Ejecutan a dos empleados de Pemex en Burgos

jueves, 3 de marzo de 2011

MÉXICO, D.F., 3 de marzo (apro).- Un grupo de presuntos sicarios ejecutó a dos empleados de Petróleos Mexicanos (Pemex), cuyos cuerpos fueron arrojados a una zanja que está próxima al yacimiento de Arcos en la región de Burgos, cerca de la frontera con Texas.
Los cadáveres de los dos técnicos, quienes vestían overoles de Pemex, fueron hallados el pasado 28 de febrero, de acuerdo con información publicada por la agencia Reuters.
Según un funcionario de Seguridad de Tamaulipas, quien pidió no ser identificado, las fiscalías de esa entidad, así como de Nuevo León y Coahuila, investigan el caso bajo la sospecha de que en el crimen de los dos empleados está involucrado un cártel del narcotráfico.
Además, señaló que en repetidas ocasiones la paraestatal –que se ha convertido en objetivo de extorsionistas y secuestradores en el norte del país– ha sido amenazada por los narcotraficantes.
Hombres armados que dicen formar parte de Los Zetas, agregó, han amenazado con atacar perforaciones en pozos aislados de gas natural en la cuenca de Burgos, en los estados de Tamaulipas y Nuevo León, ambos fronterizos con Estados Unidos, a menos que paguen el “derecho” para operar.
El pasado 16 de mayo, ocho trabajadores de la empresa Delta, contratista de Pemex, desaparecieron en la región de Burgos, en la frontera chica de Tamaulipas.
Días después, el viernes 21, cinco empleados petroleros que trabajaban en la estación de compresión Gigante 1, a unos 300 metros de La Ribereña, la carretera que comunica Nueva Ciudad Guerrero con Nuevo Laredo, fueron golpeados y amenazados. “No los queremos volver a ver por este lugar”, les dijeron supuestos zetas.
Asustados, los trabajadores levantaron un reporte, del que tuvieron conocimiento la paraestatal y el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), pero sus jefes inmediatos, Ignacio Olea Acosta, Arturo Rodríguez y Adalberto Mancilla, los obligaron a volver.
“No busquen pretextos para no trabajar, si se los vuelven a encontrar (a los sicarios) se regresan y ya”, les dijeron.
El domingo 23 de mayo, entre las 9 y 10 de la mañana, en el cambio de turno, unos 40 hombres armados, con camuflaje militar y que viajaban en cuatro camionetas, irrumpieron en la estación. Sometieron a los trabajadores, los obligaron a tirarse al piso y les apuntaron con armas de alto calibre.
Se llevaron a cinco de ellos y a un chofer de una empresa transportista en un camión que enfiló por la carretera rumbo a Nuevo Laredo.
En ese entonces, la versión que corría entre los empleados de la paraestatal es que Los Zetas le exigieron a la empresa 50 millones de pesos por dejarla operar en la zona, más una cuota mensual de 5 millones por protección y 10 mil dólares de rescate por cada uno de sus trabajadores secuestrados.

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