmite su carácter”.